ÔĽŅ La maldiciůn. Cuentos cortos fant√°sticos
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La maldición

Autor: Julio César Pelatos Ledesma

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Cuento publicado el 21 de Noviembre de 2016


Me despert√© desorientado sin saber d√≥nde estaba y por qu√©. Ten√≠a fr√≠o, estaba asustado y desnudo, encadenado por grilletes en mis mu√Īecas y tobillos dentro de una mazmorra helada y oscura. De pronto un sonido espantosamente desagradable de bisagras que se negaban a hacer su trabajo por la fricci√≥n de los metales oxidados. Con los ojos llorosos y en penumbras, distingu√≠ a tres siluetas frente a mi mazmorra, dos de ellas llevaban arrastras a un sujeto, al parecer inconsciente, y lo estaban metiendo y encaden√°ndolo al igual que a mi. ¬óNo aguanto mucho Lennard, verdad ¬óDijo con una carcajada uno de ellos y mientras los dos sujetos cerraban las rejas llegaron tres m√°s, y el que parec√≠a ser el lider ordeno. ¬óS√°calo de ah√≠ Thannos, y ll√©valo al sal√≥n. ¬óSi Milord Raynard ¬óObedeci√≥ el hombre m√°s grande y fornido que hab√≠a visto en mi vida, ataviado con cota de malla y una t√ļnica negra con vistas y adornos en dorado. Empez√≥ a abrir la reja de mi mazmorra a la vez que dec√≠a. ¬óLuzzien, Velkko, tr√°iganlo. ¬ó Estos entraron con una sonrisa s√°dica y burlona en sus secos labios. Yo estaba terriblemente asustado, temblaba sin control, con los ojos abiertos de par en par, mi coraz√≥n lat√≠a velozmente con la respiraci√≥n sumamente agitada.

Me sacaron a empujones y golpes mientras sollozaba y suplicaba piedad. Me llevaron por el pasillo donde hab√≠a m√°s mazmorras en penumbras de donde sal√≠a un hedor putrefacto debido a que en algunas hab√≠a cad√°veres a√ļn colgados de sus cadenas, otros en el suelo, entre heces, orina y sangre coagulada y seca. Hab√≠a ratas d√°ndose un asqueroso y obsceno fest√≠n, entre los cad√°veres y cabezas que colgaban de picos de hierro en las paredes de todo el lugar, de las cuales algunas a√ļn ten√≠an grasa, carne y piel, que se desprend√≠an a jirones. Me condujeron por este tenebroso panorama hasta que llegamos a un gran sal√≥n iluminado por crepitantes antorchas que hac√≠an crecer y decrecer las sombras, las cuales se proyectaban incesantemente, dando un aspecto horroroso.
El lugar estaba lleno de objetos, herramientas y aparatos de tortura por doquier. Lo cual me asusto m√°s. Ya estaban all√≠ Lord Raynard, Thannos y otro sujeto que parec√≠a un monje con t√ļnica purpura cerrada que le llegaba arriba de los tobillos, que dejaba ver las grebas doradas, llevaba un cintur√≥n de metal de donde colgaba una hermosa espada y sal√≠a un fald√≥n que se divid√≠a en dos picos al frente. Arriba de todo vest√≠a otra t√ļnica dividida por el frente, m√°s larga que la anterior con anchas y largas mangas, adornada con vistas doradas en las cuales tenia runas grabadas en color sangre. Tambien ten√≠a grandes hombreras de donde nac√≠an de cada una de ellas un list√≥n grueso rojo con s√≠mbolos extra√Īos que se mov√≠an con vida propia, su rostro iba cubierto con una capucha y comprend√≠ que era un hechicero.
¬ó ¬ŅSabes quien soy Stephan? ¬óPregunto Lord Raynard con autoridad refiri√©ndose a m√≠. ¬óNo Milord, no lo s√©. ¬óConteste sin pensarlo, y pregunte instintivamente. ¬ó ¬ŅC√≥mo sabe mi nombre Milord? ¬óSilencio, yo hago las preguntas. ¬óGrito, d√°ndome con el dorso de su mano que estaba enfundada en su guantelete, abri√©ndome el labio inferior de donde sali√≥ un hilillo de sangre. ¬óMe estas retrasando Stephan, y no quiero estar aqu√≠ m√°s de lo necesario, as√≠ que continuemos. ¬ŅSabes lo que hago Stephan? ¬ŅSabes a lo que nos dedicamos aqu√≠? ¬ó Pregunto con sus negros ojos clavados en m√≠. ¬ó No Milord, no s√© nada de usted o de ustedes. ¬óDije en un sollozo. ¬óBien Stephan, te dir√©. Nosotros somos de la Santa Inquisici√≥n, y nos encargamos de casos, uhmm, inusuales podr√≠a decirse. Casos un poco m√°s serios y ah√≠ es donde entras t√ļ Stephan, ya que estamos investigando la muerte de tu familia. As√≠ que, la siguiente pregunta es ¬ŅCrees en Dios Stephan?
