El pacto. Cuentos cortos de ciencia ficción


El pacto

Autor: Marisa Núñez

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Cuento publicado el 02 de Agosto de 2014


Baja por una suerte de escalones naturales, piedras irregulares conforman una especie de herradura que da al mar, una extensa playa de arenas doradas separa esta pendiente abrupta con el gran océano atlántico.

Sus piernas largas le permiten desafiar los espacios entre las prominencias y esquivar algunas ramas retorcidas que recuerdan lo inhóspito del lugar.


Deviene el alivio ni bien logra pisar el pasto que la separa de la arena, una sensación de persecución la acompaña cada vez que se asoma al borde de ese abismo. Siente como dos navajas apoyan su filo en la espalda y en ellas ve el reflejo de sus ojos promiscuos.



Mailen se acerca a la cama de Marisa, le da un beso y le pide que le avise a su abuela, que se olvidó la billetera sobre la mesita de luz, que a la tarde pasa a buscarla.

Marisa abre la canilla, una fuerte lluvia sale de la ducha. Espera que el agua caliente borre la modorra y el cansancio de los sueños que la visitan de vez en cuando.

Piensa en Mailen, mientras el agua escurre y patina a lo largo de su piel.
Su hija, es de una belleza inusual, su cara enmarcada por rizos salvajes iluminados por hebras doradas, no siempre logra dominar, ojos enormes en almendras siempre calmos, otorgan bondad. Su presencia entera hace notar, este donde este y lo quiera o no. Se prende a la vida con una intensidad imposible de refutar. Desde pequeña que es inquieta, como si intentara aprender todo en un solo día, arrebatada, alegre, espontánea, casi artista de si misma, se moldea una y otra vez y nunca se deja convencer, que las cosas terminaron de hacerse. Ensaya roles, adora teatralizar situaciones que la preparan para asomarse a este ancho y extenso mundo. Se reinventa a si misma y reinventa todo lo que la rodea una y otra vez hasta el hartazgo de la repetición. Esta estudiando turismo, es el segundo año de la carrera, afirma que gracias a ella podrá aventurarse hasta los diferentes rincones del planeta, galopar sobre las aguas de deshielo de algunos ríos, escalar jóvenes y vigorosas montañas y volar desafiando la gravedad en busca de las térmicas.
Marisa siente que es hermoso verla desplegar su imaginación y energía, siempre alerta. Si bien ahora no te invita a compartir tazas de té en el país de nunca jamás, ni pasear por el mundo al revés de Alicia, su entusiasmo sigue contagiando.



EL sueño vuelve, una noche cualquiera en pleno corazón del otoño.
Mira hacia atrás. Vuelve a verlo, pelo entrecano, mirada sin luz en dos huecos violetas. Vuelve esa sensación real, la respiración se le hace entrecortada, rápida, diafragmática, con esa necesidad perentoria de llenar los pulmones de oxigeno aunque no puedan contener ni un átomo mas. Esta en un callejón oscuro, reflejos de agua alumbran apenas el asfalto. No duda, volverá a lograrlo, lo engañara, le sacara ventaja con sus piernas largas. Empieza a buscar el callejón que cae a la herradura, ahí esta, apura el paso, lo logra, ya esta bajando, corre hasta el césped y el alba anuncia el mar.
Pero esta vez el caballero la alcanza.
Marisa contempla el mar, se encuentra afectada por cada golpe de ola, por cada rugido y no percibe que el perseguidor le ha dado alcance.
La mira a los ojos, ella lentamente comienza a perder materia, sus células dejan paso a vacíos, espacios entre las fibras de sus tejidos. Siente solo al principio, una tirantez como cuero duro pegado a los huesos. Las articulaciones pierden su líquido, la deshidratación es constante. Mágicamente su cerebro sigue funcionando con una lucidez brillante. Mira sus extremidades ahora forradas por un odre oscuro, hacen resaltar todas las prominencias. Siente cada molécula desprenderse, volátil avanza con la brisa de aquel ultimo marzo. Recuerda a su familia, recuerda su infancia, sus hijas ocupan sus últimos pensamientos, la luz la enceguece, flota en miles de partículas, es mil cosas a la vez, no puede definir la situación como mala, es totalmente diferente a lo conocido. Ya no tiene ojos, es ojos, ya no tiene cuerpo, es viento, ya no recuerda lo que es el cansancio, ya no tiene pensamiento, deja de ser.



Cuando Mailen va a saludarla esa mañana, su madre no esta, las sabanas aun están tibias de guardar un cuerpo. Ya no esta por ningún lado de la casa y es la última vez que la busca.
Se coloca el anillo, el pacto esta sellado.
Cara angelical, ojos dulces en almendras, en sus labios se dibuja un esbozo de sonrisa. Sale a la calle, toma la combi que la lleva a la universidad. A la noche seguramente su padre hará la denuncia, después vendrá la investigación. Debe prepararse, si, debe prepararse para las preguntas, no puede fallar ni una sola vez en las respuestas, debe practicar el gesto de angustia, de desesperación. Queda tranquila, sus demonios la ayudaran a continuar.

//alex


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