La Maquina. Cuentos cortos de ciencia ficción


La Maquina

Autor: Hamilton Batista

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Cuento publicado el 26 de Enero de 2012



Era un 6 de Noviembre, del año no estoy seguro, pero no importa. Estaba yo caminando por el centro de la Capital, cuando percibí una enorme maquina ubicada sobre el kilómetro cero, que abarcaba todo el parque Independencia. Por su tamaño era evidente que fue diseñada y fabricada por los blancos de ojos azules de donde caen nieves. Me fui acercando y confirmé su procedencia, cuando leí “Made in New Haven, Conn., USA.” Como buen curioso codicié ver todos los rincones de la maquina enorme, pero me lo impidieron unos guardias que la protegían.

Pasaron unos días y notaba cambios en la población, parecían robotses o muertos con vidas al hablar y a los que anhelaban. Luego me enteré que los diputados, senadores y el ejecutivo del país habían modificado la constitución. La modificación era sobre el derecho a voto, la cual no bastaba que fuera ciudadano dominicano de mayoría de edad, sino que también tenía que entrar por la maquina enorme aquella, antes de ejercer el derecho del voto. Esto lo hacían por el bienestar y progreso de los ciudadanos mismos que por ende era de la patria también.
No me quedó mas remedio que ir para el parque Independencia y pasar por tan mencionada maquina. Pero parado en la esquina sur-este del parque, allí en la calle Palo Hincado, pude observar que los ciudadanos entraban en ella por el antiguo cine Independencia que estaba ubicado entre las avenidas Independencia y la Bolívar, y que luego salían como desorientado por la puerta del Conde.
Me acobardé para entrar a la maquina. Hice todo a mi alcance para sacarme de aquel enrollo de la modificación de la constitución. Quise devolverme y olvidarme de la baina y mierda del voto, pero todo fue en vano. Los guardias armado hasta los dientes con sus M-16 cargados con peines de treinta balas, me lo impidieron. En otras palabras no pude escaparme de aquello. Me obligaron a formar fila y a entrar a la mierda de maquina aquella.
Ya allí lo único que me quedaba era entregarme a Dios y la suerte, para no salir como los otros que había visto. Como chivo desconfiado me propuse a mantener mis ojos cerrados, mi oído sordo y mi respiración interrumpida, para que lo que fuera que la maquina hiciera con las personas, yo mantenerla bloqueada. Pero tan pronto entré, mi oído escuchó las indicaciones que se daban allí, mas luego tuve que abrir mis ojos para poder ver por donde andaba y que nadie me enredara con mariconerías. Y ni hablar de la respiración, no aguante ni a los dos minutos.
Recuerdo que estando en el salón de la recepción, noté que tenía un sin numero de puertas que cada una coincidía con las ciencias o clases que uno recibía desde los años de primaria hasta los años de la universidad. Había puertas por ejemplo con un letrero de literatura, matemáticas, geología, religión y otros. Es decir todo lo que el hombre blanco había inventado y que dominaba muy bien para jodernos en esta puta vida que llevamos para alcanzar el trofeo blanco, y de esta forma él estar siempre en el lugar y nosotros en el camino. Eso sí, éramos libres de escoger las puertas y el tiempo que quisiéramos de permanecer en la maquina para matar y satisfacer nuestras curiosidades y crecer en nuestros conocimientos.
Entré por la puerta de la literatura, y me quedé asombrado, porque la maquina que parecía del tamaño del parque Independencia y el salón de literatura parecía no tener limites. Fue hasta entonces que razoné de que lo que se veía desde afuera era solamente el cabezote de la maquina y que la maquina en verdad estaba enterrada y su dimensión era tan enorme que mi imaginación quedaba corta, y no por falta de mi imaginación, porque en este país para sobrevivir hay que tenerla bastante grande, sino por el tamaño de ella. No puedo negar que era la mayor biblioteca que mis ojos habían visto, y quizás la mas completa. Y digo quizás y me explicaré.
Había montones de libros de novelas, ensayos, cuentos, poesías y hasta paquitos. Pero cuando quise leer libros de autores dominicanos, solo pude encontrar algunos ejemplares en castellano de paquitos, cuentos chistosos y colorados, novelas de amor y policiales y otras escrituras de no mucho interés para mí. Cuando buscaba obras literarias de autores como Juan Bosch, Pedro Mir o de Ramón Marrero Aristy, por mencionar algunos de los buenos que tenemos, lo encontraba usualmente escrito en mandarín, y yo de chino que no tengo nada no podía leerlos. Cuando me quejé ante el personal que trabajaba en la maquina me respondieron que lo sentían mucho que por la rapidez y el presupuesto tuvieron que solicitar donaciones de los diferentes naciones del mundo y en particular de la ONU y los libros vinieron en diferentes idiomas. Es decir que a caballo regalado no se le mira el colmillo, aunque te muerda.
Bueno ante tal suerte, procuré otros autores de hispano-hablante. Pero casi con la misma suerte de los dominicanos, pero como se dice que el que no grita no mama, me buscaron uno de Gabriel García Márquez en ingles. Por lo meno era otro idioma europeo lo cual lo asemejaba al castellano y yo con mis seis meses de estudio del idioma de Shakespeare en un instituto de mi barrio que había abierto un dominican-york y un diccionario del ingles-español resolví. La obra era el cuento o the short story “A Very Old Man with Enormous Wings.” También se me informó e invitó a un circulo de analistas de cuentos. El circulo lo formaban un grupo de cuatros personas de la mas alta clases sociales dominicanas y con un dominio absoluto del idioma ingles y otros. Yo que era de la mas alta calamidades sociales dominicana y con mis seis meses de ingles, me atreví a formar parte del circulo aquel, claro él que no aspira no llega. Me seleccionaron como el cuarto de los cinco que formábamos el circulo aquel.

