Bajo el entristecido cielo de Madrid. Cuentos cortos románticos


Bajo el entristecido cielo de Madrid

Autor: Miriam

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Cuento publicado el 06 de Diciembre de 2012


En una fría tarde de otoño de 1865, las grises nubes del cielo, cubrían el hermoso cielo de Madrid, y los pájaros escondidos entre las ramas permanecían, protegiéndose del amargo frescor.
No muy lejos de ese lugar se encontraba cerca del Retiro, una joven enamorada llamada Susana, que bajo un melancólico roble, leía bellas poesías de Bécquer.

Aquella joven de fragilidad misteriosa, era toda una dama, pese a su corta edad. Sus ojos eran diminutos pero bellos, sus labios, sobresaltaban en su femenino rostro, y su cabello, permanecía recogido con un elegante moño, que yacía debajo de su presumido sombrero.
El viento soplaba fuertemente, y algunas de las damas de cierta edad, que paseaban ampliamente por las ceras junto a sus caballeros, se veían obligadas a bajarse frecuentemente la larga falda de sus vestidos, que el viento maliciosamente levantaba.
La joven, estaba terminando de leer, cuando repentinamente, apareció delante de ella un elegante muchacho, llamado Juan, que de cuyo apellido, mi memoria no llega a recordar. Su negro pelo, estaba alborotado por la otoñal ventisca, y sus mejillas enrojecidas, al ver a la joven dama.
Al caer la noche, los dos jóvenes, se dirigieron al centro de la ciudad, los farolillos de las plazas iluminaban las calles, mientras los cocheros intentaban circular por la Puerta del Sol sin causar atascos. Al llegar a la calle de San Jerónimo, la joven Susana se despidió de su amado, que cerca de su portal, la besó discretamente.
Pasados dos meses, el invierno había llegado, y aquella mañana Madrid amaneció entre la nieve, que iba cayendo del grisáceo cielo. Las navidades, estaban presentes, y las tiendas decoradas con adornos navideños, llamaban la atención a grandes y pequeños.
Susana, se despertó en su dormitorio. La joven, tenía el pelo enredado, y aun llevaba puesta su prenda de dormir. Mientras bajaba, los amplios escalones que conectaban con el salón, apareció un hombre, que con un precioso ramo de flores sostenido en la mano, la sorprendió.
-¡Juan!, ¿qué haces aquí?- preguntó la joven Susana, sorprendida por la inesperada visita.
- Esto es para ti- dijo él, tendiéndole el ramo de flores, a la joven.
- Juan, es precioso- dijo ella, felizmente.
-Me alegra tu satisfacción, pero me gustaría saber, si aceptarías mi invitación para llevarte al teatro esta noche, por que además, e de comentarte algo muy importante- el joven, pausó un momento, esperando la respuesta de la joven.
-Por supuesto, que vendré. –dijo ella, finalmente.
Dicho aquello, Juan, se despidió de Susana, haciendo una cortesana reverencia.
La joven volvió a su habitación. Había dejado de nevar, y el sol salió radiantemente, así pues, Susana decidió salir un poco a tomar el aire.
Como de costumbre, el viento soplaba fuerte. Susana sentada en un banco, leyendo estaba, cuando una fuerte corriente de aire, se llevó su precioso sombrero. Rápidamente, se levantó de aquel banco, y empezó a seguir a aquel delicado sombrerito, que el viento iba alejando.
