El mismo libro. Cuentos cortos románticos


El mismo libro

Autor: Ariados

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Cuento publicado el 16 de Septiembre de 2015


Dirigiéndome al parque, como todos los días para inspirarme y poder escribir mis poemas, me senté en la misma banca de siempre. Comencé a mirar el cielo, las nubes y las aves hasta que de pronto, llegó la inspiración.
"Eres frágil como el pétalo de una rosa, temerosa como el más pequeño infante, pero naciste para ser en mi vida, lo más bello e importante. Romántico me volví por el amor te tengo a ti; si amar es el más dulce placer, quisiera que tus labios fueran el azúcar, que empalague enteramente todo mi ser”.
Dirigiéndome al parque, como todos los días para inspirarme y poder escribir mis poemas, me senté en la misma banca de siempre. Comencé a mirar el cielo, las nubes y las aves hasta que de pronto, llegó la inspiración.
"Eres frágil como el pétalo de una rosa, temerosa como el más pequeño infante, pero naciste para ser en mi vida, lo más bello e importante. Romántico me volví por el amor te tengo a ti; si amar es el más dulce placer, quisiera que tus labios fueran el azúcar, que empalague enteramente todo mi ser”.
Me llené de paz al terminarlo y estando a punto de hacer otro, un bastón chocó con mi pie, haciéndome reaccionar bruscamente -¡Ay!-Dije moviéndome. De pronto, vi a una mujer muy hermosa, con unos ojos azules tan deslumbrantes, que miles de versos comenzaron a aparecer en mi creativa mente -Disculpe usted, señor -Me dijo la chica sintiendo mucha pena-¡No no!, más bien discúlpame tú a mí -Le dije aún sumergido asombro. Luego, me di cuenta que era una mujer invidente y le comencé a tomar una consideración especial por su discapacidad -¿Deseas sentarte? -Le pregunté -Este... sí, la verdad me siento algo cansada por caminar tanto -Me respondió con una cándida sonrisa -Permíteme ayudarte -Le respondí mientras tomé su mano -¡Ay qué lindo, gracias! -Nos quedamos en silencio unos momentos, yo miraba sus ojos y apoyaba mi cabeza en mi mano, confiado en que ella no me veía, ¡Qué linda! Despedía una ternura que jamás había visto en otra mujer, me llenaba de una gran felicidad... -¿Por qué me miras tanto? -Me preguntó la joven de pronto. Yo no supe qué decirle, me sentía consternado y apenado al mismo tiempo -¿¡Pero, cómo sabes que te estaba mirando!? -Le pregunto -Es que sentí tu mirada -Me respondió con la misma sonrisa pura que me cautivó – Perdona si te incomodé –Le digo con algo de vergüenza –No te preocupes, ¿Cuál es tu nombre? –Me preguntó ella –Yo me llamo Aníbal –Le contesto -¿Y tú? –Le pregunto ahora yo –Soy Cielo –Al escuchar cómo se llamaba, me quedé totalmente cautivado, jamás había conocido a una mujer que se llamara así, parecía alguien salida del más lindo y tierno cuento de hadas – ¿Y, hacías algo antes que yo llegara? Si se puede saber, claro –Miré su sonrisa, tenía unos dientes tan blancos, que relucían como la más blanca tela siendo bañada con la luz del radiante sol –Este… yo… -Si no deseas decirme, lo sabré entender –Me dijo con mucha prudencia – ¡No, no es eso! –Le dije en un tono algo subido –Bueno, soy poeta y siempre vengo aquí para inspirarme –Ella puso una cara de asombro y exclamó -¿¡Eres poeta!? ¡Qué lindo! –Yo me sentí más tranquilo y le hablé ya sin titubeos –Gracias, es lo que hago en mis tiempos libres –Le respondí muy sonriente también –Ahora comprendo porque eres tan sensible y tienes el corazón puro –Me quedé un momento en silencio por lo que acaba de decir y reaccionando después de un rato por la sorpresa que me hizo sentir, le dije –No te entiendo –No dejaba de mirarla, tenía algo que atraía completamente mi atención –No necesito ver para no darme cuenta cuando alguien despide de sí, algo tan bello y santo –Me dijo con la mirada hacia el frente -¿De verdad crees que soy todo lo que acabas de decir? –Le pregunto con suma sorpresa – ¡Pero, por supuesto! –Me respondió nuevamente con esa cándida sonrisa –No necesito verlo, lo sé –Me comencé a emocionar más todavía y lo único que pude decirle fue –Gracias –Le dije yo –No tienes porqué –Respondió ella – ¿Y tienes algún poema escrito? –Me preguntó. Muy sorprendido, la miro y le digo –Sí –Le contesté – ¿Me lo podrías leer? Si no te incomoda decírmelo, claro –Me dijo ella con algo de timidez – ¡Claro! ¡Cómo no! –Respondí. Miré sus bellos ojos azules, no tenía mucho que pensar ni que crear, la inspiración estaba a mi costado y con gran emoción, dije –“Tan puras y azules como las aguas más cristalinas, son tus hermosas y radiantes pupilas; moviendo graciosamente tus párpados, fuiste la culpable de hacerme reposar, sobre suaves y coloridos nardos”. –Ella, totalmente asombrada, se quedó con la boca abierta -¡Qué hermoso! –Exclamó con gran admiración –Eso estuvo maravilloso –Yo, acercándome más a ella, limité mis deseos de acariciar su suave y terso rostro respondiéndole –Es que… un poeta logra hacer grandes cosas, maravillosas, cuando logra mirar de la misma manera que tú –Le dije -¿Cómo yo? –Me preguntó con una expresión de extrañeza –Así es, como tú. Con los ojos del corazón.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2016-02-15 18:50:52
Nombre: Elkin Doria
Comentario: Me gustó. Me pareció narrado de forma sencilla,pero bonita.


Fecha: 2015-09-23 13:24:53
Nombre: zulma chiappero
Comentario: Muy romántico, tierno y dulce.



Fecha: 2015-09-18 07:29:33
Nombre: RconR
Comentario: muy tierno