Esa pregunta me sorprendi√≥. Ya que desde que mi familia fue asesinada brutalmente, fui rechazado por los dem√°s aldeanos porque pensaban que estaba maldito por la forma en que fueron destrozados sus cuerpos, que fue imposible reconocerlos. Pero mi maldici√≥n fue haberlos perdido, fue el no haber podido hacer nada para defenderlos, aunque en realidad no hubiera podido hacer nada por ellos. Mi pesadilla fue que sin poder evitarlo, yo miraba cuando √©l los asesinaba despiadadamente. Mi maldici√≥n era que deb√≠ morir junto a ellos. A partir de entonces, gran parte de mi fe, desapareci√≥. Si existe Dios. ¬ŅC√≥mo pudo permitir que murieran as√≠? Si existiera Dios, har√≠a justicia divina y condenar√≠a a la bestia asesina con el peor de los castigos. Y ¬ŅQu√© he obtenido yo de Dios? Solo sufrimiento por la muerte de m√≠ amada esposa y mis hijos. ¬ŅQu√© pecado he cometido para merecer este castigo? ¬ŅEsta maldici√≥n? Tal vez a mi Dios le gusta ver el sufrimiento en el mundo. Y si es as√≠, √Čl es un hip√≥crita y no quiero a un Dios as√≠.
¬óSi Milord, si creo en Dios. ¬óMent√≠, por miedo a las represalias. ¬óBien Stephan, por ahora es todo, ma√Īana continuaremos, ya que esta oscureciendo y nos tenemos que ir. Thannos ll√©valo a su mazmorra y encad√©nalo muy bien, no quiero correr riesgos. ¬óSi Milord, vamos pajarito, te llevaremos a tu jaula, ay√ļdame Velkko. ¬óDijo el enorme sujeto. ¬óVamos Mub√Ęrack, tenemos que hablar. ¬óEscuche que dijo Raynard al hechicero mientras se alejaban y a mi me llevaban de vuelta por el pasillo de las mazmorras cuando de pronto una gran rata mordi√≥ uno de mis dedos del pie derecho y por reflejo y el dolor, tire de mi pierna instintivamente, y con el movimiento inconsciente golpee la espinilla de Thannos sin poder evitarlo. __Lo siento, perd√≥neme, no fue mi intenci√≥n. __Dije, ya que el rostro de Thannos se puso roja de de ira. Y como respuesta, recib√≠ un golpe en seco en medio de mi cara que hizo crujir el tabique de mi nariz. Yo ca√≠ de espalda en la fr√≠a roca del piso, cuan largo era, mientras me llevaba las manos al rostro tratando de detener la hemorragia que se sobrevino, sin poder lograrlo.
Velkko re√≠a a carcajadas, mientras me azotaba con una correa de varias tiras de piel, rematadas con p√ļas de hierro con forma de u√Īas de gato, hiri√©ndome la piel con cada golpe. Al igual que Thannos aprovechaba para patearme sin remordimiento, yo solo pude agazaparme y me cubr√≠a la cabeza con las manos, tratando de recibir el menor castigo posible y gimiendo cada vez que sent√≠a la punta de sus botas en mis costillas y las puntas curvadas de hierro de la correa que manejaba Velkko.
De pronto, con el rabillo del ojo pude distinguir, que del calabozo que ten√≠amos enfrente, surgieron dos brazos tan delgados, con la piel lisa y muy p√°lida, como si no le hubiera dado el sol durante a√Īos. Su piel estaba tan pegada a sus huesos, que parec√≠a imposible que alguien con esa delgadez pudiera seguir con vida. Pero sus manos¬Ö Sus manos, eran como zarpas, con los dedos muy largos, muy largos y delgados. Rematados con u√Īas extremadamente largas y afiladas. Parecidas a la de la Bestia que hab√≠a matado a mi familia, aunque no eran tan grandes como las de ella.
