Invasión. Cuentos cortos de ciencia ficción


Invasión

Autor: Guillermo González Hernández

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Cuento publicado el 04 de Junio de 2015


- Señor. Hemos recibido una potente señal desde uno de nuestros satélites. Se trata de un objeto no identificado que se encuentra cerca al cuadrante G-707.
- Eso es cerca del circuito lunar ¿saben qué es?
- No tenemos una certeza absoluta, señor.
- Bueno, pero ¿qué muestran las imágenes satelitales?

- Lo único que conseguimos fue esto.

El operador Garand le enseñó una fotografía que mostraba una mancha oscura en medio del infinito espacio. Sin embargo, el cuadrante señalado se encontraba demasiado cerca del planeta.
- ¿Por qué no lo detectaron antes los radares? – señaló airado el Director de Operaciones.
- No lo sabemos. Las alarmas se encendieron hace un momento- puntualizó el operador.
- ¿Y qué sabemos entonces? – su rabia se hizo sentir en todo el salón.
- La mancha oscura que muestra la fotografía, no se trata de un meteorito ni mucho menos de un cometa.
- ¿Y qué es? ¡Garand, deme una respuesta ahora!
- Señor…parece ser – Garand hizo una pausa- parece ser una nave.

¡Una nave! No había ningún control espacial ni despegue autorizado. Se suponía que el flujo aeroespacial debía estar despejado. No podía ser. Una nave en el sistema lunar significaba sólo una cosa: era de otro planeta.
- Llamen al Alto Mando de inmediato- ordenó Darent, quien, por ser Director del programa debía encargarse de los protocolos que demandaba esta situación – nadie sale ni entra del edificio sin mi autorización.

La noticia había sorprendido a todos en el centro espacial. Si bien habían ideas y supuestos sobre vida en otros rincones del universo, jamás se había logrado comprobar; jamás, a pesar de todos los viajes e investigaciones, se había logrado establecer un contacto o comunicación con otros seres. Lo que estaba sucediendo era un hecho sin precedentes.

La intranquilidad e inquietud desbordaban a los operadores. Darent había marcado lo ocurrido como un asunto de alta seguridad, dándole de paso la máxima confidencialidad posible. Hasta no confirmar nada, no podían alarmar a nadie.

Cuando el Alto Mando se presentó, Garand trabajaba, junto a otros expertos, en las últimas imágenes y señales de onda que habían obtenido de los distintos satélites. La tensión se acrecentó mucho más, ya que ahora no sólo estaba la primera nave, sino que habían aparecido tres más.
- Infórmenme sobre lo que sucede – ordenó Kipe, Líder del Alto Mando.
- Hace unos momentos descubrimos una nave en el sistema lunar, sin embargo, los últimos datos señalan la posición de tres objetos en los cuadrantes G-409, G-506 y G-200, respectivamente- informó Garand mientras señalaba los objetos en la enorme pantalla.
- ¿Sabemos algo más?
- Según los cálculos… estarán en nuestra atmósfera en 37 ciclos.
- ¡Qué! – el pánico se presentó en los ojos de Kipe – Den la alerta máxima y preparen las tropas de inmediato – ordenó con nerviosismo a uno de los hombres que lo acompañaban.

Los siguientes minutos fueron una eternidad en el centro de operaciones espaciales. A las cuatro naves que aparecían en el radar se sumaron cerca de diez más, y que se posicionaban en diferentes cuadrantes del sistema lunar. El alto mando lanzó la alarma a las tropas de todo el planeta; el mensaje era claro: preparen la defensa ante una inminente invasión.

Cuando la primera nave se dejo ver no se parecía a nada de lo que se hubiesen imaginado. No se parecía a otras naves del planeta ni se asemejaba en lo más mínimo a las invenciones de ningún artista. Costaba trabajo describirlas, parecía salida de otra realidad. No llevaba una gran velocidad, pero hacía un ruido terrible. Descendió lentamente en una de las laderas del pueblo de Okha, en donde se posó destruyendo una de las granjas del lugar. No se trataba de un objeto enorme, sin embargo, sus dimensiones superaban a cualquiera de las naves que poseían las tropas.


Al abrirse una de las escotillas de la nave, Kipe y su comando se encontraban en el lugar con todo el arsenal bélico disponible en el sector. La figura que apareció ante ellos era extraña: tenía una cabeza redonda que servía de espejo, ya que reflejaba todo cuanto lo rodeaba. Su cuerpo era más grande que el de cualquier habitante del planeta y sus movimientos parecían muy controlados. Descendió lentamente con sus extremidades en alto, asumiendo una postura tranquila y pacífica. Tras la primera figura emergieron otras dos desde la nave, de igual forma y tamaño, quienes se pusieron a cada lado del primer visitante.

