Últimos cuentos publicados:

Los quince de Marianela - Pablo Guillén
Max, el perro fiel - Janet Artiles
La bandera perdida - Gabriela Cancino Gracidas
Extracto de una pareja - Nadia Rivas Sepúlveda
El encierro - José Colmenares

Cuentos mejor puntuados:

Hoy te conocí - Olga Castro
Max, el perro fiel - Janet Artiles
La monja blanca - Gennaro Di Donna
Quizás no debi conocerte - My Angel
El encierro - José Colmenares



¿Qué te ofrece “Los Mejores Cuentos”?

¡Cuentos, cuentos y más cuentos!

Cuentos cortos y relatos de cualquier género: cuentos infantiles, cuentos de terror, cuentos de ciencia-ficción, cuentos fantásticos, cuentos policíacos...

¡Una entretenida selección de cuentos cortos para aficionados a la lectura!

¿Te gusta leer cuentos?

Todos los lectores encontraréis aquí una gran selección de cuentos cortos. Elige el género que más te guste y... ¡a leer!

Los cuentos cortos que aquí encontrarás pertenecen tanto a autores noveles como a autores con una gran trayectoria literaria, que quieren dar a conocer su obra al gran público.

¡Cuentos cortos interactivos!

Nuestros cuentos cortos son interactivos porque además de leerlos puedes dejar tus opiniones sobre ellos al final de cada cuento. Eso sí, os pedimos que vuestros comentarios sean siempre respetuosos con los autores de los cuentos.

Si eres amante de los cuentos cortos, ésta es tu página.

Bienvenido a Los Mejores Cuentos.

Último cuento publicado

Los quince de Marianela

Pablo Guillén


(16 puntos / 6 votos)