Susana, estaba corriendo desesperadamente tras él, cuando un apuesto caballero, se detuvo delante de ella.
Era bastante alto aunque delgado, sus ojos eran de un azul intenso, y su pelo, al igual que el de su amado, era de un tono negro, hermoso. Su fina vestimenta, decía mucha de su clase social, sombrero de copa, y un diminuto reloj de bolsillo en su levita, eran sus principales detalles.
- Señorita, creo que habéis perdido esto.- dijo él, entregándole su preciado sombrero.
-Muchas gracias señor, por haberme recuperado, tan importante prenda para mí- dijo ella, tartamudeando a causa del frio.
-Pensad que no debéis preocuparos por nada, señorita, siempre que me necesitéis estaré a vuestro lado, no lo dudéis -su tono, sonó más suave aunque, muy intimidador.
Susana estaba pensativa, cuando él, besó, la mano de la joven, y se despidió. ¿Qué quiso decir, aquel joven, con aquello?, pensaba ella, mientras regresaba apresuradamente, a su hogar. Pronto serian las ocho, y Juan debería estar esperándola en su portal. Ella, no podía llegar tarde, Juan, tenia que comunicarle algo importante ¿Qué sería?
Rápidamente tuvo que lavarse, vestirse y arreglarse un poco, para aquella noche navideña tan especial. Tic-tac-tic-tac-…Ding-Dong, el enorme reloj de la antesala, dio las ocho, y en menos de unos instantes, se presentó Juan, en aquel lugar.
-¡Juan!, perdóname por el retraso es que esta tarde me entretuve un poco en el parque-dijo ella, mientras bajaba los escalones a toda prisa.
-No te preocupes, hoy has llegado puntual. ¿Susana ya estas preparada para partir?-dijo Juan, mientras se ponía, su abrigo y sombrero.
-Por supuesto- dijo ella, muy convencida.
La joven pareja de enamorados, partió de la noble casa, y se dirigió a la diligencia, que cerca del portal, juntamente con el cochero los esperaba.
En pocos minutos, el cochero se detuvo en frente el teatro, aquella noche, se estrenaba “La Forza del Destino”, una ópera de Verdi y fueron muchos los que asistieron a esta representación musical. La obra terminó, y Susana y Juan, se sentaron cerca de unas butacas, donde no muy lejos se encontraba un salón.
-Susana, como sabrás, e de decirte algo muy importante- empezó a decir Juan, mientras llegaban al salón.
-Claro, ¿Qué ocurre?- preguntó ella extrañada, al ver la preocupación de su amado.
-Mañana partiré de Madrid, y me dirigiré a Cádiz, donde subiré en un bote, que me llevará a Brasil, allí será donde empezara mi expedición, en las selvas tropicales.- pausó unos instantes, esperando la impresión de la joven.
-¿Cuándo volverás?- preguntó Susana, preocupadamente.
-No lo sé, pero prometo escribiré cada cinco días, explicándote mis anécdotas durante la expedición, asta que regrese a casa, y me tengas en tus brazos, para siempre.- esas fueron sus últimas palabras.
Los dos, se abrazaron apasionadamente, y entre lágrimas en los ojos, regresaron a casa. Juan, acompañó a Susana asta su portal, en el cual con un simple beso, se despidió.

