ÔĽŅ El sueŮo del dragůn. Cuentos cortos fant√°sticos
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El sue√Īo del drag√≥n

Autor: Fermin Angel

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Cuento publicado el 10 de Septiembre de 2019


El drag√≥n despert√≥ pesadamente de su sue√Īo. Inquieto, crispado, trat√≥ de comprender el extra√Īo sonido que invad√≠a todo el castillo. Estir√≥ su cuello y gir√≥ en torno a s√≠, para averiguar de d√≥nde proven√≠a tan desagradable ruido: no era de arrastrar cadenas ni chirrido de puertas oxidadas; tampoco del lamento de prisioneros rumbo al cadalso ni los alaridos de su Rey cuando ordenaba alguna cosa. Conoc√≠a el dulce sonido del la√ļd y la furia de las trompetas, pero en nada se parec√≠an a √©ste de ahora. Mir√≥ por la estrecha abertura en la pared pared, hacia la torre principal, pero no eran los chillidos de la princesa pidiendo auxilio.

Comenz√≥ a arrastrarse l√°nguidamente en busca del insoportable murmullo. Conoc√≠a el castillo como las garras de sus patas; penetr√≥ en el oscuro pasillo, h√ļmedo y angosto, para dirigirse hacia la sala de los caballeros. Todas las armaduras estaban all√≠, en completo silencio, sosteniendo sus armas , sigilosas, prestas al combate.
Al animal le atrajo unos extra√Īos rayos de luz que proven√≠an del sal√≥n Real y se filtraban cual agujas multicolores por entre los agujeros de la vieja puerta divisoria. Su ira aumentaba en igual medida que la pupila de sus ojos, que se volv√≠an cada vez m√°s rojizos y agresivos. Cuando estaba a punto de derribar aquella puerta de un zarpazo, lo sorprendi√≥ la aparici√≥n de una figura humana, que con total desparpajo la abri√≥, pas√≥ tambale√°ndose por delante de √©l, lo mir√≥ descuidadamente, le hizo una se√Īal con el pu√Īo cerrado y el dedo pulgar levantado y se puso a orinar contra uno de los muros.
¬óBonito disfraz, hermano. ¬°Esto de organizar una fiesta de disfraces en medio de estas ruinas estuvo genial¬Ö s√ļper! ¬ódec√≠a el joven ebrio, d√°ndole la espalda al drag√≥n¬ó, y el tuyo si que es original. Te apuesto una cerveza a que sacas el primer premio ¬óagreg√≥ el joven fiestero, que se encontraba haciendo equilibrio con brazos y piernas para no mojarse los pantalones.
La m√ļsica electr√≥nica, el l√°ser multicolor, las luces relampagueantes, provenientes de la sala del Rey, desconcertaron al animal furioso. La bestia mov√≠a lentamente su cabeza, mostrando unos dientes punzantes, a las espaldas del joven. Una vez terminado su cometido, √©ste se dio la vuelta y haci√©ndole una se√Īal con el brazo para que lo siguiera, le habl√≥ al drag√≥n.

¬óVamos, amigo, que la noche es joven, y esto reci√©n comienza ¬ódijo el borracho golpe√°ndole suavemente el lomo¬ó. ¬°Ah!, y ese truco de lanzar humo por las narices y las orejas me lo tienes que ense√Īar uno de estos d√≠as.
El griterío del salón de fiestas, estremeció al dragón, que avanzaba lentamente con el joven ebrio a su lado. Apoyado en su cola, levantó sus patas delanteras, y lanzó una bocanada de fuego hacia el techo. Los que le prestaron atención, aplaudieron el truco y le ofrecieron sus bebidas. El joven que había hecho pis, lo palmeaba orgulloso y gritaba a viva voz: ¡es mi amigo, y tiene el mejor disfraz! Al segundo vómito de la bestia, se quemaron las guirnaldas y globos brillantes del decorado y se oyó un quejido humano que pasó desapercibido entre la eufórica multitud.
El drag√≥n no alcanzaba a comprender como un grupo de plebeyos osaba profanar la casa de su Rey con semejantes desmanes, y continu√≥ escupiendo fuego, ahora en todas direcciones. Un amasijo de parlantes, computadoras, luces, cables y cuerpos humanos comenz√≥ a arder por todas partes. Se desat√≥ una estampida de la concurrencia hacia la puerta de salida del castillo, que aument√≥ el caos y el descontrol. El joven, amigo del drag√≥n, recuper√°ndose de una rodada, mir√≥ hacia atr√°s y expres√≥: ¬ę parece que el juego termin√≥, que pena¬Ö la noche pintaba de maravillas¬Ľ.
A los pocos minutos de la tragedia, el silencio y la oscuridad reinaban de nuevo en el castillo. El animal, ahora mas calmo, volvi√≥ sobre sus pasos, salud√≥ a los caballeros de las armaduras, mir√≥ hacia la torre donde a√ļn estaba colgado el pa√Īuelo de la doncella, y enrosc√°ndose sobre si mismo, volvi√≥ a su sue√Īo ancestral.




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