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Último cuento publicado

La fórmula de la vida

Nayara Paris


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-Buenos días Srta. Jones le he traído el desayuno
Abrí uno de mis ojos y visualice el cachivache robótico que tenía delante, no tenía ni idea que modelo de robot era este así que había empezado a llamarlo por un nombre que me gustaba a mí.

-Gracias Taylor.

En la pantallita del robot apareció una discreta sonrisa, dejo la bandeja encima de mi cama y salió cerrando la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido. Taylor era el robot con más pinta de robot que teníamos, normalmente nuestros trabajadores mecánicos tenían todo el aspecto de un ser humano, incluso alguno que otro era atractivo.

Atraje la colcha hacia mí, haciendo que la bandeja se acercara. Fruta y zumo de naranja natural, mi desayuno preferido. Sonreí nada más pensar en que hoy no tenía que hacer absolutamente nada y que hacia un día esplendido.

Cuando acabe con mi último trozo de melón y termine con el zumo de naranja me levante y entre en el baño donde me acicale y prepare para salir, algo fácil, un vestido verde azulado con escote corazón y por encima de la rodilla, luego cogí unas bailarinas blancas de encaje y salí de mi cuarto con una sonrisa.

Mire la habitación de mi hermano la cual estaba abierta, Marie estaba haciendo las camas y recogiendo el semejante desorden que había tirado mi querido y desordenado familiar.

-Buenos días Marie.

-Buenos días Srta. Jones

Le sonreí y seguí adelante, Marie era un cachivache muy real, tenía el pelo rubio en una coleta y unos ojos castaños claros que brillaban artificialmente. Era una de esas metálicas guapas.
Casi nunca llamaba a los robots por su modelo y mucho menos pensaba en ellos como lo que eran, solía decirles metálicos, cachivaches etc.

Baje la gran escalera hacia el salón donde mis padres y mi hermano estaban conversando animadamente sobre lo que tenían pensado para el día de hoy.

-Buenos días

-Buenos días cariño –dijeron mis padres al unísono.

-Enana -Mi hermano hizo un gesto con la cabeza.

Él siempre me llamaba así aunque yo no era tan enana, tenía diecisiete años y el apenas unos dieciocho. Mi hermano era un chico de esos que traen locas a cualquier chica que lo viera. Tenía el pelo negro como mi padre y los ojos azules del mismo, era alto y musculoso. Un chico realmente guapo y también bastante agradable pero un poco chulo al principio.

-¿Que tienes pensado hacer hoy cariño? –Pregunto
mi madre.

-Había pensado en nadar un rato en la piscina, hace un día espléndido.

-Perfecto. Tendrás tiempo de nadar desde ahora hasta las dos, luego vendrán a cenar Los Smith.

-Genial

Salí de casa y me dirigí a nuestro bonito jardín seguido de mi querido hermano, sabía perfectamente de que quería hablar. Deje mis bailarinas al lado de la tumbona y saque el vestido por encima de mi cabeza, dejando al descubierto mi bonito bikini nuevo. Era de mi color preferido, blanco, que hacía que mi moreno destacara. Había estado mucho tiempo al sol este verano y lucía un bonito tono café.

-Estas preciosa enana, procura vestirte antes de que venga Jason. –Mi hermano y sus paranoias con los Smith.

-Otra vez con lo mismo Jake, Jason es un buen tipo y tiene novia.

-Jason es un casanova y se lo que quiere contigo Alice

-Suspire cansadamente- ¿Cada vez que vengan por aquí te vas a poner así?

-Solo intento cuidarte

-Se hacerlo yo misma

Dimos por terminada la conversación y yo hice lo que tenía ganas de hacer. Nadar. Mi hermano se había ido y yo no me había dado cuenta de la hora que era hasta que vi al guapísimo Jason Smith sonriendo mientras yo salía de la piscina.

-Vaya Alice –dijo mirándome de arriba hacia abajo-
cada día más impresionante

-Gracias

Seque mi cuerpo con la toalla que James el piscinero robótico me había dejado y luego me puse mí vestido encima, hice una coleta en mi largo cabello y entre en la cocina.

-Buenas tardes –le sonreí a los Smith.

-Buenas Alice, cada día tus hijos están más guapos Margaret –dijo la Sr. Smith a mi madre.

-Lo mismo digo Verónica.

No prestaba mucha atención a la conversación, estaba distraída mirando mi pelo cuando vi entrar a un chico que no conocía por la puerta de mi casa, era guapo muy guapo, tenía el pelo castaño oscuro y los ojos irrealmente grises, era alto y tenía un cuerpo musculoso y bastante tostado por el sol. En tono adolescente, estaba realmente bueno.

Note su mirada sobre mí y una sonrisa curvando sus labios mientras el tiempo pasaba a nuestro alrededor y yo no podía apartar mis ojos de él. Era realmente hermoso.

-Hola –dijo una vez estaba lo suficientemente cerca.

-Hola

Este chico era muy extraño, no podía preguntarle a nadie quien era ya que mis padres y los Smith habían subido a enseñar las nuevas reformas de nuestro inmenso palacio, así como nuestro nuevo coche volador un C-500 el más potente del siglo XXIII.

