Eternity

Autor: Gonzalo Cousido

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Cuento publicado el 13 de Febrero de 2017


Llegó el momento. Luego de años de preparación, de investigación, de arduo trabajo en el desarrollo de la tecnología, el momento llegó.
Hoy, el día recordado como el inicio de la exploración extraterrestre, el día que el espacio comienza a tener forma de tierra. 2015, el año de la revolución tecnológica. Abril, el mes donde la Tierra se comienza a expandir mas allá de los límites orbitales. 30, el día en que George Smith, astronauta de vocación, saldrá de los límites de nuestro planeta e incursionará en una misión con destino a Marte.

Esta claro que para que un hecho sea transcendente, se deben hacer sacrificios. El único hombre elegido no fue señalado por el azar, ni siquiera por la capacidad. Esta misión, además de ser trascendental, es eterna, George Smith, no volverá.
Que difícil es mentalizarse en un objetivo, cuando indefectiblemente sabes el final.
Claro, va a disfrutar lo que nadie vio. Será el primer humano en presenciar el inmenso campo de estrellas en las oscuras entrañas del espacio exterior, llegará al lugar mas lejano que un hombre haya pisado jamás.
Nervios, ansias, ilusión, anhelo, todo lo que siente un humilde redactor de una web de astronomía. Ni pensar lo que nuestro héroe tendrá en su cabeza. Los rostros que se le cruzarán, los momentos que estará tratando de recordar, la nostalgia de un desertor por elección y la melancolía de abandonar aquello que alguna vez fue su casa.
Hoy, 30 de abril de 2015, se mudará. El lugar: el espacio. La duración: lo que su corazón le permita, hasta que deje de latir. El vecindario: Los satélites, los cuerpos celestes, las estrellas y el gran espectáculo del espacio. La misión: ser el primer humano en pisar otro planeta, el planeta rojo.
Comienzan a pasar los minutos, la ansiedad crece. Nos juntamos en la redacción de la página todos los que soñamos con presenciar el momento único, bisagra en nuestras vidas. Todos cumpliendo el sueño, porque no interesara quien, nos interesaba que llegemos. Y allí vamos.
Vasos llenos de bebida, porciones de pizza que alimentan a nuestros estómagos turbados de la expectativa y antojados de alimento.
Comienza la cuenta regresiva… 10… 9… es un momento único en la historia de la humanidad… 6… 5… 4… 3… 2… 1… despegue... Cada corazón estaba detenido, cada pelo erizado, las manos agarradas como rezando el Padre nuestro, viendo el magnífico despegue de la misión mas importante de la historia.
Ya fue Apollo, ahora Eternity. Comienza un camino, comenzó un camino. La raza humana está camino a Marte….

18 – 03 – 2016
- A medio camino a las inmensidades del planeta Marte, la nave Eternity, sufrió un problema de radar, y perdió su rastro. – dice el director de la NASA, en una conferencia de prensa hacia toda la humanidad.
- ¿Qué quiere decir con que se perdió el rastro, no se la podrá ubicar más? – pregunta, arrebatando el micrófono, el periodista del Canal 12. – No queremos plantear falsas expectativas… No solo George no volverá, sino que no sabremos mas nada de él. – concluye dejando perplejos a toda la comunidad.
No voy a decir que no me sorprende. Sería un ipócrita si dudara de la ciencia a la que tanto me he dedicado toda la vida y a los científicos que dejaron su alma por el proyecto. Claramente me sorprende. Pero por otro lado, uno, como persona, debe entender de la inmensidad de la que se trata el viaje. De los años luz que deben transitar, y que, por mas preparado que uno esté, lo imprevistos pueden suceder.
Por mi parte, yo estoy convencido que la nave sigue su rumbo, y que nuestro héroe continúa camino al planeta rojo. Lo mas probable es que jamás lo sabremos, pero lo último que se pierden son las esperanzas.