El 1 de Enero, había llegado juntamente con el año nuevo. Aquella noche Susana no había podido dormir, a causa de la noticia de Juan. Serian las diez de la mañana, cuando Juan partió de Madrid, y Susana se encontró una carta, en su mesita de noche.
1 de Enero de 1866
Susana, espero que estés despierta, para poder leer atentamente esta carta, en la cual empieza mi viaje. Esta mañana e partido muy pronto de mi hogar, para venir a la estación, la verdad es que a echo mucho frío, y me e puesto aquella bufanda que tu me hiciste al ganchillo. El tren estará a punto de llegar, por eso debo de darme prisa, así que me despido de ti, diciéndote, que te quiero.
Atentamente, Juan.
El cielo, estaba claro, aquel día no había nubes grises, ni tampoco soplaba fuertemente el viento, pese aunque aun era invierno, y aquella mañana los niños alegremente salieron a jugar. Madrid parecía animado, pero Susana, no pudo contener las lágrimas al leer, la carta de su amado.
Susana, no tuvo mucho ánimo para salir durante los primeros días, así que decidió pasarse las tardes, haciendo unos guantes, para Juan, cuando regresara. Un buen día, pero, recibió del señor cartero, otra carta de Juan. Enseguida, subió a su habitación, y leyó atentamente su contenido:
6 de Enero de 1866
Hace pocos días que llegué a Cádiz, la verdad, es que estoy muy nervioso, al pensar en mi futura travesía, espero que el tiempo nos acompañe. E alquilado una pequeña casucha, cerca del puerto, y he pensado en visitar los monumentos de la ciudad. Mañana partiré a Brasil, y al llegar te escribiré más cosas.
Atentamente, Juan.
La joven, guardaba todas sus cartas, en una diminuta caja, que guardaba secretamente en su armario.
En poco tiempo, Susana se vio más animada, así que empezó a salir más. Aquella mañana, se estuvo en casa, y al caer la tarde, se dirigió a la botica del centro, en la cual, otra vez se le apareció aquel extraño señor.
-Buenos tardes tenga usted, señorita- dijo él, amablemente.
- Buenas tardes.- dijo ella.
-Hacía tiempo, que no os había vuelto a ver, y eso me preocupaba- prosiguió el joven.
La joven, se quedó en silencio durante unos instantes.
-Tengo entendido, que vuestro prometido, partió de Madrid, para hacer una expedición en Brasil.- dijo él, seguidamente.
-¿Quién os lo a dicho?, yo no os conozco, ni lo deseo, así que si sois tan amable, dejadme en paz por favor.- Susana, dijo aquello, mientras salió rápidamente del local.
La noche llegó fugazmente, y Susana, se encontraba en su habitación, mientras estaba leyendo atentamente las últimas cartas que había recibido, con la esperanza de que su amado, regresara pronto. Aquella noche, apenas había cenado, solamente se había tomado, una pequeña taza de caldo, que estaba en su encimera.
Habían pasado cinco días, cuando Susana, recibió la segunda carta de Juan. Susana, estaba impaciente, pronto, llegaría la próxima. El señor cartero, pero, aquel día se retraso un poco, así que Susana, tuvo que esperar.
11 de Enero de 1866
Justamente, ayer llegue a la pequeña aldea de Amapá, que se encuentra en el centro del país. Los indígenas de estas zonas, son fabulosos, te enseñan a respetar, a cuidar, a la naturaleza y a los animales, para evitar su extinción, además, también nos han enseñado muchos remedios medicinales, que sus ancestros, aplicaban para curar a los enfermos, es asombroso. Mañana empezara mi expedición y nos acompañara un guía de la zona, que conoce muy bien estas tierras.
Atentamente, Juan.
Después de leer aquella carta, Susana, la guardó en su encimera de noche, bajó al salón, se dirigió al enorme piano que tenia, y tocó, una pieza de Mozart. La joven, estaba llena de felicidad, pensaba que pronto volvería su amado, pero su corazón la engañaba, Juan, no regresaría.
Era un viernes por la tarde, cuando la joven, esperaba ansiosamente, otra carta de su amado. Pronto, serian las cinco, cuando Susana, se encontró, un pequeño sobre, en su abrigo. La joven, pensó, que tal vez, seria otra carta de Juan, pero, al abrir el sobre, se dio cuenta, de que parecía una invitación:
Querida Susana, os espero esta noche, a las ocho, cerca del Café del Prado.
Atentamente, vuestro amado.
