La oscuridad del vacio. Cuentos cortos infantiles


La oscuridad del vacio

Autor: Yoselin Nieto

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Cuento publicado el 29 de Junio de 2018


¿Cómo podré explicarles?... Como un murciélago reconozco la oscuridad del vacío por el eco de recuerdos terrenales a los que me aferro.
Hace ya mucho tiempo que fue el fin del Mundo, pero mi espíritu se mantiene estático, o tal vez, viajando a increible velocidad por el espacio infinito. . . en fin, la posición y el tiempo no importan ya en mi historia. . . una larga cadena de recuerdos mal encadenados por el pensamiento… a tal punto, que ya no sé qué fue verdad y qué fantasía… ¡Qué tristeza!, ni con mi historia me quedé… pero miserable o excelsa… está perdida.

Ser lo que soy es lo que más me atormenta, una inteligencia pura que con sus propias deducciones descubrió todas las leyes naturales. Descubrir las causas y efectos que constituyeron el Universo fue divertido, pero ahora, soy una inteligencia sin objeto, esperanzada en encontrar un Dios que le dé sentido a mi existencia. ¡Soy una pregunta sin respuesta!, ¡una premisa sin conclusión! No tengo nada más que preguntarme y torturarme sin saber el porqué de mi existencia por toda la eternidad, pues ya no puedo distraerme con las necesidades fisiológicas, intelectuales o… banalidades terrenales.
He aquí mi triste historia, que por ello es grandiosa: Alcancé mi plenitud mental al vivir de la Nada. Todo lo sé, pero es conocimiento inútil… no puedo aplicarlo, ni admirarlo, ni saborearlo… ¿qué diferencia hay entre la Nada y el Todo si uno se siente vacío y sólo!...

¡Quiero dejar de pensar y no puedo! He pensado sin descanso y a increíble velocidad durante “millones de millones de años”. Este es mi castigo, pensar sin llegar a tener conclusiones de lo único que me importaba en la Tierra: Yo.
Olvidado en el caos de la eterna creación universal, espero que llegue la paz del único que Es. Pero no creo que llegue pronto… me aleja del Ser el eco de recuerdos terrenales… ¡Necesito dejar de pensar!, ¡pero me es imposible!...
¡Cómo temo apagarme, cerrar los ojos de la mente y entregarme al Ser! Aceptar que existe sabiendo que nunca podré comprenderlo o conocerlo, pues mi existencia es incapaz de abarcar su conocimiento. Dejar mi propia luz para entregarme a lo que sea que Él sea…
¿Si sólo soy inteligencia qué será de mí si dejo de pensar?... ¿dejaré de existir o me aceptará el creador?
Maldita sea, me siento solo… expulsado del Todo por mi tibieza espiritual: ¡vomitado!
¡Tengo que intentarlo!: A la una, a las dos, a las tres…




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