La oruga y el sapo

Autor: Gonzalo Aparicio

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Cuento publicado el 25 de Abril de 2017


Cuenta la leyenda que en un bosque muy lejano y solitario viva una oruga que era muy linda, amiga de un sapo muy feo, era tan feo que cada vez que llova y se hacan charcos el intentaba reflejarse en el agua. Pero tal era su fealdad que las gotas se escurran rapidamente por las piedras. Su cueva quedaba tan lejos como la distancia de un pueblo a otro. La oruga deseaba con todo su corazn visitar a su entraable amigo y decidi emprender su viaje, tard un buen tiempo en llegar pero finalmente lo hizo. Cansada lleg a la puerta de la cueva de su amigo y lo llam. Tard algunos segundos en contestar puesto que el sapo estaba llorando. Al verlo su amiga trat de consolarlo diciendo que la belleza se ve en el interior. Lo que l no saba es que la oruga estaba deslumbrada por su inteligencia y cortesa y deseaba que l la mirara con amor. Pero solo el poda ver su problema y eso no le permita ver que delante de l tena alguien que realmente lo aceptaba tal cual era. En un momento todo qued en silencio, solo se oa la brisa rozando el tierno pasto del paisaje. Entonces no se necesit palabras. El sapo comprendi lo que pasaba e impulsado por una pena muy grande sali como un rayo saltando de charco en charco hasta que se detuvo en uno, mientras que el reflejo de la luna acariciaba el cristalino espejo de agua, l solo pidi un deseo: que pudiera tener por un momento la belleza de un humano para poder acariciar sin sentirse vergonzado la piel aterciopelada de aquella hermossima dama y tal vez la angustia o el corazn entristecido del pobre sapo hizo el milagro convirtindolo en un hermoso prncipe. Al descubrir esto corri muy feliz a contrselo a la oruga pero cuando lleg no encontro aquella mirada que lo haca sentir tan especial. Solo vio posarse sobre una hoja a una bella mariposa. Desde entonces cuentan los que lo conocieron que vaga desconsoladamente por el bosque buscando esa tierna mirada que una vez pudo descubrir pero que nunca pudo corresponder deseando nuevamente ser aquel feo sapo que sola ser. Dejando una enseanza que no siempre la verdadera belleza es la que se ve, sino la que aflora en nuestro corazn y el amor esta ms cerca de lo que podemos creer.




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