Hacía unos días, que, no había recibido, ninguna carta, pero, aquella invitación sorpresa, seguramente que, era de su amado Juan. Susana, tuvo que vestirse pronto, no tenía mucho tiempo, y rápidamente, se dirigió, cerca del Café del Prado.
Susana, entró, en aquel lugar, pero, no encontró, a Juan. Desesperada en su busca, se encontraba, cuando, un extraño, se le apareció:
-Por fin, os he encontrado, señorita- dijo, aquel hombre.
-Otra vez, usted, no- dijo ella dirigiéndole una mirada, a aquel joven misterioso mientras, se dirigía a la puerta, para salir del recinto.
-Esperad, por favor, tengo noticias, de vuestro prometido- prosiguió él.
Susana, regresó, y juntamente, con él, se sentó, en una mesita.
-¿Qué sabéis, de mi prometido?, hace días, que no recibo, ninguna carta, de él- dijo Susana, preocupadamente. Su tono de voz, se volvió más suave.
-Venid conmigo, por favor, os lo explicaré- dijo él, mientras, arrastró, a la joven, junto a él.
En pocos instantes, los dos se dirigieron cerca de un pequeño jardín.
-¿Qué hacemos aquí? ¿Que ocurre?- preguntó, la joven, asustada, debido a la oscuridad y, al silencio de aquel lugar.
- Señorita, me duele comunicaros esta noticia, pero vuestro prometido, falleció- dijo, él misterioso muchacho.
Susana, se quedó helada, durante unos instantes. Su corazón, apenas latía, y sus ojos, apunto de estallar estaban.
- ¡Mentís, mentís, mentís…!- dijo Susana, entre sollozos, mientras, golpeaba fuertemente, a aquel muchacho, que la sostenía.
- Es cierto, jamás os mentiría.- prosiguió él.
La joven, se tranquilizó.
-¿Cómo lo sabéis?- preguntó, ella, débilmente.
-Vuestro prometido, se dirigió a una expedición, de la cual él, sabía que no volvería. Vos, recibisteis las primeras cartas, escritas por él, pero, des de entonces, que, no habéis recibido, ninguna más.
-¿Debo de creeros?, nadie me dijo nada.- dijo ella, mientras, unas gotitas, le caían lentamente, por sus mejillas.
- Señorita, nadie supo, de lo ocurrido. - siguió él. Susana, se soltó de sus brazos y prosiguió.
-Entonces vos… ¿Cómo lo supisteis?
-Señorita Susana, aquellos, que lo supieron, no os lo dijeron, por temor, a dañar vuestro corazón.- contestó el joven caballero.
- Os equivocáis señor, mi prometido, no puede haber fallecido, sé que él, esta vivo, mi corazón, me lo dice.- dijo ella, convencida.
- Susana, vuestro corazón, os engaña.- dijo él.
-¿Qué sabréis vos, de perder a vuestro amor?- contestó la joven.
El joven caballero estuvo, en silencio, y se quedó, mirando a la joven dama, atentamente.
- Buenas noches, tenga señor - dijo ella, decidida, pero tristemente, mientras, se alejaba de aquel lugar.
Eran altas horas de la madrugada, y el mes de Enero, pronto finalizaría, con la nueva entrada, del Febrero.
Susana, llegó apresuradamente a su hogar, subió, a su habitación, se tendió en su cama, y se echó a llorar. Pasó, un tiempo, hasta, que la joven dama, se tranquilizó. La noche fue larga, la joven dama, no pudo dormir, ni tampoco contener, sus lágrimas.
Varias noches, a altas horas, la joven, se levantaba, de su cama, y se dirigía, al salón, donde, tocaba, una triste pieza, de Beethoven, hasta, que el mediodía, se acercará. Des de entonces, todo cambió. Susana, apenas, comía, bebía y dormía y siempre, se encerraba, en su habitación, donde, la luz del sol, no entraba.
La joven, cayó, en una fuerte, depresión, de la cual, cada día, empeoraba más. Susana, ya no aceptaba visitas, solamente quería estar sola, en un rincón, esperando, el momento adecuado, para, por fin, poder reencontrarse, con su amado, algún día, pesé que aun tuvo, la esperanza, de que él, permanecía con vida.
Susana apenas tenía, 24 años, cuando su enfermedad la empujó al borde de la muerte, y en Diciembre de 1868, murió. Semanas después, la joven fue enterrada en el cementerio de San Isidro, en la cual, asistieron familiares, y amigos, entre ellos se encontraba, aquel extraño caballero, él cual, dejó cerca de ella, un diminuto ramo de flores, y un pequeño sobre, con una carta: “Querido ángel, vos habéis partido muy pronto, para reencontraros con vuestro amado. Ahora feliz, esperó, que estéis, puesto, que por amor, habéis desparecido fugazmente.”

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2012-12-10 06:04:31
Nombre: Carlos Alfonso
Comentario: Buen trama sentimental, extenso pero con sentido literario, la felicito.