El artista inservible. Otros cuentos


El artista inservible

Autor: Gabriel Múscari

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Cuento publicado el 06 de Julio de 2010


El artista debe defender serenamente su derecho a ser absolutamente inservible...¨ Thomas Merton.

¿ Acaso no pueden apreciar, lo mismo que yo, un manchón rojo en el centro de la tela, y una corrida aguachenta de pinceladas borrosas? No se distingue nada de lo que debería pronunciar la obra. Ya que sabemos, y vaya que si lo sabemos, cuál debería ser el tema del que hable esta pintura. De no ser así, de no saber, tal vez nos veríamos embaucados por algún estudioso de las artes, cosa que yo también soy, diciendo cosas como que esto es una verdadera obra maestra, porque le causa tal o cual impresión, subjetiva, claro, intangible, claro, imposible de cotejar con la verdadera intención del autor, que seguramente se jactará de las falsas interpretaciones que aquel erudito, cosa que yo también soy pero que no comparto, da a la obra sobre valorándola más allá del hecho puntual y conciso, el que gracias a dios conocemos, el hecho de que la obra no nos dice nada de lo que debería decirnos.

Yo he visto ambos procesos, y pude ver al pintor truncado en el intento, porque la pintura con caballete y todo está tirada en el suelo, lo vi levantarla de una patada, en un brote de impotencia quizás, porque no lograba más que manchones rojos y salpicaduras de agua. Por eso, porque también vi al fotógrafo, puedo comparar su labor, aunque, ciertamente, se diferencian una de la otra con tal notoriedad al contemplarlas que ni siquiera hace falta de mi exposición, mi análisis, para que, nosotros, ustedes, entiendan y concuerden de manera exacta con mis conclusiones.
En las fotografías la cosa cambia, se puede ver el drama descripto de manera avasallante. Nadie puede despegarse de las imágenes que, por supuesto, esta mañana fueron tapa de todo diario o revista o noticiero que ande o desande en cualquier mesada, bar, kiosko o revistero. Ese sólo detalle habla por todas mis palabras, aseverándolas. Dice quién es el artista valioso en esta comparación; si se me permite tal comparación, si no es motivo de burla, el que me pronuncie redundante al realzar el valor del fotógrafo corresponsal, en relación a un pintor tan alejado de la realidad, que no puede traducir una imagen tan contundente y cargada de emotividad, como la que vemos en las fotografías.
Yo los vi trabajar a ambos, vi al fotógrafo. Lo vi avanzar a gachas, mientras los disparos cortaban el aire, lo vi arrojarse al suelo y rodar, para acercarse al chico tirado en el piso. Lo vi disparar, claro, él también disparaba, ráfagas de flashes, uno tras otro: al chico tirado, a los demás corriendo desesperados... En las fotos se ve bien claro. Se ve a la mujer correr y arrodillarse en medio de la calle, hasta parece escucharse el ruido de los fusiles, es increíble. Incluso las fotos fuera de foco, en las que cabría suponer el cronista ha fallado, revelan con mayor fuerza el drama, ya que se conjugan con el drama vivido por el testigo, que saltaba de un lado para el otro, esquivando tiros y abrumándose por captar imágenes de las personas heridas o muertas que iban cayendo. No podremos saber, a menos que el autor lo diga, si fue su intención revelar en las fotos corridas, el espanto que se vivía en aquel momento. De ser así, de ser intencionado tal accionar, estamos en presencia de un verdadero genio. Un hombre que pudo apuntar calculando la intromisión de la luz, que resbala por cada toma de manera magistral; que supo captar cada momento importante de los hechos con una resumida, pero no por eso incompleta toma. Si hasta parece escucharse el ruido de las carabinas, repito.
Pero lo verdaderamente importante es, sin dudas, la repercusión de los hechos que ha logrado el corresponsal. Una repercusión tan notoria que el gobierno ya ha mandado tropas a controlar la situación en la zona, para detener estas masacres e injusticias. Tanto así han generado las imágenes. Han generado la indignación de toda la gente en sus casas que, aunque no pueda hacer mucho, seguramente brinda su apoyo y condolencias a las víctimas de semejante atentado a nuestro pueblo.

Y todo esto impulsado por el trabajo de nuestro corresponsal. Un hombre que ha cumplido ejemplarmente su labor. Un hombre que supo agradecer sobradamente todos los aplausos que se le brindaron. Alguien que agradece a los que con él estuvieron peleando allá en el caos, porque entiende que no lo hubiese logrado sin los que lo apoyaron. Ése es el ejemplo de hombres que queremos, no los otros, los que truncados en sus miserias, arrojan la tela contra el piso con todo y caballete.
Yo lo he visto entusiasta por el resultado de su labor. Hablé con él anoche, cenamos juntos, tuve ése privilegio. Decía entre otras cosas, que el hacer bien su trabajo, más allá de los premios, representaba una gratificación impagable, más allá del valor económico de sus fotos. Al momento de despedirnos, lo supe perfectamente, aquel hombre pegaría su cabeza a su almohada esa noche y sería feliz, y no le alcanzará la gratitud hacia las virtudes que la vida le ha dado.
Y así, después de exponer al hombre del día, termino hablando de quien en realidad no me hace bien hablar. Del otro. Del que vi en el lugar de la masacre correr desesperado, sin la entereza necesaria para fijar las imágenes que después volcaría en su trabajo. Y después lo vi frente al caballete, el mismo que terminaría tirando de una patada al suelo. Éste hombre no pudo pintar nada de los hechos para así transmitirlo a otros en la forma de su arte, yo pude verlo, es como si lo estuviese viendo ahora: el pintor, quiere pintar las balas cortando el aire y no puede, tampoco al chico tirado. No puede pintar al chico ni la mujer ni nada. Quiere pintar su sangre y se desangra; quiere dibujar las lágrimas y llora.

//alex


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