30 – 10 - 2040
Creí que nunca volvería a escribir en esta página. Estuvimos fuera de circulación más de una década, pero necesitaba contarles a todos los lectores, aficionados y seguidores de la astronomía lo que aconteció hace unos meses y algunos procuraron no contarlo.
Mucho se ha hablado de las expediciones hacia Marte, ya estamos al tanto de muchas que cumplieron objetivos, pero hace algunas semanas viví una situación particular con el caso Eternity.
En mi casa, un domingo, almorzando con la familia, un llamado me deja paralizado. Un colega retirado había recibido la información que la nave desaparecida hace 24 años había regresado a la Tierra, tal vez en forma de basura espacial, aunque llamaba la atención la rapidez de su regreso. Además me comentó que George no había dejado rastros, y que las pertenencias habían sido entregadas a quien era su novia y su única familia.
Al escucharlo, volví a sentir esa curiosa sensación periodística que se había perdido luego de mi merecido retiro. Quería visitar y realizar mi última entrevista a esa persona que tenía mas datos sobre una de las incógnitas más grandes de la materia. Claro, había que viajar hasta Eugene Oregon, donde radicaba quien era novia del gran George Smith.
Un llamado, dos, tres, hablá con tal, llama a aquel, obviamente utilizando un pseudo inglés que dificultaba todo. Una mañana, ya no recuerdo si miércoles o jueves, me atiende una señora, y luego de balbucear un rato en un inglés primitivo, corroboré que ella era la persona que estaba buscando.
Rápidamente, armé un bolso y partí hacia allá. No fue fácil encontrar un vuelo. Tuve que realizar extensas y extenuantes conbinaciones, pero finalmente, cansado y aturdido, llegué a la ciudad del Noroeste estadounidense.
Sorpresivamente me estaban esperando, eso me llamó la atención. Había llamado para avisar que iba en camino, pero igual fue un gesto muy bueno de su parte.
Había llegado el momento, el chofer me dejó en la puerta, como corresponde le pagué los 35 dólares que debía, y emocionado toqué el timbre 9, donde esa voz que había escuchado por teléfono, a miles de kilómetros de distancia me decía: “Suba por favor!!”.
Si bien sabía de mi inminente llegada, se notaba que no estaba preparada, me ofreció un expresso, pero ante mi negativa, se sentó, miro el grabador y se entregó a mis interrogantes.
A medida que transcurría la charla comenzé a ver incomodidad porque notó que yo sabía demasiado. No le gustó escuchar que yo sabía lo de las pertenecías. Pero, gentil y atenta como siempre se mostró, me reveló la caja de los secretos.
Nervioso, ansioso, aterrado, destapé la caja. No llegué a ver que había. Lo único que me llamó la atención fue una carta cerrada en donde decía escrito en el lomo: “Para mi amor”.
Esa carta estaba escrita por él, nunca la había abierto para no agrandar una herida que se encontraba cerrada después de mucho tiempo.
En casa ajena, uno no puede increpar a un entrevistado, y si ahora lo pienso, estuve mal. Pero la convencí de leerla, de leerla juntos y enterarme de los grandes misterios que encierra este caso. Me pidió que la leyera en vos alta, para que juntos nos enteremos de las palabras del comandante.
“Que difícil es dejar atrás toda una vida, que difícil dejarte atrás. Que difícil saber que lo que esta atrás se va para no volver, y que lo que ven adelante será tu tumba. Que ironía que estemos cada vez más y más lejos, pero que yo te sienta cada vez más y más cerca. Esas ganas y seguridad que sentía al comenzar la misión, hoy son reemplazadas por la angustia y la nostalgia de mi tierra amada. No puedo perderte… no puedo abandonarte… debo volver, no importa como debo volver. Debo volver a abrazarte, besarte, amarte, debo volver. Debo hacerlo, voy de regreso”
Nuestras caras lo decían todo. Las lágrimas en ella estaban a la vista, y mis ojos sufrían también de un llanto incipiente.
Desde el balcón, ya se veía caer la noche. Un ruido de un auto llamó nuestra atención. Al parecer de un taxi bajaba un hombre, con un aspecto un tanto desarreglado, como si fuera ex combatiente, la barba crecida al igual que el canoso pelo.
Ese mismo hombre se puso a mirar al edificio. Miró un buen rato, como pensando, como recordando. Detuvo y habló con varias personas, supongo que para hacerles una pregunta. Pensó un rato más. Luego de varios minutos, ya incómodos de se presencia ahí, vemos que el hombre se mete en el palier. Ambos miramos hacia la cocina donde se encontraba el portero eléctrico. Y un simple sonido, nos llenó la vida de ilusión…



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