Son mios. Cuentos cortos fantásticos


Son mios

Autor: Alcor

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Cuento publicado el 28 de Junio de 2016


No me animaba a entrar, decían que aquel hombre octogenario estaba demasiado loco para ver a otro humano de forma común, decían que lo más seguro era que me asesinara al verme. !son idioteces! dije, dirigiéndome a la deteriorada puerta de madera, abriéndola de un golpe, me encontré en una sala vacía, que denotaba la energía de una llena, en aquella casa destruida, acolchonada con musgo e impregnada del olor del cemento frio, donde me sentía por primera vez como en casa, camine como un padre de familia camina cuando llega de un largo día de trabajo, por alguna razón, conocía bien cada rincón del recinto, y supe que el anciano estaba en el primer cuarto, el que estaba aledaño a las gradas, en el segundo piso.

Llegue, deteniéndome antes de entrar, colocando la oreja en la cálida puerta de madera, podía oír el desesperado gritar de un lápiz, que, rosando con el papel, contaba una hermosa historia, la cual no podía esperar a contar, seguido del suspiro seco del anciano. Entré, sin miedo y sin pena, al cuarto, que no olía como el resto de la casa, su olor es indescriptible, pero me hace llorar solo al recordarlo, les puede sonar loco, pero, olía a hogar.
El anciano, cuyo nombre nunca supe, me saludo con la naturalidad con la que yo entre a aquella casa, me invito a sentarme a su lado, y lo hice, me senté en frente de la pila de hojas, escritas con letra acelerada, llena de manchones y borrones, que despertaron en mi la creciente necesidad de leerlos, intenté tomarlos, pero el anciano me detuvo, diciéndome: ¡son míos!, apenado, me quede en silencio a su lado, y de repente, se levantó, con la naturaleza de haber culminado un proyecto trascendental, y se fue, dejando a sesenta centímetros de mí, los codiciados cuentos cortos, que sabía me llevarían a un mundo infinito.

Los tome, eran más de siete mil hojas, con la letra que ya les describí. Era para mí tener aquellos cuentos, como lo fuese para algunos tener millones en efectivo en sus manos. Con la misma pasión con la que los tome, comencé a leerlos, fueron los cinco mil mejores cuentos que hubiese leído jamás, me despreocupe de mi apariencia, olvide el baño, mi trabajo, mi estómago, mi mujer, pero no olvide nada, porque aquellos cuentos se convirtieron en mi todo, me faltaban dieciséis cuentos, cuando el anciano entro en la habitación, se veía más joven y lúcido, lo invite a sentarse, y continúe leyendo, ya habían pasado dos años, y yo seguía leyendo. El anciano, que ahora era joven, intento, con actitud picaresca, tomar la pila de hojas que yo ya había leído, y no deje que lo hiciera, le di una manotada en la cara, como lo hiciera un padre a su hijo, lo derribe con mis brazos, abalanzándome sobre el, y le dije, temblando desesperadamente: ¡son míos!.




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Fecha: 2016-10-24 05:01:29
Nombre: Ian
Comentario: bien hecho vd.