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Último cuento publicado

Escuchando las estrellas.

Juan David Morales Calderon


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La realidad de los sentimientos es algo tan pueril y fugaz que cada suspiro que emanan las fuerzas de algo que se define como amor tarda una eternidad en poderse olvidar, más cuando esos pequeños lapsos de tiempo definen la vida. La vida esta llenas de decisiones que definen nuestra vida, algunas para sufrimiento no dependen de nosotros.
Una mañana común, un día que insinuaba su tristeza de las cuales ya estaba familiarizado ahogado por mis infortunios pasados y la falta de motivación que mi pecho había resignado a tener. Siendo las 4 de la mañana como rutina ahogar mis penas en un cigarro que todos los días guardaba antes de dormir para ayudarme al otro día a tolerar a dosis de nicotina ese vacío tan grande, aplastando las ganas de sonreír ante rutinas diarias de postergación de deberes y suspiros reciclados sin sentido.
Disfrute cada bocanada de humo que al cabo de segundos como era costumbre despertaba en mi tos, que para la cotidianidad era culpa de ese mes tan frio y extraño debido a la proximidad de el emanar de las flores y la alegría de la mayoría de las personas, aun cuando para mi solo era un mes en el cual Jesucristo fue crucificado, de pronto por eso mi tristeza era tan divertida al pensar ideas tan lunáticas que solamente una persona sin cabales mentales podría citar con cierta luz en su sonrisa.
Baje al baño esperando que cuando el caer de las gotas por mi espalda me hiciera botar cada uno de mis camisas de fuerza de fatiga del día anterior, que como rutina esperaba que acabasen viendo las estrellas destellar con luz propia intentando buscar una estrella fugaz con infantil ganas de iniciar mi sueño después de mi deseo irreal que jamás llegaría.
Terminando mi fatigante baño y el ciclo de vestir mi cuerpo, cepillar mis dientes, y observar mis grandes ojeras que todas las mañanas me hacían pensar sin falta que mi falta de sueño me hacían cada vez más un mapache humano que caminaba entre humanos.
Ese día como era responsabilidad diaria tendría que llegar muy puntual a las 7 para presentarme al jefe de piso para empezar a evolucionar pacientes lo cual era fatigante pues tratar de adecuarse a infinidad de personalidades agotaba hasta la ultima gota de sudor intentando ser servicial ante personas que jamás pensarían de la misma forma que la mía.
Ese día después de mi turno tendría que dirigirme a la facultad a consultar los horarios de unos cursos que me habían intrigado y motivado meses atrás. Para colmo no tendría la certeza de si todavía estuviera abierta la convocatoria. Termine mi turno y sin pensarlo mas Salí disparado a ver si mi suerte todavía estaría o tendría que seguir mi plan de soledad y muerte en mi casa, debido a que me asesinaba a cuotas de 200 $ por cada cigarro que con gusto prendía. La sorpresa fue tal que fui el ultimo en inscribirme y con el animo elevado decidí descansar al lado del anfiteatro en un pasillo extenso donde todo estudiante de medicina acostumbraba a descansar, dejándose arrullar de tantas almas que en esa facultad permitían que explorasen sus restos.
Solo fueron 15 minutos de descanso, cuando mis oídos captaron algo, un sonido tan delicado y firme que solamente nublaba mi mente por así decirlo. Fue ese momento en el cual la curiosidad me hizo mirar fijamente pero sin interés para encubrir la pena que podría sentir si ese avistamiento fuese incomodo. Lo que mis ojos ese día vieron fue lo que jamás mis pupilas dejarían de desear tanto, una mujer hablando de sus rutinas, sus días alegres y como ante sus enseñanzas pueriles sus compañeros atentos intentaban comprender al igual que yo el desconocido que la espiaba curiosamente. Tenía un rostro que ahogaba cualquier palabra que pudiese intentar decir, sus labios quemaban mis ojos con cada movimiento de vocales que coordinadamente mi corazón seguía con cada latido, su piel era tan clara y delicada como nubes que abrazaban su ser.
Fueron los 25 minutos mas largos de mi vida, intentando comprender el porqué de su atracción. Había vivido muchas relaciones pasadas, encuentros fugases con mujeres mas bellas pero esa mujer en ese momento había dejado mi mente flotando, con sus destellos de alegría mi vida tenia sentido, pensé, mis deseos al cielo y aquellas estrellas fugases que tanto admiraba en las noches habían bajado y expresado su ser en alguien tan perfecto que si mi deseo se cumpliese tendría que darle un beso y cumplir mi anhelo diario, conocer la alegría.
Ese día no pude dormir sin dejar de pensarla, desesperado por saber el nombre para en un futuro ser un tonto esperando que pudiera coordinar alguna palabra solo porque llevase su atención hacia mí. Esa noche pregunte hasta el cansancio su nombre hasta que por fin pude averiguar tan perfecto vocablo “Alejandra”, fue la palabra que escribió una estudiante de primer semestre, que conocía a dicha mujer y que por gusto hacia mi fue amablemente la primera pieza de esta historia.
