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Último cuento publicado

La recién casada

Pable Guillén


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Los padres de Librada han llegado a la conclusión su hija está lista para el matrimonio, han estado barajeando ciertos candidatos idóneos de acuerdo a los criterios estrechos y anticuados cual es el mejor esposo para la joven casadera. Librada tiene veinte años, la edad perfecta para iniciar una nueva vida al amparo de un marido responsable, recto, solvente en lo económico y tenga la capacidad de aportar hijos junto a su bien cuidada criatura, virgen todavía, no contaminada con las ideas modernas de “nomas arrejuntarse” y vivir como animales sin la bendición de dios y llenos de pecado. ¡No! Ellos quieren un hombre de verdad, lo malo que hay en este pueblo, los jóvenes, los varones solo piensan en puro sexo, vicios, francachelas, en desperdiciar la existencia en puras cosas materiales. ¡No! Se dicen: “queremos algo mejor para Librada”. Han puesto la vista en el único hombre que merece el amor de la niña que aún conserva la inocencia con esa clase de educación recibida; Don Chencho, el dueño del tendajón donde ellos acostumbran aprovisionarse de comestibles y otros artículos necesarios, no importa Don Chencho sea un hombre mayor, al cabo tiene dinero, es un comerciante honrado, no fuma, no bebe, nunca ha estado envuelto en escándalos, va de continuo a la iglesia, no se pierde ninguna misa, aporta también al sostenimiento del templo con la contribucion mensual a la que se comprometió como buen cristiano, tampoco se le conoce líos de faldas, desde que tienen memoria no le saben amoríos, allá en sus años mozos tuvo una que otra novia y una amante pasajera, hasta allí, claro. Para nadie es desconocido goza del prestigio de ser un hombre derecho y a la vez, galante las mujeres en especial con las jovencitas y no se explican el motivo de su soltería.
Magdaleno y Sofía, los papás de la única hija habida en el matrimonio, inculcaron en la mente de la doncella inmaculada la propia ignorancia patente de ellos, jamás le hablaron de la naturaleza del sexo y para que se utiliza, le prohibieron por pecaminoso, la interrelación con otros jóvenes y muchachas, prohibieron también, tuviese amistades porque según los progenitores eran un mal ejemplo. Librada tiene la deformada concepción lo que es una pareja casada, no materializa el concepto de la unión carnal con la relación social de la pareja, debido a la mala enseñanza.
Las constantes amonestaciones infundadas durante el desarrollo fisiológico de la niña a la adolescencia y luego a la juventud, trabaron el razonamiento de la pobre Librada. Cualquier pregunta acerca de los cambios hormonales, por qué de los senos, por qué el vello en esas partes, por qué la sangre en su cosita, eran contestadas con coscorrones, jalones de oreja, cintarazos a las nalgas si la sorprendían viendo a los muchachos con ojos ávidos. Por eso, por la represión paternal y no haber asistido a la escuela, exhibió un comportamiento anormal, los vecinos la consideraron una retrasada mental.
A Don Chencho, le vino “guango” los comentarios negativos de su futura mujer, aunque media loca, goza de una belleza como pocas hay en la región, llegado el momento, los padres le ofrecieron su mejor tesoro guardado en casa, el tendero viendo la juventud y el cuerpo bien desarrollado de la hija, no objetóel ofrecimiento dadivoso, las hormonas un poco adormiladas por la edad ( un cincuenton ), se alborotaron, la muchacha aceptó casarse con el tendero, con la creencia básica de atender al hombre, preparar los alimentos, lavarle la ropa, asear la casa igual que todas las mujeres casadas, auxiliarle en el negocio, no imaginó otra manera de comportamiento.
Después de terminada la ceremonia religiosa, en la cual todo el pueblo asistió, se dirigieron al salón del comisariado ejidal para celebrar con una gran comilona el enlace matrimonial, los buenos deseos no se hicieron esperar para la pareja, fue el deseo general tuvieran una larga vida matrimonial y ya pasada las once de la noche, cansados por el ajetreo, la novia, el yerno, los suegros, solos, sin invitados a la vista, optaron por ir a descansar, dentro de lo acordado en los arreglos, los padres, el novio, fue que Magdaleno y Sofia habrían de vivir en la misma casa de los recién casados. Las dos parejas se dirigieron a sus respectivas habitaciones, Don Chencho se atuzaba los bigotes constante, la mano derecha alternaba apretándose el miembro viril y luego un pellizco en los glúteos de su flamante esposa. “Tese quieto, Don Chencho,” repetia Librada mientras en camino a la alcoba, los padres fueron a la suya con la convicción del deber cumplido el haber dejado a buen recaudo a la hija, un dechado de virtudes.
Pasada la hora, ruidos de muebles, de cuerpos caídos con fuerza en el tálamo nupcial, pasos apresurados por la habitación, jadeos y gritos al señor de los cielos, gritos de ayuda a la virgencita, llanto desmesurado de la recién casada, la voz ronca y desesperada del novio viejo: “Tate quieta, tate sosiega, ya sabes lo que quiero, ora te aguantas”. Magdaleno le dice a Sofia. – Oye vieja, a tu hija ya se la fregaron. ¿No oyes el ruidajo que hacen? – Callate menso, no seas bocón y metiche. – Responde la mujer.
El alboroto subió de tono, se escuchó los muebles caían al piso, carreras, tropezones, pedidos de auxilio y malas palabras, Magdaleno, seguido de la mujer, corrieron con el morbo entre las piernas “preocupados” por atestiguar lo que estaba ocurriendo en la habitación. La puerta está abierta, Librada corriendo desaforada desnuda por toda la recamara, Don Chencho tras de ella en cueros tratando de consumar el matrimonio.
¡Don Chencho, Don Chencho! ¡Guárdese’so, yo no me casé par’eso. Déjeme ir a mi casa. ¿Qué no sabe es pecado? ¡AUXILIO, QUE ME ALCANZA, QUE ME ALCANZA…!
No se sabe porque nadie lo contó, cuanto tiempo se tardó el propietario del tendajón, alcanzar a su inocente y joven esposa, si logró superar la velocidad y la juventud o sufrió de un ataque al corazón en el esfuerzo por consumar el acto o murió en el transcurso del mismo. No se supo.


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