Velkko no tuvo oportunidad al ser asido por esas manos, ya que lo jalaron con tal velocidad y fuerza hacia los barrotes de la mazmorra, que su cabeza entro facilmente por entre dos de ellos. Y se escucho su cr√°neo crujir, como si se hubieran fracturado los huesos al entrar, que solo pudo escucharse un peque√Īo grito ahogado y luego su cuerpo empez√≥ a convulsionarse y mientras suced√≠a esto, un sonido de succi√≥n y gorgoteo. El cuerpo de Velkko quedo inm√≥vil. Yo empec√© a estremecerme por la sensaci√≥n que ese escenario tan particular me provocaba, que no pod√≠a siquiera moverme.
Thannos al ver esto, inconscientemente y tan rápido como pudo, se adhirió de espalda a la pared que estaba en dirección contraria de la mazmorra, donde había sido arrastrado Velkko. Con los ojos desorbitados, la boca seca y abierta sin poder articular sonido por el terror que se reflejaba en su rostro, que estaba tan pálido como los brazos del captor de Velkko, este temblaba incontrolablemente. Por fin Thannos profirió un alarido de terror al ver caer el cuerpo sin vida y sin cabeza de Velkko y salió corriendo hacia la sala de interrogatorios, como perseguido por fantasmas.
En ese momento pude tomar parcialmente control de mi cuerpo y un poco de movimiento de mis extremidades, ya que la escena era extra√Īamente hipn√≥tica. Que cuando jale las piernas para alejarme arrastras de ese lugar. La zarpa del ser que acababa de matar a Velkko paso silbando el espacio donde hab√≠a estado mi pierna izquierda, intentando sostenerme de mi pie desnudo. E igual que Thannos, yo choque con la pared a mis espaldas respirando r√°pidamente, que sent√≠a que mi coraz√≥n saldr√≠a saltando de mi pecho. Al no haberme podido agarrar, las zarpas tomaron las dos ratas que se hab√≠an acercado a comer trozos de carne del cuerpo inerte de Velkko, y las llevo hacia dentro. Solo los chillidos agudos de las ratas se escucharon brevemente. Y empec√© a balbucear incoherencias sin siquiera desearlo. ¬ó ¬ŅQu√© esta ocurriendo? ¬óPregunto Lennard a lo lejos, ya que escucho mis balbuceos y todo el alboroto anterior. Cuando estaba a punto de darme la vuelta para ir al encuentro de Lennard, una suave voz proveniente del calabozo donde se encontraba la sombra atroz, me pidi√≥ amablemente. ¬óVen, ac√©rcate peque√Īo, no te hare da√Īo, solo quiero ayudarte. ¬ŅQuieres salir de aqu√≠ verdad? ¬óInterrogo. ¬ó Ay√ļdame y te ayudare, solo tienes que venir aqu√≠ y quitar esas gemas de los cr√°neos que est√°n incrustados en los barrotes y las paredes que me rodean. Pronto, date prisa antes de que vengan los guardias. Como si hubiera tomado el control de mi cuerpo y mi mente, me era imposible resistirme a su petici√≥n. ¬óNo, no lo hagas. ¬óMe advirti√≥ Lennard. ¬ó Ten valor Stephan. ¬óMe animo la voz del extra√Īo. ¬óSolo es un peque√Īo esfuerzo y estaremos libres. __No le hagas caso Stephan, no lo escuches, porque tambien te matara. ¬óT√©rmino diciendo Lennard. ¬ó ¬ŅSi quieres, tambien te puedo ayudar a ti? ¬ŅSi quieres, tambien te puedo liberar? Para que juntos tomemos venganza por lo que nos han hecho. ¬óPropuso el extra√Īo a Lennard. ¬óVengar√≠as a tu Rey.
