ÔĽŅ Rťquiem por mi alma. Cuentos cortos de terror
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Réquiem por mi alma

Autor: Luis Bermer

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Cuento publicado el 25 de Marzo de 2011


Me costó llegar hasta la cima de la colina a las afueras del pueblo, cargado con el saco y la pala.
Dejé el saco junto al árbol que haría de cruz.
Y me puse a cavar mi tumba.
Tiempo después, la tierra estaba abierta. Su fresca fragancia natural me recordó, por contraste, la corrupción de todo lo que lentamente se pudre fuera, sobre su superficie.

Abrí el saco repleto y, una por una, fui sacando mis motivaciones.
Todas tan rancias, absurdas…
Casi intangibles por su esencia irreal.
Fueron cayendo. Las escuchaba chocar contra el fondo.
Despu√©s segu√≠ sacando y arrojando todos mis recuerdos, que por miles se apretujaban dentro del saco. De todas las formas, tama√Īos, edades y colores; casi al completo cubiertos de enquistados sentimientos, como par√°sitos imposibles de arrancar.
Todas las personas que alguna vez hab√≠a conocido estaban all√≠, evocadas de nuevo en cuanto tocaba el recuerdo; retornaban por un instante de los abismos del tiempo para volver al seno de la tierra. Tantos, tantos recuerdos‚Ķ que parec√≠an infinitos. Al final, el √ļltimo de ellos cay√≥ tambi√©n en la tumba. En un lugar mejor, all√≠ quedar√≠an todos.

Sin excepción.

Mientras iba vaciando el saco, un malestar creciente, indeterminado, iba apoder√°ndose de mi cuerpo. Sent√≠a golpes, ara√Īazos internos. Cada vez m√°s fuertes, y desesperados.

Sabía lo que eran.
Lo que deseaban.

Pero hasta ese momento me hab√≠a resistido a tomar la inevitable decisi√≥n. Era un acto que s√≥lo yo pod√≠a ejecutar del modo adecuado. As√≠ que me quit√© la camisa, tom√© una peque√Īa rama y me la puse entre los dientes. Clav√© las rodillas junto a mi tumba y respir√© hondo. Los golpes por dentro eran fren√©ticos. Tambi√©n sab√≠an lo que iba a ocurrir.
Palpé con ambas manos mis costillas flotantes, para localizarlas con precisión. Debía ser tan rápido como pudiese. Así que hundí con fuerza los dedos bajo ellas, intentando asirlas antes de que fuera inasumible.

El dolor me electrocutó.
Noté el calor líquido de la sangre. La rama quebrándose entre mis dientes.

Tir√© hacia ambos lados. La carne se abr√≠a. Los golpes acompa√Īaban la canci√≥n del dolor indescriptible. Grit√© de forma que sent√≠ la garganta romperse, sin soltar la tenaza de los dientes. Mi mente vol√≥ como un cuervo enloquecido, pero antes de desaparecer me ilumin√≥ con un destello que reflejaba que, si no continuaba, si me rend√≠a ahora‚Ķ todo habr√≠a sido en vano.
Volqué los restos de fuerza en mis brazos. Y tiré todavía más.
Las costillas crujieron. El pecho no se abrió del todo, pero casi.

Y una corriente salvaje de emociones saltó al exterior, precipitándose en ansioso frenesí hacia el interior de la tumba.

No podían aguantar el estar lejos de cuanto allí descansaba ahora.

Mientras me desmayaba, mi √ļltimo pensamiento fue m√°s una expresi√≥n horrorizada y sorprendida ante lo que acababa de ver:

Jamás imaginé que fueran a ser unas cosas así.


Me despertó la fría luz del alba. No sentía nada. Me palpé el pecho con urgencia.
Se había cerrado como dos manos que entrecruzan sus dedos.
Algo llam√≥ la atenci√≥n a mi lado y gir√© la cabeza para verlo. Era un peque√Īo animal palpitante. O eso me pareci√≥, hasta que me fij√© mejor: era un √≥rgano.

Era mi corazón.

Se había quedado a pocos centímetros del borde de la tumba, su destino. Parecía una vieja fruta marchita… arrugada. Lo tomé con cuidado entre mis manos; notando de inmediato la calidez de su débil palpitación, como un eco moribundo de épocas extintas largo tiempo atrás.

Lo dejé caer en la oscuridad. No volvería a verlo jamás.

