ÔĽŅ La cacerŪa. Cuentos cortos de ciencia ficci√≥n
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La cacería

Autor: Marketiz

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Cuento publicado el 15 de Junio de 2011


Deb√≠an regresar antes del anochecer, por lo que ten√≠an todo un d√≠a para cazar. No lo hac√≠an por deporte, era simplemente la necesidad y el deber de alimentarse y alimentar a los suyos. Iban muy bien armados, no les gustaba correr riesgos y no quer√≠an que una simple actividad diaria se convirtiera en el √ļltimo d√≠a de sus vidas de ninguna manera. Mejor precaver. Aunque sus opciones de caza no eran tan variadas, los peligros que acechaban en cada rinc√≥n de la selva hac√≠a la jornada, m√°s que entretenida, algo peligrosa.

Eran cuatro tripulantes. A √©l le gustaba hablar mucho, contar historias y chistes. Era su manera de hacer pasar el tiempo y no aburrirse antes de ver al fin a la presa. Desde que habitaban el planeta hab√≠an dominado sin ning√ļn problema, no hab√≠a rivales, y ellos ten√≠an adem√°s una gran capacidad para adaptarse, aunque no hubieran querido nunca abandonar su hogar.
La nave en que se desplazaban era bastante ligera y por consiguiente también muy rápida, el nivel tecnológico que habían alcanzado les facilitaba ciertas cosas que en otros tiempos habrían sido realmente imposibles, pero en este caso, a pesar de ello no podían utilizar el vehículo para llegar al lugar donde se encontraban las presas, puesto que era en la selva tupida y pantanosa. Además las posibilidades de avizorar desde arriba un sitio firme donde aterrizar eran prácticamente nulas, en el aire todo parecía confundirse, las aguas se fundían con la vegetación en reflejos distorsionados que hacían imposible distinguir algo. Debido a esto después de bajar tenían que caminar un poco y adentrarse en aquella jungla molesta infectada de insectos y sonidos incómodos donde cada paso hacia adelante les hacía sentir cuán incómoda resulta ser la vulnerabilidad.
Despu√©s del descenso se dividieron en grupos de a dos y comenzaron a adentrarse en aquel mar de . Pasadas unas millas levant√≥ la mano en se√Īal de detenerse y pregunt√≥ a su compa√Īero:
-¬ŅEs tu primera vez de cacer√≠a?- sonriendo con aires de experimentado- tranquilo, esto lo hago a menudo, te aseguro que no hay de qu√© preocuparse.
- Este es un buen lugar para esperar, deber√≠amos quedarnos aqu√≠- y aunque a√ļn no terminaba de hablar ya se hab√≠a sentado c√≥modamente para la tediosa espera.
En realidad solo esperaban una presa, era la m√°s cotizada por ellos ya que ten√≠a muy buenas propiedades nutritivas y por si fuera poco sab√≠a muy bien en estofado. Pero sobre todo por el l√≠quido extra√Īo que le emanaba del cuerpo, cuando lo beb√≠an les daba una energ√≠a especial, diferente a la que les proporcionaban otros alimentos. Era algo que resultaba curioso para ellos, y ver como se derramaba aquella extra√Īa sustancia que parec√≠a ser la esencia de la vida de esos animales, tambi√©n era un espect√°culo muy interesante.
- ¬°A ver cuando aparecen esos bichos! – Exclam√≥ resignado dirigi√©ndose nuevamente a su compa√Īero y aguzando la mirada- ¬ŅHas visto alguno? Pues ten cuidado que pueden sorprenderte, son animales muy listos, si es que eso es posible en tales bestias. – y al ver el efecto que ocasionaba asustando al otro solt√≥ una carcajada que se escuch√≥ a varios kil√≥metros a la redonda.