Estaba dando un paso hacia enfrente, cuando un fuerte grito me saco de mi estupor en el cual me encontraba sumido inexorablemente. ¬óNooo¬Ö ¬óSe escucho. Yo me sobresalte y poco a poco gire mi cabeza y mirada hacia donde proced√≠a la voz. ¬óAl√©jate, lentamente. ¬óOrdeno la voz. Era Raynard con armadura y espada en mano. Detr√°s venia Mub√Ęrack, tambien varios guardias con alabardas, espadas y cuatro de ellos con ballestas, los cuales me apuntaban a m√≠. ¬óTonto, te dije que te dieras prisa, ahora por tu estupidez no pudimos escapar. ¬óDijo la sombra siniestra, lament√°ndose y me lanzo una amenaza. ¬óEn cuanto pueda voy acabar contigo, dolorosamente imb√©cil. ¬óY su horrenda voz sugiri√≥ que no estaba mintiendo. ¬ó ¬ŅEn verdad pensaste que podr√≠as escapar, Agathork? ¬óPregunto Raynard, refiri√©ndose a la sombra que ten√≠a encerrada. ¬óEnci√©rrenlo antes de que sea demasiado tarde y encad√©nenlo. ¬óOrdeno Raynard mientras me daba un fuerte empuj√≥n, indicando de qu√© hablaba de m√≠. Tres de los guardias obedecieron sin retraso y me condujeron a mi mazmorra. ¬ó ¬ŅTe estabas divirtiendo, Agathork? Es una lastima que no nos hayas invitado a tu fiesta privada. ¬óRefiri√≥ Raynard sarc√°sticamente, mientras le daba una patada al cuerpo sin cabeza de Velkko, sugiriendo a los guardias para que lo sacaran de all√≠. ¬óQu√©menlo, no quiero correr riesgos innecesarios. ¬ó√ćndico.
¬óNo te preocupes por √©l, Raynard, ya no se levantara. ¬óDijo Agathork, profiriendo una profunda carcajada, como el rugido de una bestia. ¬óEspero que duermas tranquilo por las noches Raynard, porque cuando menos lo esperes ir√© por ti. Y te aseguro que no ser√° muy agradable. ¬óTermino con una sonrisa burlona. ¬óDios esta de nuestro lado y cuando llegue ese momento estar√© preparado, te lo aseguro. ¬óReplico Raynard con total seguridad. ¬óGuardias qu√©dense aqu√≠ y cuiden a nuestros invitados. ¬óTermino ordenando, mientras tomaba camino hacia la salida, seguido de Mub√Ęrack. ¬óSi Milord. ¬óAsintieron todos al unison√≥.
Abatido por el cansancio y el hambre, me quede completamente dormido, a pesar de la posici√≥n tan incomoda en la que estaba encadenado. Escuche algunas preguntas de Lennard, pero no pude responderle y me perd√≠ en las tinieblas del sue√Īo. No supe cuanto tiempo hab√≠a trascurrido desde que me quede dormido, pero si pude darme cuenta de que a√ļn era de noche. Lo primero que pens√© al tomar conciencia, fue, extra√Īamente en las ratas que me estaban devorando. Me alegre, al notar que no era as√≠. Y en ese instante una voz me saco de mi somnoliento pensamiento.

¬óHola pajarito. ¬óSe oy√≥ con burla la voz de Thannos. ¬óNo te ves tan malo despues de todo. ¬óPronuncio con tono despectivo. A su lado estaba un guardia con armadura y en sus manos llevaba una larga alabarda de guerra, m√°s alta que cualquiera de los dos. Con un r√°pido movimiento Thannos se la arrebato. Y lentamente comenz√≥ a pasar la punta de la alabarda, de reja en reja. ¬óD√©jalo en paz cobarde, mejor l√°rgate a dormir. ¬óEspet√≥ Lennard desde su mazmorra. ¬óC√°llate Lennard, si no quieres que te de tu merecido. ¬óSe√Īalo Thannos alzando la voz, mientras introduc√≠a la alabarda por entre las rejas tratando de herir a Lennard con ella. Influenciado por el valor de quien corr√≠a mi mismo destino, grite sin pensar en las consecuencias. ¬óYa es suficiente Thannos. ¬óDesafi√© lo m√°s fuerte que pude, aunque solo sali√≥ de mi garganta un susurro. ¬óNo deber√≠as ir a orinar otro de tus pantalones como hiciste cuando Agathork mato a tu compa√Īero, cobarde. ¬óComo impulsado por un resorte Thannos dio media vuelta tan r√°pido como pudo, sacando la lanza de la mazmorra de Lennard sin llegar a herirlo. Y arroj√°ndomela con todas sus fuerzas, que paso silbando en el aire que nos separaba hasta clavarse en mi hombro izquierdo. Sent√≠ como la punta me penetraba la piel y carne, hasta que romp√≠a mi clav√≠cula, pulm√≥n y el om√≥plato irremediablemente, atraves√°ndolo facilmente y se detuvo hasta que choc√≥ contra la pared de piedra.