Me puse la camisa y me acerqu√© a coger el saco. A√ļn quedaban en su interior algunos pensamientos in√ļtiles, tambi√©n un pu√Īado de ilusiones que, bajo la luz de este amanecer, se me antojaron rid√≠culas, pat√©ticas‚Ķ
Acab√© de vaciar el saco en el interior de mi tumba, y lo arroj√© a un lado. Cog√≠ de nuevo la pala y me dispuse a devolver la tierra a la tierra. Desde el interior del agujero sub√≠a un murmullo, un bullir de sonidos extra√Ī√≠simos que deseaban ser observados.

Pero me resistí, y ni una de mis miradas cayó sobre lo que allí ocurría.
No tenía derecho a mirar, porque nada de aquello me pertenecía. Era algo íntimo de otra persona; alguien que ya no existía.
Así que comencé a echar tierra, intentando mantenerme lejos de todo lo que estaba escuchando.

S√© que no tard√≥ poco en llegar el momento de dar la √ļltima palada sobre el firme de tierra, pero lo consegu√≠. Nadie podr√≠a descubrir a simple vista que all√≠, junto al √°rbol, hab√≠a una tumba. Tir√© la pala tan lejos como pude en un despe√Īadero cercano y recompuse un poco mi aspecto, mis ropas. Despu√©s, inici√© el descenso de la colina.

Sin mirar atr√°s.

Mi paso era firme. Mi mente un arroyo que bajaba entre las rocas. El pueblo despertaba a lo lejos, con la noche a√ļn detr√°s suya. Por el sendero ascend√≠a una persona apoy√°ndose en un bast√≥n. Una persona con la que coincid√≠ en el pasado que, al verme, sonri√≥. Cuando estuvimos cerca me dijo:

‚ÄאּHombre, Luis! T√ļ tambi√©n has madrugado ¬Ņeh?

‚ÄďNo conozco a ning√ļn Luis ‚Äďle respond√≠. ¬ŅY t√ļ? ¬ŅConoces realmente a alg√ļn Luis?

El hombre se qued√≥ con la boca abierta, y retrocedi√≥ un paso ante el pu√Īetazo de la sorpresa.

‚Äď¬ŅC√≥mo‚Ķ has‚Ķ ‚Äďcomenz√≥. Pero yo le cort√©, acerc√°ndome a su o√≠do, ignorando su sobresalto, para susurrarle:

‚ÄďNunca hables con desconocidos, porque nunca sabr√°s hasta qu√© punto pueden ser‚Ķ

No humanos.

Y continué mi descenso, sintiendo cómo en su cabeza ese conocido que nunca lo fue pensaba que me había vuelto loco, que algo grave me había ocurrido. Pobre ignorante de tantas cosas. Ignorante de que la locura es un privilegio de los vivos.

Nunca de los muertos.

Segu√≠ caminando por estos parajes tan familiares como extra√Īos. La brisa me acariciaba las mejillas con su frescura. Tierna, dulcemente. En un momento, mi visi√≥n se empa√Ī√≥ con un velo inesperado.

Había lágrimas recorriendo mi cara.

L√°grimas puras, cristalinas.

Como las de un recién nacido que acaba de llegar al mundo.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2016-10-22 10:46:21
Nombre: Lau.C
Comentario: muy bueno


Fecha: 2015-07-22 10:58:35
Nombre: polita
Comentario: Felicitaciones!!!


Fecha: 2012-01-31 12:50:07
Nombre: Martha Lombarde
Comentario: Luis Bermer hoy leí dos cuentos tuyos. Ambos me estremecieron, me horrorizaron y me dieron la certeza de que tenés estilo y una forma muy peculiar de ver el mundo...
Felicitaciones.


Fecha: 2011-12-02 11:15:28
Nombre: Burbujita
Comentario: Woooow, me encanta tu forma de describir!
Sin duda alguna se transmiten esos sentimientos tanto de angustia, de dolor y de un minimo de esperanza o mejor dicho de un nuevo ser...me encanto ver como deleitas la transformación del interior de una persona...definitivamente muiy bueno!


Fecha: 2011-08-11 16:09:42
Nombre: giovani ramirez
Comentario: wow que historia! muy bueno felicidades, que bien describiste el dolor y los sentimientos que pasaban por su cabeza, los senti.

saludos desde mexico


Fecha: 2011-07-30 20:11:01
Nombre: Violeta
Comentario: wooow ... me gustó muchoo! te felicito! :D


Fecha: 2011-04-09 15:10:26
Nombre: Jordi
Comentario: Simplemente genial.


Fecha: 2011-03-28 12:13:18
Nombre: Martha Alicia L
Comentario: Me impactó tu cuento.
Con afecto Martha Alicia