En cuentos infantiles yo solo pienso, pero realmente no sé el comienzo. Puede ser que una princesa pequeña como ella sola, busque a su príncipe hora tras hora.
Pasaron días, semanas; el reino aguarda; llegó al fin un caballero con un sombrero de terciopelo. ¡qué elegancia!, ¡que prestancia!, ¡que elevado!, ¡qué distancia!, la princesita no lo veía, era una torre tal cual jirafa.
En cuentos infantiles yo solo pienso, pero realmente no sé el comienzo. Puede ser que una princesa pequeña como ella sola, busque a su príncipe hora tras hora.
Pasaron días, semanas; el reino aguarda; llegó al fin un caballero con un sombrero de terciopelo. ¡qué elegancia!, ¡que prestancia!, ¡que elevado!, ¡qué distancia!, la princesita no lo veía, era una torre tal cual jirafa.
Triste, muy triste el reino aguarda, hora tras hora hasta la boda.
Llegó al tiempo otro enviado representando a otro reinado. ¡qué gran sorpresa!, ¡qué alegría!, y parecía un gran tranvía. ¡qué candidato!, ¡qué emoción!, pero muy gordo pá la ocasión.
Triste, muy triste el reino aguarda, hora tras hora hasta la boda.
La princesita triste e impaciente, perdió esperanza; e indiferente siguió en el reino, hora tras hora hasta la boda.
Hasta que un día….. ¡qué algarabía!; ¡que pequeñito el principito!, decía el reino con alegría.
Vino de lejos, y muy pequeño tal cual botón, pidió la mano de la princesa con emoción.
Igual que ella, de pequeñito, igual que ella, de afortunado, igual que ella, con alegría, pudo ser rey de justo trato.
Siempre a tu altura has de encontrar muchas razones para amar.
(DEDICADO CON MUCHO CARIÑO Y MUCHO AMOR A “CHICHO” DE PARTE DE SU MAMÁ.)
//alex
El reino de la princesita paciente
Autor: Ana Isabel Rodríguez Jáñez
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Cuento publicado el 18 de Noviembre de 2012
Pasaron días, semanas; el reino aguarda; llegó al fin un caballero con un sombrero de terciopelo. ¡qué elegancia!, ¡que prestancia!, ¡que elevado!, ¡qué distancia!, la princesita no lo veía, era una torre tal cual jirafa.
Pasaron días, semanas; el reino aguarda; llegó al fin un caballero con un sombrero de terciopelo. ¡qué elegancia!, ¡que prestancia!, ¡que elevado!, ¡qué distancia!, la princesita no lo veía, era una torre tal cual jirafa.
Triste, muy triste el reino aguarda, hora tras hora hasta la boda.
Llegó al tiempo otro enviado representando a otro reinado. ¡qué gran sorpresa!, ¡qué alegría!, y parecía un gran tranvía. ¡qué candidato!, ¡qué emoción!, pero muy gordo pá la ocasión.
Triste, muy triste el reino aguarda, hora tras hora hasta la boda.
La princesita triste e impaciente, perdió esperanza; e indiferente siguió en el reino, hora tras hora hasta la boda.
Hasta que un día….. ¡qué algarabía!; ¡que pequeñito el principito!, decía el reino con alegría.
Vino de lejos, y muy pequeño tal cual botón, pidió la mano de la princesa con emoción.
Igual que ella, de pequeñito, igual que ella, de afortunado, igual que ella, con alegría, pudo ser rey de justo trato.
Siempre a tu altura has de encontrar muchas razones para amar.
(DEDICADO CON MUCHO CARIÑO Y MUCHO AMOR A “CHICHO” DE PARTE DE SU MAMÁ.)
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