Yo grite de dolor, mientras me retorc√≠a lo poco que pod√≠a por mis cadenas, pensando que seguramente morir√≠a sin remedio. Aunque el hecho me aterraba sin manera, un pensamiento m√°s placentero y tranquilizador me invadi√≥ lentamente. Por fin podre estar con mi familia, pens√©. Por fin podre abrazarlos y besarlos de nuevo, mientras las lagrimas inundaron mis ojos por ese sentimiento hasta que recorrieron mis sucias mejillas. De alguna manera comenc√© a relajarme, a√ļn viendo como manaba la sangre de mi herida, corriendo desde mi pecho, hasta llegar a la cadera y pierna. Empec√© a toser porque me ahogaba con mi propia sangre que comenz√≥ a brotar por mi boca. Todo esto suced√≠a a la vez que Thannos se re√≠a a carcajadas y dec√≠a. ¬óTe lo mereces pajarito. Te lo mereces por entrometido y por desafiarme imb√©cil.
¬óBastardo. ¬óRugi√≥ Lennard. ¬óEres un cobarde, solo as√≠ puedes matar a alguien. ¬óY contin√ļo imprec√°ndole m√°s maldiciones. ¬óSilencio Lennard si no quieres que te haga lo mismo. ¬óAmenazo Thannos tratando de aparentar valent√≠a. ¬óInt√©ntalo bastardo. ¬óRespondi√≥ Lennard con una mirada de desaf√≠o en sus ojos. Luego de un momento las voces se escuchaban en la distancia y empec√© a desvanecerme poco a poco. Quer√≠a hablar, pero no pod√≠a decir absolutamente nada. Mis parpados se tornaron pesados y mis ojos se cerraban inevitablemente, con gran esfuerzo intentaba abrirlos y al hacerlo por fin, pude distinguir una luz borrosa y tenue en la distancia. De la cual no pod√≠a apartar la mirada, quede en trance, como hipnotizado por esa luz que se acercaba y se tornaba muy brillante, hasta que me ceg√≥ completamente. Y sin embargo, no pude apartar la vista de esa luz. Sent√≠ un cosquilleo, seguido de una agradable calidez que recorr√≠a mi cuerpo. Me sent√≠a en paz al fin.
¬óAs√≠ se siente cuando mueres. ¬óPens√©, rebosando de alegr√≠a y paz espiritual, agradeciendo al Alt√≠simo. No esta mal, despues de todo, resign√°ndome a mi destino. La calidez se volvi√≥ m√°s fuerte a cada instante, recorr√≠a todo mi ser, mi piel se erizo por completo en un escalofri√≥ que me hizo convulsionar. Esto es el fin, me dije. De la nada, cuando cre√≠ que seria todo, apareci√≥ un fuerte espasmo que me hizo estremecer, escuche el crujir de huesos en la penumbra, como si se dislocaran y volvieran a unirse violentamente una y otra vez, surgi√≥ un calor insoportable, como si me hubieran arrojado a una gran hoguera. Sent√≠a la presi√≥n de mis grilletes donde estaban puestos en mi cuerpo, como si me apretaran queriendo alargar mi agon√≠a. Mi respiraci√≥n se agitaba cada vez m√°s, sintiendo una gran ira que no pod√≠a controlar. Mi pecho se expand√≠a provocado por los latidos de mi coraz√≥n que iban a un ritmo acelerado como nunca hab√≠a sentido anteriormente. ¬ŅQu√© fue lo que hice? ¬ŅQu√© pecado comet√≠? Para merecer el Infierno. Imploraba, ya por piedad, que termine esto. Mi grito se escucho como un rugido, m√°s que lamento.
Y fue entonces cuando la vi. Vi de nuevo a la Bestia que hab√≠a matado a mi familia. Vi sus grandes brazos musculosos, casi tan gruesos como el tronco de un √°rbol, y estaban llenos de pelaje como p√ļas, rematados por grandes zarpas, tan grandes que podr√≠an coger facilmente la cabeza de un hombre adulto. Y sus garras eran negras, tan grandes como los dedos de mis manos. Media casi el doble de cualquier hombre pero mucho m√°s fuerte. Porque de un solo salto llego hasta las rejas que nos separaban del guardia y de Thannos que nos miraban aterrados, con los ojos desorbitados sin poder moverse. Con la inercia y la fuerza de sus zarpas logro derribar parte de las rejas. Yo miraba con satisfacci√≥n como con sus fauces desgarraba la cabeza de Thannos de un solo mordisco, dejando su cuerpo dando saltos como una marioneta en un charco de sangre espeso. Sin duda ese era el castigo divino que Dios hab√≠a enviado para castigar a Thannos por todas las atrocidades que hab√≠a cometido en su asquerosa vida. Esto suced√≠a a gran velocidad, ya que el guardia que estaba con Thannos no alcanzo siquiera a sacar por completo su espada de la vaina cuando la Bestia ya le hab√≠a sacado las entra√Īas de un zarpazo, porque el peto de su armadura no resisti√≥ la embestida y sali√≥ volando hasta chocar con estrepito en la pared. Y vi como escurr√≠a la sangre y las v√≠sceras hacia fuera mientras este intentaba detenerlas con sus manos sin poder lograrlo.