Desde muy temprano se percató del tipo de juguete llamaba su atención, las prendas que habría de vestir, las amistades con las que gustaba reunirse; el enojo de los padres era comprensible y lógico de lo que ellos esperaban de la hermosa hija concebida con toda la ilusión desde el momento preciso les anunciaron padres serian y luego después saber, en camino venia niña. Pensaron, con el tiempo se compondría la ruta y conducta ahora desviada de la pequeña Marianela. ¡Si! El nombre elegido con mucho amor por ellos.
El paso de los años confirmó el pronostico equivocado asignado a Marianela por el amoroso matrimonio, cumplido los diez años, la hija consentida sostuvo una batalla frontal con los progenitores por el derecho a vestir como le diera la gana debido a que de mala manera y forzosa se vio presionada usar vestiditos lindos, blusitas con motivos muy femeninos, zapatitos con lazos rositas y un moño siempre azul sobre el pelo castaño, ahora en adelante, en señal de rebeldía, se vestiría con la ropa del hermano dos años mayor que ella. A veces si, a veces no, lograba el objetivo de salirse con la suya dependiendo del humor del señor y la señora Castañon para consentir o reprimir el deseo de la ya no tan hermosa señorita ya que de esa edad el aspecto personal iba transformándose. En la escuela era la alumna igual que las otras de su clase, en el hogar, un varon en ciernes.
La vida familiar se convirtió en un campo de batalla porque cada uno de los miembros peleaba a morir para que prevalecieran las inclinaciones y preferencias sexuales de acuerdo de quien lo pregonaba, el amor del padre por Marianela, se vertió en un agrio sabor de boca cn cada oportunidad tuviese de pronunciar el nombre femenino, la rabia se manifestaba en los improperios contra la traición hacia su sexo, por mas insultos y golpes desesperados la chica no cambiaba, la madre educada a la antigua constante repetia, "una mujer es una mujer hasta que se muera, estas a tiempo para que cambies y no vayas a pecar por el amor de dios, gastaba dinero en la compra de ropa apropiada de acuerdo con el sexo. Esos eran los altercados diarios por la metamorforsis desarrollada del nuevo ser andrógino en el hogar de los Castañon. El hermano ocupado en los juegos de video, texteando por el móvil inteligente poco le importaba la salud mental, el bienestar emocional de la que cree es su hermana. En tales condiciones, cumplió los trece, Marianela.
La mamá preocupada y queriendo allanar el camino para que el pedacito de cielo dios les envio como hija conviviese con amistades de su propio genero, invitó a casa a la prima Wendolyn de la misma edad, socializaran, puesto que la pariente es desde lejos y de cerquita muy femenina, el resultado de tal iniciativa fue todo lo contrario, las encontró días después en un estrecho abrazo que nada tenia de filial, agregando ser testigo del beso fogoso que ambas se regalaron. El mundo ilusorio de un futuro prometedor se derrumbó, pidió a la sobrina jamas volviese a ver a su prima ni tampoco de visita viniera. Quisó reprender a Marianela, el retoño precoz se defiende y le responde. – Madre mia, ¿que me va a hacer, me va pegar, me va matar, si ya sabe lo que soy? Ya ni le busque.
Estaban remando contra la corriente, los padres insistían en negar la individualidad inherente del fuero interno de la "hijita" que tanto aman y no la "machorra" usurpadora a la que actualmente niegan el derecho de manifestación. Los planes son variados para los tres en disputa, primero: presta está un año o dos, abandonar la casa donde nació y creció; el progenitor busca la mejor clínica para el internamiento de la obsecada muchacha, logre su rehabilitación a su condición normal de mujer y no ande por allí poniéndolos en ridículo, luego la esposa y madre, ilusionada por el próximo importante acontecimiento alista los trebejos para llegado el dia, todo resulte a la perfeccion.
Son los quince años de Marianela y… ¡SE LOS QUIERE FESTEJAR! ¿En que cabeza equilibrada cabe un festejo de tamaña naturaleza sabiendo las cosas no son como parecen? Se enteró la supuesta interesada del descerebrado plan de la abnegada mamá. ¿ Ella festejando su quinceañera? < ¡Ni madres! > Despotricó la joven. Reclamó al padre el tremendo error. Este le responde: " a mi ni me reclames, eso es cosa de tu madre. Va con la autora de su existencia, desafiante impugnó la espuria celebración.
Mi’ja, tu eres una mujer, deja te festeje tu quinceañera, solo una vez se celebra en la vida, quiero que lo recuerdes pARA siempre tu fiesta.
Será la tuya no la mia. – responde furiosa-
No consiguió desistiera del propósito de realiar la fiesta, nada hizo cambiar de opinión a la señora, le festejaria sus quince años, si no, seria el hazmerreir de toda la sociedad y de la familia entera, contra la voluntad y bajo severas amenazas cedió a la petición ( presión ) materna. Debido al corte de pelo masculino hubo de buscarse una peluca del mismo o casi parecido color de cabello, tuvo que desaparecer el torso plano que escondia, mejor dicho aplastaba sobre el pecho los senos un poco grandes con una venda varias veces sujeta alrededor y gracias a las camisas cubria la imperfección odiosa de su anatomía.
El salón donde tuvo lugar la recepción de la quinceañera estuvo a reventar por los invitados, unos familiares, los otros amistades, en contraste con la ceremonia religiosa por la rala asistencia, por el disgusto del padre oficiante ante la farsa presentada y el manifiesto enojo y mala cara de la festejada. Marianela contó con el rigoroso madrinaje, con las damas de honor, con un chambelán monigote. Se bailó el vals a tropezones a causa de la impericia, el desgano de cumplir con la función y si se le agrega la costumbre de abrazar y no ser abrazada por brazos y manos varoniles. Marchó bien la cosa, no obstante las circunstancias y las expertas manos de quienes la vistieron, la peinaron, la maquillaron; por una noche la convirtieron en una señorita bien vista por la sociedad que representaban los padres de Marianela. Cumplido el gusto, el deseo ajeno, a la mañana siguiente, desapareció la chica de los quince años.
Murió Marianela, unos pocos la lloraron, la extrañaron, salvo los que la trajeron al mundo desgarraron sus prendas en señal de luto, de tristeza, en su lugar, lo ocupó un joven llamado Arturo, barbadoy enamorado, el cual para mantener la apariencia cada cierto tiempo tomaba hormonas mientras espera la cirugía lo convierta en un caballero de verdad.


Puntuar o comentar este cuento