- No has dicho pr√°cticamente nada desde que partimos. ¬ŅQu√© pasa, tienes miedo? No te preocupes, eso nos ocurre a todos alguna vez. Pero puedo intentar calmarte y dici√©ndote que estas criaturas son completamente inofensivas, y en cualquier caso, si el asunto se torna peligroso, un solo disparo con uno de nuestros ca√Īones de rayos ultras√≥nicos y todo peligro quedar√≠an descartado. Est√°s son muy poderosos, y lo mejor de todo, como sabes, es que no producen mucho da√Īo externo, as√≠ que el premio lo llevamos a casa en una pieza sin perder ni un pedacito.
-Tampoco me tienes que mirar de esa forma, ya te explique antes que esta cacer√≠a no es por placer, no quisiera tener que matar a nada ni nadie, pero es que por una cuesti√≥n puramente biol√≥gica tenemos que alimentarnos, y en la vida, mi amigo, siempre te encuentras con ciertas situaciones donde debes decidir entre escr√ļpulos y supervivencia, o lo que es m√°s importante, entre escr√ļpulos y alimentar a los tuyos. Me parece que aunque es bastante penosa la comparaci√≥n, es obvia la decisi√≥n a la que estamos orientados en cualquier caso, sobrevivir y cuidar a tu familia es algo instintivo. ¬ŅNo crees? Por eso no dudo nunca cuando voy a dispararle a uno de esos. Tener remordimientos por comer ser√≠a el colmo, adem√°s de muy da√Īino para la salud- y volvi√≥ a re√≠r estrepitosamente.
La conversación los había entretenido tanto que no se percataron de que ya había pasado medio día. Todo se ponía más caliente en esta parte del día. En unas horas comenzaría a oscurecer, tendrían que regresar y todavía no sucedía nada. Pero como las cosas que se esperan tanto no suceden realmente hasta que dejas de esperar, cuando ya habían dado por perdida la jornada un chasquido cercano les llamó la atención, y por suerte no en vano. Ahí estaba el trofeo por tanta espera. No parecía muy gordo pero era suficiente. Y por el contrario de apresurarse y largarse de una vez como casi siempre, en esta ocasión sin saber por qué vaciló un poco.
El animal ara√Īaba la base de una roca por lo visto en busca de comida. El cazador comenz√≥ a recorrerlo a trav√©s de la vista cruel de la mirilla, la vista que sentencia qui√©n o qu√© puede ser destruido. Las patas peludas y musculosas, el tronco algo ancho y macizo, el hocico poco desarrollado, los ojos… mir√°ndolo. Perplejo retrocedi√≥ la cabeza del arma y su mirada choc√≥ con la del animal. Parec√≠a que sab√≠a lo que le esperaba, que sab√≠a de su presencia desde el inicio, realmente los instintos pueden llegar a enga√Īar, pueden hacer parecer racional a una bestia como esa. Pero a pesar de saberlo vacilaba, un lujo sin dudas, pues ya era tarde y deb√≠a recoger su alimento. No hab√≠a tiempo para tonter√≠as. Volvi√≥ su ojo en la mira, afianzo las manos en el arma, y sin pensarlo m√°s dispar√≥.
Después del estallido un silencio cubrió el lugar por unos segundos, solo roto por el sonido que resultaba de correr sobre las hojas secas aquel líquido rojo que salía del cuerpo sin vida que yacía a unos metros de él. Todo sucedía como de costumbre nada extraordinario.
-Tranquilo, esto lo hago a menudo- se dijo a s√≠ mismo para calmarse y levant√≥ la vista al cielo con un pensamiento - Maldito humano, no miro a ning√ļn otro a los ojos, me est√° haciendo sentir culpable ese est√ļpido animal. En la pr√≥xima ocasi√≥n tiro sin apuntar.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2011-07-20 13:03:46
Nombre: t.onto man
Comentario: el que hizo este cuento que se mame un guevo parado


Fecha: 2011-06-22 13:06:29
Nombre: karen mu√ɬĪoz
Comentario: k cuento tan malo practicamente no tiene tanta ficcion