Yo no quer√≠a ni moverme para no atraer la atenci√≥n de aquella Bestia hacia m√≠, aunque al parecer ni exist√≠a para ella. Y tambien porque no pod√≠a ni moverme realmente. ¬ó ¬ŅQu√© eres? ¬óPregunto Lennard mientras intentaba con desesperaci√≥n quitarse sus grilletes sin poder apartar la vista hacia otra parte que no fuera la Bestia, esta volteo y vio a Lennard en su mazmorra y de un golpe deshizo el mecanismo con que estaba cerrada la reja, la cual se abri√≥ lentamente. Lennard al no poder hacer otra cosa m√°s que esperar el ataque, moviendo su cuerpo como balance√°ndose muy despacio, se puso en posici√≥n defensiva enrollando parte de las cadenas en sus manos como armas, a pesar de que no les servir√≠an de mucho contra este ser salido del infierno.
La bestia dio un paso hacia dentro de la mazmorra agach√°ndose un poco con las zarpas hacia atr√°s y gru√Īendo. Yo quise gritar para distraerla pero no pod√≠a articular ning√ļn sonido, solo se escuchaban los gru√Īidos de la bestia. Su salto fue tan r√°pido, que Lennard solo pudo moverse lo suficiente como para que la Bestia no engullera su cabeza en sus fauces, pero no lo suficiente como para evitarla por completo, ya que en vez de eso lo alcanzo de la parte del hombro derecho, clav√°ndole sus poderosos colmillos en el pecho de costado y por el otro, la espalda alta y parte del brazo, desgarrando la carne que estaba a su paso, hasta llegar a los huesos que no opusieron mucha resistencia ante la brutal fuerza de la presa, que empezaron a crujir muy despacio. Extra√Īamente con esto sent√≠ un placer indescriptible, aunque quer√≠a hacer algo por ayudar a Lennard, de alguna manera me deleitaba el hecho. Experimentaba el dulce sabor de la sangre corriendo por las comisuras de las fauces de la Bestia, as√≠ como de la suave carne entre sus colmillos.
Incre√≠blemente, Lennard en ning√ļn momento suplico, solo acertaba a dar golpes en el hocico con la cadena enrollada en el pu√Īo libre que le quedaba, la Bestia arremet√≠a contra √©l, sacudi√©ndolo en el aire mientras lo ten√≠a a√ļn en sus fauces.
En ese instante, una lanza se clavo en la espalda de la Bestia, y esta soltando a Lennard, profiri√≥ un gutural gru√Īido mientras este se golpeo contra la pared y reboto al piso pesadamente cayendo sin movimiento, soltando un solo gemido. Cuando Lennard cay√≥, la Bestia ya estaba destrozando al guardia que le hab√≠a ensartado la lanza, dejando su cuerpo desmembrado. Se escucharon los pasos apresurados de m√°s guardias que entraban por el pasillo, con alabardas y espadas algunos, y otros con ballestas cargadas para arremeter contra la Bestia. Sin darles tiempo a que tomaran posiciones, se abalanz√≥ con vertiginosa velocidad, saltando primero a la pared y tomando impulso con esta para caer justo encima del primer guardia que iba al inicio de la fila, tragando por completo su cabeza, que se la arranco de un tir√≥n y chocando contra las rejas de la mazmorra de Agathork que observaba est√°tico los acontecimientos con una sonrisa mal√©vola en sus labios. Otro guardia llegaba con lanza en vilo cargando con el miedo dibujado en su rostro. La Bestia giro r√°pidamente hacia la derecha y con el largo antebrazo derecho aparto la lanza que iba dirigida a su pecho, caus√°ndole una herida superficial por el roce al no poderla apartar a tiempo y dando un paso hacia el frente, apoyo su peso en esa pierna, quedando a√ļn m√°s cerca de su objetivo y rotando bruscamente su cintura y con el brazo izquierdo semi-extendido, sali√≥ disparado como el brazo de una catapulta de asedio. Con las zarpas entrecerradas, los dedos r√≠gidos y sus largas garras hicieron silbar el aire en su trayectoria hasta que hizo volar el yelmo que llevaba el guardia, dejando a su paso cuatro grandes surcos, tres en el rostro que estaba totalmente desfigurado, que le colgaba la piel lacerada, la √ļltima le hab√≠a cercenado la yugular de donde brotaba la sangre a borbotones como una cascada que cae a un manantial carmes√≠. El hombre solo alcanzo a trastabillar tres pasos hasta que se desplomo temblando, ya casi sin vida.
