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La caja malvada

Autor: Omar Alvarado Díaz

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Cuento publicado el 20 de Abril de 2017



√Čl ten√≠a una peque√Īa caja donde almacenaba sus recuerdos, hab√≠a sido dise√Īada para eso, para guardar recuerdos, pero como suele suceder, termin√≥ guardando en ella de todo un poco, as√≠ que adem√°s conten√≠a ilusiones, sue√Īos, ambiciones, rencores, deseos y palabras que nunca se dijeron.

A √©l le gustaba imaginar que su caja era de marfil, a√ļn cuando el tiempo demostr√≥ que era s√≥lo de hueso com√ļn y, tambi√©n supon√≠a que en su interior hab√≠a una infinidad de peque√Īos compartimentos donde √©l, se esforzaba por ordenar todo lo que all√≠ guardaba, sin embargo cuando quer√≠a recuperar algo descubr√≠a con pesar que no estaba en el lugar donde lo hab√≠a depositado y era necesario invertir mucho tiempo en su b√ļsqueda, a veces pasaban semanas sin que apareciera.

Le preocupaba el hecho de que las cosas cambiaran de lugar y a veces pareciera que se ocultaban, por lo que comenzó a obsesionarse con la idea de que la caja tenía vida propia y era ella quien las movía, esto claro está, sólo para molestarlo.

Una tarde de primavera, caminando de su trabajo a casa, cruz√≥ un parque en el que un macizo de azucenas estallaba en grandes ramos de flores, le pareci√≥ recordar que su madre, en la casa donde pas√≥ su infancia, cultivaba en una maceta una planta similar, busc√≥ de inmediato ese recuerdo en su caja de marfil y la caja con una risa ahogada que nada m√°s √©l pod√≠a o√≠r, le devolvi√≥ otro recuerdo, tambi√©n de su Madre y de flores; pero en este aparec√≠a ella muy bien arreglada, peinada, maquillada, vistiendo su mejor vestido, con las manos cruzadas sobre el pecho, los ojos entrecerrados y reposando en un ata√ļd toda rodeada de flores. Las l√°grimas inundaron sus ojos, su cabeza giraba vertiginosamente, sus piernas escasamente lo sosten√≠an, mientras de la caja sal√≠a una risa que lo estaba volviendo loco y a la que no pod√≠a acallar.

Estaba claro que la caja lo acechaba, buscaba sus momentos de distracci√≥n para revolver sus recuerdos y as√≠ herirlo, cambiando los tristes por alegres y viceversa y, conforme pasaba el tiempo, la caja ideaba m√°s formas de perseguirlo con el √ļnico prop√≥sito de hacerlo sufrir.

Una noche de verano, en su cama lo acompa√Īaba la soledad, hac√≠a calor pero la soledad es una fr√≠a compa√Īera por lo que se cubr√≠a con una vieja manta de la cual no pod√≠a recordar su origen, imposible conciliar el sue√Īo, el ruido infernal de miles de peque√Īos compartimentos abri√©ndose y cerr√°ndose mientras intercambiaban su contenido le imped√≠a descansar, cerraba los ojos y aun as√≠ ve√≠a c√≥mo la caja disimuladamente lo observaba, ve√≠a su desesperaci√≥n, med√≠a su angustia y conforme estas crec√≠an, la caja m√°s y m√°s desordenaba su contenido, como un experto croupier que barajara un mazo de cartas.

Ante la imposibilidad de detener la fren√©tica actividad de la caja, decidi√≥ seguirle el juego y concibi√≥ una idea que le pareci√≥ magistral, ya no buscar√≠a m√°s nada, de ahora en adelante s√≥lo abrir√≠a un compartimento al azar y recrear√≠a su contenido. Dej√≥ que los compartimentos giraran y giraran y cuando supuso que la caja estaba descuidada, atrap√≥ uno y lo sostuvo con firmeza; una peque√Īa etiqueta de color amarillo montada en un porta etiquetas de metal oxidado indicaba con tipograf√≠a antigua: ¬ďIlusiones¬Ē.

Su coraz√≥n se aceler√≥, su respiraci√≥n se agit√≥, los nervios lo traicionaban, ¬Ņqu√© podr√≠a haber all√≠? Estar√≠an las tantas veces que sus sentidos lo enga√Īaron jug√°ndole malas pasadas o ser√≠an situaciones irreales que alguna vez le sugiri√≥ la imaginaci√≥n? Abri√≥ el compartimento y de √©l salto una muchacha joven, rubia, sonriente y de cara bonita, era Marlene aquella compa√Īera de su primer trabajo, a dos escritorios de distancia la miraba de soslayo buscando evitar que se diese cuenta de que √©l no pod√≠a apartar su mirada de ella.


Marlene adem√°s de rubia y bonita, era simp√°tica, por lo que siempre estaba rodeada de uno o varios compa√Īeros de trabajo, esto aunado a la timidez de √©l, limitaba la ilusi√≥n a s√≥lo mirarla. Una tarde coincidieron a la salida del trabajo, llov√≠a y √©l ofreci√≥ acompa√Īarla y compartir su paraguas, con una sonrisa enorme que mostraba lo blanco de sus perfectos dientes ella dijo Siii con marcado entusiasmo, lo tom√≥ del brazo y acercando su cuerpo al de √©l caminaron hacia la estaci√≥n del transporte.

