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Un pueblo fantasma más

Autor: Andrés Díaz Campe

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Cuento publicado el 29 de Abril de 2013


Quien podría creer; que una historia de más de noventa años de vida, de un intenso quehacer, de tantas generaciones, de hombres mujeres y niños, que lo dieron todo, por hacer de este Chuquicamata uno de los campamentos mineros más exitoso y conocidos en el mundo, que es el orgullo, que cada hijo de esta tierra, se llevará a la tumba, en su último día de existencia, este donde este.


Me cuesta creer como este Campamento se ha convertido en un “Pueblo Fantasma Más”, sus calles vacías, su comercio cerrado, su plaza desolada, su glorioso “Estadio Anaconda” donde tantos gritos de éxitos lo estremecieron, con un silencio sepulcral, su orgulloso “Club Chuqui” con sus puertas cerradas, su hermoso “Club Obrero” azotado por el viento y cubriéndose de polvo, en su interior el ruido de palitroques que ayer caían y eran celebrados por esos hombres que hoy no están.

En cada una de sus poblaciones más de alguna ventana es azotada por el viento, como engañando al campamento de que hay vida allí pero, es sólo eso, una ventana que se azota, porque sus hijos se fueron ya hace bastante tiempo y no volverán jamás.

Muchos de sus árboles se han secado, se aburrieron de esperar que sus hijos fueran a regarlos, nunca llegaron, ni tampoco llegarán, el viento sacude estos árboles para provocar el vuelo de las palomas y así quebrar el silencio eterno de su plaza, para hacer creer que sus hijos están regresando pero, es sólo eso, el perverso juego del viento, sus hijos no volverán.


En cada una de tus calles; Aldea, Baquedano, Condell, Domeyko, Freirina y Huelen, ya mis ojos se llenan de lágrimas al recordarlas, en ellas jugué en mi infancia, como tanto otro niño lo hizo ayer, en Los Copihue, las Lilas; Los Lirios, Llanquihue, Ranco y Rupanco, como tantas otras calles que me cuesta pronunciar sus nombre, la pena de recordar a mi hermoso campamento es cada día un sagrado ritual en mi vida.

Como en cada pueblo fantasma, las leyendas abundan y tú ya tienes las tuyas, dicen que al caer la noche la luna ilumina tus calles, cientos de sombras aparecen en cada casa, como gritando el regreso de tus hijos pero, nada de eso es cierto, sólo es la luz de luna que te juega una broma perversa, tus hijos no volverán.

El sol, el viento, el polvo y la soledad, son los ingredientes perfectos que en complicidad con el tiempo, te van destruyendo sin compasión hasta doblegar la soberbia del gran campamento que fuiste.

Los días y los años van pasando, no se si tendrás la fortaleza y el valor de soportar este ataque, mi temor es que algún día no sé cuando pero, tus hijos sólo verán ruinas y nuestras futuras generaciones no alcancen a ver al “Gran Campamento de Chuquicamata” que fuiste.

Sólo en el recuerdo de tus hijos y las miles de fotos está reflejado lo que fuiste, allí podrán admirarte y no cabe duda alguna, que desearán haberte conocido.

Mi hermoso campamento he sido muy duro contigo con estas palabras pero, no puedo mentirte, la sentencia deberá cumplirse pero, quiero que sepas algo; ocurra lo que ocurra estarás siempre en mis recuerdos y donde yo vaya hablaré de ti, contaré como fuiste y lo hermoso que eras.

En tu nuevo aniversario uno de tus hijos te saluda, feliz aniversario mi querido e inolvidable campamento de Chuquicamata.




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