¬óMuere maldito monstruo. ¬óGrito el siguiente guardia que saltaba sobre la Bestia con la espada en alto, cogida con ambas manos. La hoja de metal se clavo parcialmente en la ancha espalda del monstruo, hasta que se rompi√≥ en pedazos por la resistencia que opon√≠a la dura piel del monstruo. Este al sentirse herido lanzo un desgarrador gru√Īido que me ensordeci√≥. El guardia cay√≥ justo a su lado, lo que aprovecho instant√°neamente agarr√°ndolo con sus zarpas por el cuello y levant√°ndolo en vilo, y convirti√©ndolo en su escudo, porque ya ven√≠an cargando dos guardias m√°s. Esto provoco que el de la lanza se la ensartara a su compa√Īero por la espalda hasta salir por el pecho. La Bestia lo arrojo a√ļn con vida hacia un lado, este vol√≥ por los aires hasta estrellarse contra la pared y reja de la mazmorra que estaba m√°s cercana. La sangre flu√≠a formando un charco. Entre tanto la Bestia ya le hab√≠a desgarrado la garganta con sus poderosas garras al siguiente guardia que ya se estremec√≠a en estertores de muerte.
Ahora estaba esquivando las estocadas desesperadas de otro guardia con relativa facilidad. E inesperadamente salto por encima de la cabeza del guardia, que solo logro ver un borrón que se esfumaba de su vista, antes de sentir como un certero zarpazo lo desgarraba desde su espalda baja, hasta llegar al inicio de la nuca. Con la fuerza del golpe lo hizo avanzar algunos pasos hacia enfrente. Para entonces, la Bestia ya estaba cayendo y daba la vuelta para terminar con él de una embestida más.
Y ahí estaba, parado enfrente de la Bestia. Con la cabeza de lado y hacia enfrente con una burlona sonrisa en sus labios y los ojos fijos en la Bestia. Estaba tan famélico que parecía solo un espectro vestido con harapos, pero a pesar de eso, se veía tan poderoso que imponía un profundo respeto, con solo verlo. Tenía al guardia en sus brazos, ya sin vida, como en un abrazo de despedida. Lo fue soltando hasta sostenerlo con un solo brazo como si fuera una hoja marchita. El cuerpo inerte del guardia fue resbalando poco a poco hasta que cayó en el frio piso.
Sin darme cuenta, al parecer durante la batalla, la Bestia hab√≠a debilitado el encantamiento arcano que lo manten√≠a confinado, haciendo a√Īicos los cr√°neos y las gemas que adornaban la mazmorra embrujada con cada cuerpo de los guardias que eran arrojados inconscientemente hacia las paredes y rejas del sal√≥n.
__ ¬°Hola! __ Dijo al fin Agathork, no como saludo, sino como un reto. Abri√≥ los brazos, esperando la embestida de la Bestia que ya se dispon√≠a a hacerlo. La cual abri√≥ su gran hocico mostrando sus colmillos como aceptando el desaf√≠o. Yo me sent√≠a agitado y me abrazaba un ardiente deseo de que esos dos monstruos se asesinaran mutuamente. Una porque hab√≠a matado a mi familia sin compasi√≥n, que si pudiera hacerlo por mi mismo lo har√≠a, quer√≠a destrozarlo, hacerlo pedazos, pero ¬ŅC√≥mo podr√≠a? Y a la otra, porque algo as√≠ no deber√≠a existir, algo tan siniestro no deber√≠a vivir.
