El olvido

Autor: Pablo Guillen

(3.11/5)
(28 puntos / 9 votos)


Cuento publicado el 16 de Abril de 2017


Igor de pronto se vio caminando por un lugar extraño aunque conocido, trató de aclarar su mente para encontrar el motivo por el cual se hallaba deambulando en ese sitio, no tiene memoria como llegó allí, ¿por qué está allí?, ¿de dónde viene? Lo único que recuerda es su nombre: Igor, de ahí en fuera nada recuerda, ningún dato personal le viene a la cabeza, estado civil, familia, trabajo, amigos, el nombre de los padres, de los hermanos.

!Nada! Al parecer, sufre de amnesia.

Después de estar confundido por varios minutos, cae en la cuenta vaga entre las tumbas de un cementerio, < bonito lugar en que estoy, este es un panteón, lo bueno es que es de día porque si fuera de noche salgo corriendo de puro miedo. > Piensa mientras lee los nombres grabados en lápidas, enfadado y aburrido, cansado también de buscar la salida, se sienta en la orilla de la losa de una tumba pensando cual es el primer paso a tomar y delucidar quien diablos lo trajo aquí y el motivo.

Desconoce el día de la semana, el mes que transcurre, el año que corre, un montón de ideas van y vienen dentro de su intelecto y nada saca en claro. Hay un Sol a toda plenitud cuando a Igor se le ocurre fijar su vista en la inmensidad del cielo libre de nubes, un aire ligero sopla moviendo sutil las frágiles ramas de los arboles trayendo al suelo las hojas más débiles, sospecha la estación podría ser el verano a punto de fenecer por la temperatura templada, por las hojas de los arboles tendidas sobre el sendero pavimentado, el césped a punto de perder el color verde original. Igor se halla inmerso en un verdadero caos, un remolino caprichoso que bate y gira los nulos recuerdos como el mar la espuma al instante se desvanece, nota dentro de la mortal soledad del entorno, vestido está de traje, vestimenta que nunca en su vida ha usado, huele a colonia cara que ni por asomo habría comprado y de tal manera maquillado que pudiera ser considerado un metro-sexual. Continua haciendo un esfuerzo mental recordar su identidad, el origen de su existencia. cuál es su historial de vida, acaso tendrá esposa e hijos, que tipo de trabajo desempeña ni lo que devenga, si tiene auto o una casa que rente o posea.

El camposanto a la hora en que el Sol apunta las tres de la tarde se ve solo, ningún alma a sus alrededores se distingue, los pajarillos y una que otra paloma cruzan breves de un árbol a otro sobre las ramas abundantes de hojas silbando estribillos agudos y los gargantosos sonidos graves de los entes alados. Igor, alerta a estos sonidos claramente escucha los pasos mullidos sobre las hojas verde amarillentas de alguien que se acerca o ronda de donde él yace indeciso cual camino tomar; la joven de los pasos nada silentes sonríe a lo lejos a la mirada pasmada de aquel hombre con visos de estar perdido, al acercarse confiada y sin temor se dirige a Igor por su nombre.


- !Ay Señor de los Cielos! ¿Cómo es que sabes mi nombre? - Pregunta sorprendido.
- Cosa muy sencilla, nos conocemos aunque no lo recuerdes, hemos estado juntos varias veces, se muchas cosas más de ti. - Responde sonriente la joven desconocida.
- Tú me estás vacilando jovencita, de modo que sabes mi nombre y yo ni te conozco ni se el tuyo y para decirte la verdad, estoy perdido, aparte de mi nombre, es lo único que recuerdo, no se quien soy, de donde vengo ni adonde voy, por más que trato de recordar, no puedo y lo curioso del caso, ¿por qué me encuentro en el panteón?
- En apariencia has perdido la memoria, no sabes nada de ti, no recuerdas tu pasado, tienes la mente en blanco. Te creo, sucede a menudo a personas como tú, viven en el ajetreo de sus vidas, siempre corriendo, metiendo la pata, no reflexionan a que vinieron a este mundo, la materialidad los aniquila, jamás descubren el lado divino, viven para si y nunca se preocupan por el próximo. No te preocupes, puedo ayudarte a encontrar el rumbo de salida y conducirte a tu destino y lo más importante, te redescubras.

La jovencita luce una cabellera rubia, casi toca las caderas, parte de la misma cubre los senos y el sexo, todavía hasta ese momento Igor, será por la confusion o el atolondramiento que lo aqueja, no advierte la desnudez de la desconocida, la larga melena le sirve de vestido, todo lo suyo está a cubierto y a buen resguardo de miradas obscenas, no obstante, el amnésico Igor no presta mucha atención a ese detalle, del otro lado de la lápida que cubre la tumba donde se halla sentado, la mujer joven toma asiento.

- ¿Qué tanto sabes de mi?- Pregunta. - Si apenas hoy nos conocemos, nunca te he visto en mi vida, te llevo el doble de lo que has vivido, si yo, soy yo, no lo recuerdo, menos tú
- No te fies de las apariencias, estas engañan, también las edades, después que termine de contarte, comprenderás de lo que hablo. Parece te afectó demasiado los sucesos ocurridos en tu existencia, deseaste riquezas, las obtuviste a medias, tuviste esposa ala cual le diste lo que pudiste en abundancia, pero no amor, tus hijos quisieron amarte y no los dejaste, tuvieron carencia de tu cuidado, deseaste ser millonario, la suerte te ponía trabas para lograrlo y terco y necio te empeñabas en subir ese escalón. Nunca estuviste satisfecho de tus logros. - Pausó la joven.

- Curioso lo que me dices, no alcanzo a recordar mi pasado, si lo que dices es verdad. ¿Cómo es que lo sabes? a propósito. ¿Cómo te llamas?

la que parecía saberlo todo, se incorpora, en el movimiento que hace, es cuando se da cuenta Igor de la condición desnuda de la hablante, camina varios metros hacía una tumba cercana y señala con el dedo el nombre inscrito en la losa. Por la distancia, no aprecia lo escrito, se levanta para indagar.

"Daniela Dessi". 1951-1973

Igor ahora si que la incredulidad lo anonadó. ¿Cómo es posible en su cara le estén tomando el pelo?

- Este fue mi nombre en vida, no te asombres, a mi me sucedió lo mismo, anduve vagando por un mundo al que ya no pertenecía, no quería abandonar lo que más quise en la tierra; a mi esposo, a mi hija, a mi madre invalida, les decía: "aquí estoy, no me he ido. estoy viva. !MIRENME¡ Y nadie podia verme y escucharme. - Daniela le informa.

- !Mira! Ahí donde estás sentado, lee quien descansa en el sueño eterno.

Igor, varias veces, lee, relee el nombre escrito en la lápida: "Igor Buenaventura". 1974-2009.

Entonces, de golpe lo recuerda todo, dáse cuenta de su condición actual, un alma desubicada del entorno. Ambos, Daniela e Igor retornan, donde la fuerza que gobierna el mundo los ha destinado para la eternidad.



Otros cuentos fantásticos que seguro que te gustan:

- Perdido en el océano
- Pipilinita
- Un Alma en Pena
- Diamante negro.
- Blu


¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)

 

Nombre:

email:

Contraseña de usuario:

Comentario:

 

Últimos comentarios sobre este cuento