ÔĽŅ Tres historias cronolůgicamente incorrectas. Cuentos cortos rom√°nticos
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Tres historias cronológicamente incorrectas

Autor: Diego García

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Cuento publicado el 23 de Mayo de 2016


La √ļltima.

Sim√≥n serv√≠a su t√© con lim√≥n al comp√°s de la m√ļsica que del tocadiscos proven√≠a. Las esquinas del bar gigantesco y poco iluminado repet√≠an cada palabra de esa lenta melod√≠a, y se sumaban al ambiente del afuera, lluvioso y de tristeza. Solo tres personas m√°s y el cantinero, tambi√©n perdidos en su propio mundo melanc√≥lico. La idea de matarlo no era nada conveniente, pero haber descubierto sus encuentros con ella no lo hab√≠a dejado pensar. Sim√≥n tom√≥ su t√© mientras miraba su reloj unas cuantas veces, se levant√≥ de la silla en la que estaba sentado y primero sac√≥ de su bolsillo izquierdo la billetera, dejando un billete sobre la mesa. Despu√©s sac√≥ un rev√≥lver de su bolsillo derecho, y solo girando su torso sin levantar un pie, apunt√≥ hacia la puerta que estaba a su espalda. No pens√≥ en la posibilidad que fuera alg√ļn otro cliente, dispar√≥ sin ni siquiera ver quien era.


La del medio.

Sonia no se hab√≠a levantado temprano, por eso su llegada la hab√≠a puesto en apuros. Lo hizo esperar unos minutos en el living, mientras tomaba una ducha y se vest√≠a para despu√©s poder ser desvestida. Las primeras veces arreglaban el lugar de la cita y el horario, pero √ļltimamente ya eran recurrentes los encuentros en su casa. Era peligroso, y Sonia ya padec√≠a el cansancio que llevaba su ocultamiento. Pero √©l se resist√≠a y tocaba una y otra vez el timbre. No era necesario una prenda de ropa interior suya para que Sim√≥n lo descubriera, con tan s√≥lo un pelo de su cabello rubio y abundante sobre la cama matrimonial pod√≠a delatarse. Y lo hizo. Pero Sim√≥n la perdon√≥, a cambio de la vida de Santiago. Y volvieron las citas y los horarios. ‚ÄúEsta noche, en el bar a las 8‚ÄĚ le dijo al despedirse, la √ļltima vez que ver√≠a su cuerpo con vida.


La primera.

El pobre de Santiago hab√≠a vivido en una mentira poco despu√©s de haberla conocido en ese bar. Se amaban, o eso √©l cre√≠a, por lo que hab√≠a continuado con sus encuentros, pese a aqu√©l d√≠a en el que Sonia le cont√≥ que se casar√≠a con Sim√≥n por su fortuna. No era algo que a Santiago le agradara, pero Sim√≥n hab√≠a sido muy malvado con √©l como su empleador, as√≠ que no sent√≠a ninguna pena. Y como Santiago quer√≠a a Sonia para √©l, aunque no era todo, con solo un poquitito de ella le bastaba. Estaba realmente enamorado. Al verlo salir de su casa no esper√≥ ni un segundo y toc√≥ el timbre. Sonia lo hizo esperar, como siempre. Ley√≥ sus mensajes del celular, como siempre. ‚ÄúInv√≠talo al bar a las 8, all√≠ lo har√©‚ÄĚ dec√≠a. Remitente: Sim√≥n. El ‚Äúno le√≠do‚ÄĚ lo convenci√≥, sab√≠a de lo que estaba hablando. Fue su √ļltima ma√Īana juntos, aunque le prometi√≥ verse esa misma noche en el bar, ya no la ver√≠a nunca m√°s con vida. Sin embargo, algo todav√≠a la amaba.

//alex


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