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Último cuento publicado

El paciente Arduk Vorgen.

Johan Andrés


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Arduk Vorgen pasó la mayor parte de su vida en un centro psiquiátrico, en ocasiones buscaba que el dijeran el por qué se encontraba en ese lugar vacío en el cual su espíritu estaba perturbado y no disfrutaba de la libertad, a pesar de su insistencia nunca le dieron alguna respuesta satisfactoria, sólo palabras tranquilizantes como:
-Tranquilo Arduk aquí estás bien, no le des importancia a ello-, de esta manera se sentía ignorado. Arduk no tenía familia ni amigos que le visitasen en los días designados para ello, se encontraba solo prácticamente y solía pasar días enteros delirando bajo los efectos de algunos medicamentos y era así como se calmaba.

Debo decir que los domingos días de visita siempre se arreglaba, se peinaba de medio lado además usaba un corbatín que no sé de dónde lo sacó, él se acercaba a la ventana a su vez observaba como los pacientes eran visitados alegremente por sus familiares, sonrisas y abrazos rondaban el centro psiquiátrico una bella escena de admirar, Arduk sólo podía mirar tristemente aquella situación fraternal sin saber lo que era sentir un abrazo acogedor, imaginaba alegremente que alguien entraría por esa puerta angosta y lo saludaría gratamente para así calmar su melancolía, desafortunadamente ésto era una ilusión producto de su mente desquebrantada, en realidad nadie vendría a visitarlo en su eterna soledad.

Aquella ilusión de que alguien viniese algún día se desvanecía como cuando un niño borra un dibujo imperfecto, Arduk Vorgen estaba solo y su locura se hacía notable, además de que se estaba volviendo violento, los años estaban llegando y solo se encontraba en su cuarto frió y oscuro sin ventanas en las cuales se hubiese podido distraer observando la belleza de la naturaleza, pero no podía, se encontraba atado a una camisa la cual ajustaba sus brazos con fuerza para controlar su agresividad.

Él quería ser libre, volar como las aves que adornan los cielos en los días bañados por los rayos del sol, lastimosamente sólo vagas ilusiones podía imaginar para sentirse bien, engañándose así mismo, no podía hacer nada más sólo pensar en esas fantasías para que el tiempo no se hiciera eterno en su destrozada vida.
Cuando llegaba la noche podía ver debajo de la puerta los tenues rayos que ofrecía la luna, era como si lo visitasen en su soledad, un día se dijo así mismo en su estado cada vez mas frenético:

-Me cansé de esperar por mucho tiempo a alguien que viniera a visitarme, pero me di cuenta que estoy solo, y todas mis ilusiones se destruyeron en mil pedazos, nadie puede comprender el vacío que hay en mis ojos-.

-Necesito salir de este lugar, no soporto estar más en este infernal lugar, deseo ser libre romper las cadenas que me atan a esta mezquina cárcel-.

-El miedo que siento noche tras noche de podrirme aquí se ha desarrollado enfermizo, escaparme de la vida misma parece ser la única solución, con alivio buscare dejar el miedo y dolor, finalmente habrá paz en mi alma, engañaré a la muerte sin preocupación sin alguna lagrima, quiero morir pero realmente sé que estoy muerto, la esperanza que alguna una vez sentí fue una esperanza vacía-.

Los días siguieron su rumbo como es habitual, Arduk Vorgen tomó una ardua decisión; opto por no probar bocado alguno, los enfermeros intentaban darle la comida, pero él cerraba su boca y se rehusaba constantemente a no probar alimento, una vez la sangre no se hizo esperar a causa de la cuchara que era sometida en su boca con gran fuerza, esta le hirió dejándole las encías rasgadas y la sangre se esparció en el lugar manchando la blanca habitación, una escena algo inusual.

Varios profesionales del centro psiquiátrico intentaron intervenir una y otra vez, pero al ver que todo lo que hacían era en vano y no lograban mantenerlo estable desistieron, aunque ya su semblante estaba deteriorado, así que resignados a lo peor le dejaron solo en aquel cuarto blanco sin otra opción, en ese momento pensé en las intenciones que él tenía, lo estaba consiguiendo, pero yo no pude hacer nada, todo debía continuar sin estropear su voluntad.

Hasta que llegó la mañana y con ella los vientos fríos rugían con tenebrosas voces una triste melodía invernal que rondaba en el ambiente, era algo imposible de ignorar.
Lamentablemente ocurrió lo que era de esperar, en la esquina de ese cuarto se encontraba la figura inerte de un hombre tirada en el suelo, su cuerpo mostraba algo de apreciar lo cual no es usual en los cadáveres, en su rostro pálido y ojeroso se encontraba dibujada una sonrisa.
Fue entonces cuando comprendí que murió feliz, obtuvo lo que él tanto añoraba, logrando engañar a la muerte sin preocupación sin una lágrima.


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