Finalmente √©l ten√≠a la oportunidad que tanto hab√≠a imaginado, estar a solas con ella y decirle lo que sent√≠a, pudo haber dicho ¬ďQuiero todo contigo¬Ē o ¬ďMe gustas¬Ē o ¬ďTe veo y me estorba la ropa¬Ē o simplemente ¬ďTe invito un caf√©¬Ē, pero la mano de ella tom√°ndolo del brazo, su cuerpo tan cerca del suyo bajo el paraguas, las piernas ros√°ndose a cada paso y el perfume embriagador que de ella emanaba, le sellaron los labios, sin poder articular palabra alguna la acompa√Ī√≥ hasta el transporte hizo un adem√°n que pudo haber sido un adi√≥s y se perdi√≥ en medio de la lluvia.

Los sollozos ahogaban su garganta, la tristeza lo invadi√≥ y cuando quiso depositar el compartimento en su lugar vio con horror que la caja hab√≠a hecho otro cambio, s√≥lo que en esta ocasi√≥n en vez de cambiar el contenido, hab√≠a cambiado la etiqueta, el sudor que ca√≠a de su frente diluy√≥ la tinta de la sobre escritura ¬ďIlusiones¬Ē y dej√≥ al descubierto el t√≠tulo original: ¬ďPalabras que nunca se dijeron¬Ē.

Con el paso del tiempo la situaci√≥n empeoraba, la caja no s√≥lo cambiaba las cosas de lugar, ahora adem√°s abr√≠a permanentemente diferentes compartimentos y le le√≠a en voz alta su contenido. Un d√≠a proveniente de un compartimento etiquetado como ¬ďAmbiciones¬Ē, le ley√≥ al m√°ximo volumen, aquel proyecto de estudiar Derecho y convertirse en un palad√≠n de la justicia, defender a los inocentes, procesar a los culpables y, ser reconocido por su imparcialidad y buen juicio.

Y entonces, por primera vez reconoció que la caja tenía vida e inteligencia propia y comenzó a tratar de dialogar con ella, -sí, yo ambicionaba ser Abogado porqué mi Padre fue injustamente despojado de todo lo que logró en su vida y yo debía recuperarlo e impedir que eso le sucediera a otros-.

La caja r√°pidamente abri√≥ otro compartimento, en este caso uno etiquetado como ¬ďDefiniciones¬Ē y recit√≥. Ambici√≥n: Deseo ardiente de conseguir algo por lo que se lucha con vehemencia. Acto seguido lo increp√≥, t√ļ qu√© hiciste adem√°s de fantasear con la idea e imaginarte en el estrado dictando sentencia, cu√°ndo tomaste un libro de leyes? Cu√°ndo preguntaste en la escuela libre de derecho cu√°les eran los requisitos de admisi√≥n?

Y nuevamente la caja abri√≥ otro compartimento la etiqueta dec√≠a: ¬ďHechos¬Ē, de all√≠ resumi√≥ r√°pidamente su vida: Bur√≥crata de lunes a viernes, trabaja en oficina de gobierno de ocho a tres, las tardes televisi√≥n, los fines de semana cine y futbol.

La caja entonces le brind√≥ una nueva sorpresa; inici√≥ moviendo su contenido a voluntad, luego comenz√≥ a hablarle y ahora le proyectaba im√°genes. √Čl cerr√≥ los ojos y los cubri√≥ con ambas manos, aun as√≠ las im√°genes de una nitidez impresionante segu√≠an desfilando frente a √©l, en ella se vio como la caja lo ve√≠a, estaba √©l en un sal√≥n enorme lleno de escritorios, vistiendo un viejo traje obscuro, brillante de tanto plancharlo, camisa blanca con el cuello percudido, corbata descolorida salpicada de algunos restos de pasadas comidas, atr√°s de un escritorio gris repleto de expedientes amarillentos que simulaba estudiar y que en realidad s√≥lo tomaba de un anaquel para colocarlo en otro (lo mismo que hac√≠a la caja).

La aflicci√≥n lo invadi√≥, las im√°genes se segu√≠an proyectando, las voces no cesaban, segu√≠a el movimiento de los recuerdos, ilusiones, sue√Īos, ambiciones, rencores, deseos y palabras que nunca se dijeron y, que no eran otra cosa m√°s que su vida.

Era necesario acallar las voces! Era necesario parar el movimiento de los compartimentos! Hab√≠a que borrar las im√°genes! Busc√≥ con desesperaci√≥n la llave de la caja, hab√≠a decidido vaciarla de una vez por todas, recorri√≥ la peque√Īa habitaci√≥n y no la encontr√≥, termin√≥ agitado, con un fuerte dolor en el pecho y recargado en el viejo escritorio de su abuelo que hoy ocupaba una esquina del aposento, revis√≥ los cajones, busc√≥ algo que le permitiera abrir la caja y, as√≠ encontr√≥ un objeto met√°lico, lo recarg√≥ en el borde de la caja y lo oprimi√≥ contra ella.

Se escuch√≥ un gran estruendo que acall√≥ las voces, la tapa de la caja vol√≥ en mil fragmentos de hueso, de hueso com√ļn, los compartimentos se esparcieron por toda la habitaci√≥n incrust√°ndose en las paredes de la misma, dejando all√≠ peque√Īas marcas de color sepia y su contenido al contacto con el aire se inflamaba, produciendo diminutas llamas rojizas.

Ahora sólo hay silencio y por fin él ha recuperado la paz y tranquilidad perdidas hace ya tanto tiempo.

***

M√°s tarde, sentados en la orilla de la cama, el m√©dico forense y el inspector de polic√≠a observan la habitaci√≥n y el desastre que all√≠ impera, el inspector mira con detenimiento el antiguo rev√≥lver y dice en voz muy baja, como si hablara consigo mismo: ¬ďHubiera jurado que este viejo armatoste no disparaba¬Ē.




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