ÔĽŅ La cita del mas allŠ. Cuentos cortos rom√°nticos
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La cita del mas all√°

Autor: Hugo Alberto Pati√Īo Moreno

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Cuento publicado el 26 de Diciembre de 2011


La noche empezaba a caer y la tristeza invadía a Sofía, una hermosísima mujer que no entendía porque a la mayoría de los hombres solo les importaba la belleza de su físico, pues estaba completamente segura que podría estar explicando la teoría de la relatividad y a ellos solo les importaría mirar las curvas perfectas de su cuerpo.

Tanta soledad y amargura la hizo pensar en tomarse unos tragos para ahogar su angustia en un bar que se encontraba relativamente cerca de su casa, pero parecía una mala idea pues tendría que arriesgarse a escuchar obscenidades y proposiciones salidas de tono, aunque en verdad ya parecía acostumbrada a escucharlas, a lo cual casi siempre ella se inmutaba haciendo caso omiso.
Efectivamente cuando entr√≥ en el bar empezaron los silbidos y piropos desagradables de casi todos los bebedores habituales del lugar. Y digo casi todos porque hab√≠a un personaje bastante com√ļn y corriente, sin ninguna cualidad extraordinaria en una mesa bastante alejada que solo se concentraba en su vaso sin que tanta belleza llamara su atenci√≥n. Sof√≠a estaba sorprendida por lo inusual de este comportamiento y se dirigi√≥ hasta la mesa de este hombre para sentarse a su lado y poder ser rescatada del bochornoso procedimiento de las personas que all√≠ se encontraban. Mir√≥ al individuo y le solicit√≥ permiso para sentarse, a lo cual este accedi√≥ haciendo un gesto con su cabeza. Fue entonces cuando casi de inmediato todos en el bar enmudecieron dejando en paz a esta bella dama y a su acompa√Īante.
Luego de pedir un trago, la charla entre ellos se volvió más amena y ella se sintió un poco aliviada pues parecía que por fin había encontrado a alguien que escuchara y respetara lo que ella sentía y pensaba. Cuando se retiraron del lugar en medio del dialogo; ella notó como todos la observaban aterrados sin decir ni una sola palabra.

Todo fue maravilloso esa noche, motivo por el cual coincidieron en citarse en el parque del pueblo, en la banca central a las cuatro de la tarde del d√≠a siguiente. Ambos acudieron a la cita y cada vez las cosas resultaban mejor dando origen a una relaci√≥n m√°s que de amistad. Todo era perfecto para ellos y esta cita se repiti√≥ ininterrumpidamente a la misma hora y lugar durante un a√Īo. Ella aprendi√≥ a valorar las cosas simples de la vida, a darle un significado importante a la palabra amor, a corregir sus errores, pero aunque todo parec√≠a perfecto, una de esas tardes su amado no acudi√≥. Sofia volvi√≥ al otro d√≠a esperanzada de encontrarlo pero √©l no daba rastros de existencia. Pasaron varios meses y la escena se repet√≠a, ella asist√≠a a la cita sin falta pero √©l nunca regres√≥.


Despu√©s de muchos a√Īos y aunque ella conservaba intacto el recuerdo y amor de ese hombre tuvo que rehacer su vida y seguir adelante. Se cas√≥ con una persona que conoci√≥ y tuvo dos hijos fant√°sticos; su vida fue maravillosa y feliz, pero al pasar el tiempo su esposo muri√≥ y sus hijos tomaron el camino que toman los hijos cuando ya est√°n grandes y quieren forjar su propio destino. Ella otra vez se volvi√≥ a sentir sola como aquella tarde que conoci√≥ al personaje del bar.

Salio a dar una vuelta y de regreso a su casa pas√≥ por el parque donde frecuentemente se encontraba con el que fuera el amor de su vida. Casi se infarta cuando lo encontr√≥ en la banca del parque esperando por ella para cumplir con la reuni√≥n que tantos a√Īos atr√°s hab√≠a quedado pendiente. El estaba exactamente igual que hacia veinte a√Īos cuando ocurri√≥ su ultima cita. No hab√≠a cambiado nada, ni siquiera su ropa; era el mismo de esa √ļltima vez.


Ella le reclamó airada por su falta y le preguntó horrorizada porque no había envejecido como ella, pues su pelo en cambio presentaba muchas canas y la piel de su cara estaba arrugada con las marcas que deja el paso del tiempo. Este ser le confesó a ella la verdad de su vida y empezó por relatarle lo siguiente:
T√ļ ya me conoc√≠as desde antes, viv√≠a enseguida de tu casa, solo que no me recuerdas porque al parecer te importaba mucho m√°s lo f√≠sico y lo material y yo no pod√≠a ofrecerte nada de eso. No soporte amarte tanto y no ser correspondido y en una noche de tragos y locura me corte las venas. He estado penando todo este tiempo sin encontrar una luz que me libere, soy un alma en condena pero esta tarde vengo por ti, aunque tuve que esperar a que fueras feliz porque nada de esto es tu culpa; es por eso que aquella ocasi√≥n todos en el bar se callaron, pues pensaron que estabas loca cuando le hablabas a una mesa vac√≠a. Mi labor fue conquistarte con la fuerza de mi coraz√≥n aunque ya no latiera. Solo as√≠ podr√≠a liberarme de este castigo que no me dejaba en santa calma.

Dicen las personas que vieron a esta mujer sentada en esa banca del parque que de repente se fue quedando sin vida; pero lo que no sab√≠an es que su amado por fin hab√≠a acudido a esa √ļltima cita para llevarla por siempre a su lado.

//alex


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