Las reglas no eran muchas de aquel circulo, consistía que por orden de los miembros se le asignaría tres días para leer, analizar y discutir el cuento escogido por el miembro en curso. Recuerdo que el primer cuento que se discutió fue “A Good Man Is Hard to Find” de Flanny O’Connor, y dos de los miembros coincidieron que era en redacto de la discrepancia del Norte y Sur de los Estados Unidos. Los otros dos que era la guerra de lo divino y diabólico. Y yo que no sé ni como carajo interpreté que el cuento se refería a la hipocresía de la justicia al simbolizar al señor Bailey como los procedimientos del “Old Bailey London,” desde el 1674 hasta 1834. Todos se burlaron de mí. El segundo cuento fué “The Lottery” de Shirley Jackson. Al igual a la anterior estaban divididas las interpretaciones en dos-dos-uno. Los primeros que eran sacrificios diabólicos, los segundos que representaban que la sociedad humana estaba regida por ritos, y yo que me enfoque en el nacimiento del estado de Israel en 1948 y comparé al señor Summer con el movimiento militar-judío clandestino Haganah en tierra palestina, y a la señora Tessie Hutchinson con la judía Golda Meir. El resultado casi semejante al anterior, burlándose de mí. Lo mismo paso con el tercer cuento que fue “A Rose for Emily” de William Faulkner, al comparar que el surgimiento de la literatura realista enterró prácticamente la literatura de la fantasía o ficción, cuando hice la comparación de la señorita Emily Grierson con el cineasta John Grierson creador del documentar, y compare al señor Homer con Homero autor de la “Ilíada” y la “Odisea.” Sin embargo en el cuarto cuento que fue el que yo escogí no hubo burla ni casi discrepancia, por unanimidad concluimos en que el capitalismo y el gobierno andan de matrimonio y que la iglesia siempre es molestada por los nuevos conocimientos. El quinto y ultimo cuento no pude yo participar porque solamente había ejemplares en los idiomas checo, alemán y hebreo; Y yo ni una chispa de los tres idiomas sabía. Pero por las opiniones de los otros pude comprobar que era lo opuesto a lo que yo había visto antes de entrar a esta bendita maquina. Era el cuento de “La Metamorfosis” de Franz Kafka.
Después de esos quinces días de literaturas, me entusiasmé a abrir mas puertas hasta la ultima que era la de la religión. Entro yo a ella y me tropiezo con un montón de lideres religiosos y de una muchedumbre de vagos razonamientos. Pero no voy a describir todo lo que pasó allí, para no blasfemar o insultar a alguien, que no es lo que procuro con esta narración, solo me limitaré a decir que me sacaron a la fuerza de allí por un piñazo que le propiné a un pastorcito de iglesia de patio.
Justo cuando estaba en la salida de la maquina por la puerta del Conde, me pregunta un empleado de ella qué cual fue el salón que más disfruté, pero en verdad que no pude escoger uno porque en todos había disfrutado. Y le constaté honestamente. Entonces cambió la pregunta para cuál fue mi primer salón que había seleccionado. Entonces sí, le dije entusiasmadamente cual era, y me regaló un librito de cuento en ingles que dice “Battle Royal” by Ralph Ellison.
En verdad no sé, pero tengo un presentimiento que ese librito y esa enorme maquina en el kilómetro cero de la Capital andan juntos. Mis amigos y familiares me dicen que son cosas mías, quizás por el pleito que armé con el pastorcito y la salida por la puerta del Conde. Yo en verdad a veces creo lo que me dicen, pero otras veces tengo mis dudas e insisto que la maquina y el librito andas rebulajao. Porque no tiene sentido que me lo regalaran así por así, si no lo van a usar de propaganda.
Pero el librito ese, no lo pienso leer hasta que no termine mi curso completo de ingles o hasta que no lo consiga en una librería en español-dominicano. Porque me esta latiendo algo y a ver si estas malditas dudas que traigo desde la maquina se me esfuma y vuelvo hacer él mismo de antes.

//alex


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