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Último cuento publicado

La sobra con la sonrisa

Hector A.


(9 puntos / 3 votos)


Estimado doctor xYx,

Aún sigo sorprendido por su diagnóstico y más aun con su testimonio frente al jurado. Ese testimonio que me condenó a este frio lugar.
Creí que nos entendíamos, que nos convertimos en amigos y cómplices al tener las mismas ideas, así que usted sabe muy bien por que hice lo que hice.
Aun así, será esa capacidad mía que tengo de perdonar, en mi mente siempre seremos amigos, después de todo todavía sigo sus consejos; pensar antes de hacer, tener en cuenta que las personas son más que costales de carne; aunque sigo sin poder mirarles a los ojos, esa sensación de que alguien está ahí detrás me hiela la sangre.
Cada noche antes de dormir me dan el coctel que me recomendó, y me relaja para dormir, para soñar.
El tiempo se nos fue y nunca pude terminar de contarlo todas mis pesadillas, esas que nadie puede terminar de escuchar, solo usted.
Esta es especial.
Los sueños que tenemos a veces, esos que sentimos nuestra conciencia activa y funcional pero nuestro cuerpo está paralizado, no somos capaces de movernos, sin embargo estamos aún despiertos, nuestros sentidos adormecidos, así sabemos que hay en nuestro alrededor; reconocemos nuestro cuarto entre las sombras, la textura de la cama y los olores que nos rodean; esto es lo que usted dice nos pasa a todos.
En mi pesadilla, así me siento, desesperado por moverme; atrapado en mi propio cuerpo moviendo mis ojos de un lado a otro, lucho fuertemente para librarme de esa fuerza que me somete, y de repente lo escucho. Los rechinidos de la puerta que se abre lentamente, muy lentamente, y juega conmigo cerrando y abriendo; así de repente el sonido cambia y escucho pasos que vienen hacia mí.
El sudor de mi frente escurre por mi rostro, me empujo a ver quién hace esos sonidos, a esa sombra que camina hacia mí, pero es inútil. Ahora esta tan cerca que es perceptible, ya siento su presencia aquí, lo escucho junto de mí, respirando en mi oído, en mi cuello. Trato de gritar sin éxito, el viene más cerca, ya está frente a mi rostro, y miro como su silueta se ilumina por un débil rayo de luz que viene de fuera. Veo su esquelético rostro mirándome, y esa sonrisa que tiene hace que mis huesos tiemblen; esa sonrisa… Nunca la voy a olvidar. Sus inmensos ojos me hacen saber que el disfruta de mi horror al mirarlo, se deleita con mi dolor psicológico.
Por momentos se para junto a mí, fuera de mi vista, pero sé que el sigue ahí por que escucho su respiración acelerada, emocionada. Se mueve, y siento su mirada, me analiza. Aun desesperado por moverme, lastimo mis músculos, lastimo mi esperanza y solo quiero que todo termine.
De nuevo se acerca a mí oído respira otra vez y susurra mi nombre una vez, y otra vez, y otra y otra… Siento el enfermo placer que siente de torturarme, de jugar conmigo.
Y de repente lo siento, el afilado borde de algo que parece ser algo no más que una burda herramienta de cocina, el mismo que usan para matar pollos en la cocina. Siento la punta del cuchillo a mi costado, es así como imagine se sentiría, como una aguja sobre la piel, es pequeño al principio el corte, pero lentamente lo hunde por completo sin titubear, firme. Lo mueve hacia los lados, entre mis costillas.
Me castiga por mis pecados, y ya no lo resisto más estoy atrapado en mi propio cuerpo en un mundo de dolor; ahí en las manos de ese lunático que se me asemeja.
Y soy yo el que se dice que es algo que merezco.
Viene de nuevo, y esta vez grita mi nombre a mí oído con la más horrenda voz que nunca había escuchado: ¡GREGORIO!
Su grito me despierta a la realidad, y levanto mi torso súbitamente cubierto en sudor, respirando rápidamente, y sollozando lentamente… todo fue un sueño. Uno de los más horrendos que antes tuve; y el mismo que eh tenido cada día durante la última semana.
Cuando miro la puerta aun veo la sobra bajo ella, y el dolor en mi cuerpo sigue ahí… donde me acuchillo; me levanto al lavabo, y mojo mi cara con agua fría tratando de dejar que el momento pase, respiro lentamente, después miro el espejo frente a mí y ahí están, esos inmensos ojos mirándome fijamente con el rostro aun sonriendo; disfrutando el placer de el dolor.


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