Hablamos cerca de 1 hora, un poco incomodo para ella que un hombre la tuviese hablando del mismo tema sin algo mas que pudiera llamarle la atención, almenas para poder animar la charla que se tornaba aburrida para ella, debido a que la estupidez del hombre ante algo superior aburre con su monotonía, dejando en claro sin decir con palabras que ella seria mi cupido. Discutí cerca de 50 minutos antes de escuchar algo que paro mi corazón y opaco mi sonrisa. Esa niña tan hermosa tenia novio, y llevaban cerca de 3 meses con aquel personaje, dejándome solo un trago amargo y una idea que toda persona en su vida se ha planteado “mi suerte es una mierda”, siendo mierda la palabra mas cercana para describir que el destino defecaba mis sueños, haciéndome pensar que en la vida las decisiones definen el curso, pero algunas no dependen de uno.
Ese día intente asimilar la idea de manera razonable pensando en que no podía interferir y más trágico aun, ella ni sabía que existía. Intente conciliar con concejos propios y frases de apoyo que leí en un foro de desamor, que deprimido consulte como recurso absurdo que todo enamorado en apuros solicita a sus dedos. Esa noche en mis sueños conciliando ante la oportunidad que perdía, decidí que las cosas importantes no se deben dejar pasar, porque el tiempo se encargaría de castigar la estupidez de no luchar por algo que podría definir momentos especiales que no se borrarían jamás.
Busque su correo y decidí entablar una comunicación, pensé en hablarle por aquel medio para no parecer aquel tartamudo estudiante de medicina que solo refería estupideces al verla a los ojos. Aquel día mande la solicitud y espere, pasaron días sin que ella aceptase la solicitud, siendo para mí los días mas largos dejándome claro por momentos que yo seguiría siendo una persona más en el mundo para ella.
Cuando por fin pude tener la dicha de escribir a distancia pero con ganas de tenerla cerca, tuve las palabras mas pausadas e inteligentes que jamás había podido decantar de mi mente tan colapsada.
Pasaron días en que no podía faltar la cita virtual, los días de preocupación por su jornada, las palabras de aliento y apoyo que brotaban con cariño, como si nada mas importara en mi vida. Dos semanas después intente acordar una cita, aunque sin dejar claro que yo pensaba tal cosa, solamente solicite haciéndome una persona interesante que la charla tenia que ser acompañada con un café, pues nada mejor que una charla mirando a los ojos y distrayendo el nerviosismo sosteniendo una taza caliente de café colombiano, pero con susto de que ella pudiera tornarse hostil ante una solicitud de un desconocido y mas ella con una relación en proceso que llevaba 90 días de momentos, cuando la mente juega a hacer conjeturas de si seria feliz y yo solo seria un amigo intenso de aquella carrera que por falta de tiempo intentaba concretar citas desesperado.
Ese día ella acepto y puntualizamos que seria a las 3 de la tarde del día siguiente siendo algo discreto de amistad, sin sentidos ocultos que se definiría solamente en conocer aquel personaje que le daba tantas palabras de aliento afirmo ella. Ese día me reuní con varios compañeros para hacer una diligencia, aunque mi nerviosismo se escapo para una junta de concejos de como podría agradarle a una chica que nublaba cualquier actitud de perspicacia que estaba acostumbrado a citar con mujeres banales.
El reloj agitaba sus manecillas como si estuvieran conectadas con mi nerviosismo, dejándome por cada minuto menos preparado, pero que no se detenía. Me dirigí a cumplir la “cita”, y pensando en como seria la primera impresión medite que tendría que ser tal como me he basado siempre, dejando a un lado los concejos que pudieran entorpecer mi conquista.
La vi venir subiendo por la calle a un paso lento sin percatar que era yo el que la había estado cortejando sin cortejarla, solamente siendo un amigo más. Venia degustando una manzana que para calmar la sensación de hambre siempre cargaba en su bolsillo esperando que su estomago le motivara a sacarla. Me presente de una manera cordial pero sin mostrar el interés que estaba sintiendo, siendo la manera mas fácil de poder congeniar con una niña acostumbrada a sentir los halagos como rutina diaria. Ese día hablamos de tantas cosas pero en mi mente solamente pensaba tomándome cada copa de licor que con decencia sugerí que bebiéramos, las ganas de decirle que daría lo que fuera para que me viera de un modo distinto. Fueron tan rápidas las horas de esa tarde hasta casi anochecer, cuando se me ocurrió pedirle que me dejara llevarla a la universidad para que asistiera a su clase de las 6, inmediatamente con una respuesta negativa, debido a que no quería que la gente de la universidad tergiversara la situación. Insistí argumentando que jamás podría causarle algún problema, solamente quería que llegase segura y sin que pasara incomodidades del transporte publico.
Todo el camino estuvimos hablando y terminando los temas que dejamos inconclusos en la tarde, pero un poco con tristeza porque seria solamente ella la que decidiría si podría o no repetirse, por lo que el trayecto lo extendí manejando un poco lento pensando en “la seguridad”. Cuando llegamos no abrí la puerta esperando que ella tampoco lo hiciera, y así fue, ella voltio su mirada hacia mis ojos y me dijo que le había fascinado la tarde de charla pidiendo que se repitiera.
Tres semanas después viví el mejor beso de mi vida y 11 meses después estamos esperando un bebe, que me ha dejado claro que la felicidad siempre esta, depende de que tan dispuesto estas a escuchar las pistas que te da la vida, pues la razón del éxito es saber definir que las estrellas están a tu alcance.


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