Kipe se sentía nervioso, ya habían evacuado las ciudades y todos se encontraban en refugios. Ahora sólo restaba saber qué querían, de dónde venían y quiénes eran estas figuras que se plantaban frente a él y su pelotón. Como no había señal de que fuesen a atacar y mucho menos de que quisieran iniciar una guerra intergaláctica, se acercó a quién parecía el líder de los visitantes y le habló lenta y calmadamente para no dar la impresión de que los estaba agrediendo.

- Mi nombre es Kipe – dijo con voz suave- ¿Quién eres? Finalizó la pregunta sintiéndose un poco estúpido al creer que entendían su idioma.
- Mi nombre es Neil – respondió el extraño. Esto provocó la impresión de Kipe y de todos los que se encontraban a una distancia que permitía oírlos – Venimos a pedir asilo, ya que nuestro planeta se extinguió – finalizó Neil

La conversación entre Kipe y Neil duró por un largo tiempo. Se enteró así que no existían grandes diferencias (además del tamaño) entre ellos y los interplanetarios; ambos dependían del oxígeno para vivir, tenían un sistema biológico similar, el agua era el principal elemento de ambos mundos, sin embargo, había algo que le llamó profundamente la atención a Kipe: la destrucción de su planeta.
- Entonces… - dudó Kipe – ¿su planeta fue destruido?
- No realmente. Sigue ahí. –respondió Neil – pero lo declaramos inhabitable. Es por esto que toda nuestra civilización se movilizó en las naves en busca de un planeta que tuviese características similares.
- Entiendo ¿y por qué fue declarado inhabitable? – preguntó aún más intranquilo.
- Porque ocupamos todos los recursos naturales hasta que se acabaron.
- ¿Y si nos negamos a su petición? – la pregunta la formuló con un temor evidente que no dejó a Neil indiferente.
- Lamentablemente situaciones desesperadas te llevan a tomar medidas desesperadas. Si se niegan tendremos un grave problema, ya que llevamos mucho buscando un lugar como éste.

Kipe, sabiendo que llevaba en sus hombros el peso de su raza miró a Neil, le dio la espalda y se dirigió a sus tropas. No estaba dispuesto a ceder su planeta a nadie, y menos a seres que ya habían poseído y destruido el propio. Neil y los otros dos ocupantes de la nave regresaron a ésta, entendiendo la situación que se aproximaba.

De las naves extra planetarias, que ya se habían posicionado en todo el mundo, comenzaron a salir decenas de soldados y un inmenso contingente de vehículos armados. Kipe se horrorizó al ver que la tecnología de esas máquinas superaba con creces a cualquier artefacto de defensa del planeta. Se volvió a sus tropas, dio la orden de que alrededor del orbe se prepararan las defensas y se dispuso a combatir, aun sabiendo que no tendrían posibilidad de vencer.

La lucha se resolvió en cuestión de horas, las tropas invasoras eran mucho más poderosas. A pesar de la resistencia de Kipe y sus aliados, la población del planeta se vio diezmada ante la amenaza y poderío de los visitantes. Se destruyeron gran parte de los monumentos, casas, estatuas y poblaciones enteras cayeron bajo el fuego enemigo. Hubo pocos sobrevivientes, quienes finalmente pasaron a ser prisioneros de guerra y, posteriormente, esclavos. De esta forma los humanos conquistaron la Tierra, sometiendo y mezclándose con la raza Hewle: seres del tamaño de un adolescente promedio que vivían en ciudades subterráneas y tenían un aspecto antropomórfico. Si bien tenían algunas construcciones en la superficie terrestre, éstas sólo servían como granjas, telescopios y edificios gubernamentales.

A pesar de que se hicieron muchas expediciones para hallar a todos los Hewles, nunca se supo con certeza si se eliminó a toda la raza, ya que estas ciudades eran inmensas y estaban, en su mayoría, conectadas entre sí formando un gran conglomerado de poblaciones. Los humanos, entonces, decidieron destruir estas ciudades con la esperanza de que esto acabara con los últimos nativos. Sin embargo, aún se piensa que, en algún lugar más allá del subsuelo, existe un número no menor de Hewles que esperan recuperar el planeta que antes fue suyo y que, cada vez que la tierra tiembla, es porque han logrado acercarse un poco más a la superficie.

//alex


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