Lanzando un pavoroso gru√Īido ya estaba listo para saltar sobre la criatura que lo desafiaba, cuando dos saetas pasaron silbando en direcci√≥n de Agathork, las cuales fueron evadidas por √Čl sin siquiera moverse, al menos eso pareci√≥. Esto suced√≠a a la vez que la Bestia recib√≠a dos saetas en la espalda, lo que lo hizo enfurecerse y olvid√°ndose de Agathork, se volteo y cargo r√°pidamente contra los guardias dando largas zancadas mientras estos daban media vuelta para huir despavoridos. La Bestia le dio alcance al guardia que se hab√≠a quedado atr√°s y mientras destrozaba al hombre que solo acertaba a gritar y sacudirse in√ļtilmente mientras la bestia le romp√≠a la columna, parti√©ndolo por la mitad entre sus fauces como una rama seca. Comenz√≥ a correr detr√°s de los tres que faltaban. Un guardia cerraba una puerta de madera que daba a una escalera por d√≥nde sub√≠an corriendo despavoridos los otros dos. Salto hacia la puerta en el momento que se empezaba a correr el seguro, y por la fuerza y el peso de la Bestia se rompi√≥ en pedazos atraves√°ndola a pesar de lo gruesa que era. La Bestia cay√≥ encima del aterrado guardia que intentaba sacar su daga de su funda para poder matar al monstruo que trataba de asesinarlo, pero no lo consigui√≥, ya que la Bestia desparramo sus intestinos de un solo mordisco de sus enormes fauces. Despues de matar al guardia, subi√≥ por las escaleras, hasta llegar a un gran sal√≥n de fiestas en tinieblas, por donde se deslizo hasta el adarve m√°s cercano por donde salto hacia abajo al siguiente nivel, hasta llegar a un adarve cubierto por el que salto al corredor de ronda de los guardias en la muralla que daba al foso, que tenia un hedor putrefacto. Mientras meditaba la situaci√≥n dando vueltas de aqu√≠ y all√°, porque no le agradaba la idea de tener que saltar al foso que tenia la Fortaleza a su alrededor. De la nada se oy√≥ un grito de alarma, al tiempo que una lluvia de saetas y flechas se clavaban alrededor suyo desde una torre de vigilancia. La Bestia gru√Īo fuertemente en claro desaf√≠o, y se preparo para atacar, pero ya no le quedaba otra opci√≥n, y cuando estaba a punto de saltar, lo vio de nuevo en la distancia. Agathork estaba parado con altivez en el adarve de la Torre del Homenaje por donde el hab√≠a salido hacia unos instantes, lo miraba fijamente, √©l tenia en sus brazos un cuerpo inm√≥vil. Y sin esperar m√°s, salto al foso, salto hacia la libertad.
La Bestia corr√≠a entre los arboles del bosque, sintiendo la brisa de la madrugada, la sangre seca de los guardias ca√≠dos que hab√≠an salpicado el pelaje del Engendro fue limpiado con el foso y una ligera lluvia que comenz√≥ a caer. Llego a una colina de la monta√Īa y se detuvo en una saliente de roca. Entonces advert√≠ que ya no miraba a Lennard, ya no miraba las mazmorras y ya no miraba al siniestro Agathork. Yo estaba en esa saliente, al igual que la Bestia, tambien era libre. Y fue entonces que record√© las palabras de Agathork cuando sali√≥ de su prisi√≥n, y cuando desaf√≠o a la Bestia con un ¬°Hola!
No me hab√≠a dado cuenta, de lo que dijo realmente. Hab√≠a dicho, ¬°Hola Stephan! Pero ¬ŅPor qu√©?, ¬ŅPor qu√© hab√≠a dicho mi nombre? Desde el momento de mi muerte en la mazmorra, cre√≠ que mi naturaleza era la un espectro, la de un alma atormentada que vagar√≠a por el mundo insustancial de los esp√≠ritus condenados, arrastrado por mis pecados no cometidos en la frontera de lo desconocido de cualquier mortal. Pero esas palabras atormentaban mi mente sin cesar, ¬°Hola Stephan!
Instintivamente, mientras los rayos y truenos caían en la lejanía resonando como tambores, empecé a agitarme por la inquietud. Agache la mirada para verme y lo que vi me aterro, que lance un grito desesperado de negación, y solo se escucho un lastimero aullido largo y profundo. Lo que vi fue a lo más odiaba en este mundo, lo que más deseaba ver muerta por haberme arrebatado lo que más amaba. Mi ansiedad crecía, y en la oscuridad de la fría noche, entendí horrorizado, que la Bestia era yo...



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