-Eres preciosa

Vaya este chico sí que iba directo al grano…Era tan extraño, como si acabara de nacer y aun no supiera mantenerse en nuestro propio mundo. Tenía algo muy extraño, algo distinto. Algo que me gustaba.

-Gra...Gracias –dije.

-Me llamo Justin –dijo haciendo una mueca con la boca, lo que yo interprete como una sonrisa.

-Yo me llamo Alice

No tenía ni idea de quien era, tampoco sabía porque estaba en mi casa pero tenía la sensación de que no debía echarlo, de que no estaba aquí por nada malo

-Encantado de conocerte

-Lo mismo pienso

-Sera lo mismo digo

-Si eso mismo –Hizo otro intento de sonrisa

Vale, este chico era realmente muy extraño, estaba demasiado rígido en realidad. Era todo un poco confuso.

-¿Te apetece dar un paseo? –dije.

Aún quedaban unas horas para la comida y el parecía tan nervioso que pensé que le vendría bien conocer un poco todo esto.

-Si

Caminamos por nuestro enorme jardín mientras yo hablaba un poco de la casa y el no dejaba de hacer su mueca de sonrisa que ya iba perfeccionando. El apenas hablaba y cuando lo hacía no era sobre si mismo, hablaba de otras cosas más o menos normales como deportes y cosas que le gustaban hacer.

Nos sentamos en el balancín que teníamos en el porche y sin querer rozamos nuestras pieles haciendo que un escalofrió recorriera todo mi cuerpo y mis mejillas enrojecieran. Es como si fuera un imán, como si nos atralleramos.

Él se acercó a mí mirándome con curiosidad y yo note como mis mejillas se enrojecieron todavía más

-¿Qué haces?

El rozo mi mejilla con sus manos y escalofríos recorrieron mi cuerpo, al parecer el suyo también ¿Qué tenía este chico que me hacía estremecer de tal forma?

-Eres muy hermosa

-¿Quién eres? –dije aguantando la respiración.

-Alguien que no te conviene y que no debería estar haciendo esto

Soltó mi mejilla y yo sentí una sensación de vacío que no había sentido nunca en mi vida. Dicen que todos tenemos un alma gemela, alguien que aparece cuando menos te lo esperas y te cambia en unos segundo. Yo nunca había creído en eso pero no sabía exactamente qué es lo que me pasaba con Justin. En apenas una hora había sentido más sensaciones que nunca en mi vida.

-No te vayas –cogí su mano y otro escalofrió me rodeo.

-No deberíamos estar juntos.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Yo no soy quien crees, no soy para nada como tu.

-Lo he notado

-¿Tú también sientes la conexión verdad?

-Si

-No debí haber venido –dijo levantándose para irse.

Yo me levante y lo seguí hasta la entrada de la casa, no sé qué me estaba pasando pero me sentía totalmente atraída por él, totalmente como un imán.

-¿Porque te vas? Por favor no te vayas –dije rogando.

-No podemos hacer esto, somos de mundos distinto Alice, debí haberme negado a venir pero mis sentimiento no me dejaron, sabía que esto iba a pasar.

-¿Quién eres? Dímelo por favor

-Soy un robot Alice, vengo del futuro. Eres mi alma gemela.

-¿Qué? –dije en un susurro.

-Vengo de otro siglo, del siguiente. Tu exististe en mi vida pero…no pudimos estar juntos por un pequeño accidente, una mala decisión, mala suerte, no se simplemente la suerte no estuvo de nuestra parte …te quiero y no he aguantado…he querido cambiar el futuro…tener uno a tu lado pero es demasiado egoísta por mi parte tal vez.

-Hazlo, cámbialo, cambia mi futuro.

-¿Me crees?

-No puedo evitar hacerlo, siento como si te conociera, te quiero.

Si, nos conocemos de hace unas horas y ya le quiero pero como dice el, es mi alma gemela, lo note desde el primer momento, los escalofríos, las rojeces todo me indicaba que él era algo más que un simple chico, bueno que un simple robot.
Entonces Justin me rodeo la cintura con sus brazos y me acerco a él en un ligero movimiento.

Nuestros labios a centímetros, nuestros ojos conectados. Y entonces ocurrió, nuestros labios se unieron en un perfecto beso, distinto a todos los demás irradiando una luz, una luz rara y potente que iluminaba todo como si las almas se juntaran, como si mi corazón acabara de encontrar a su dueño.

Y así fue como yo deje de existir, como me transforme en otra persona distinta. Aparecí en un mundo distinto con recuerdos de toda una vida, y el, Justin, delante mía con una ropa increíble y una bonita sonrisa.

-¿Estamos…?

-Sí, estamos en el futuro. ¿Lo recuerdas?

Ahí fue donde recordé todo, recordé la primera vez que lo vi, no la primera vez en el pasado si no en el pasado más lejano, cuando yo estaba a oscuras y los brazos de Jason aplastándome, forzándome (realmente mi hermano tenía razón, Jason no era bueno). Hasta que el apareció allí quitándolo de una sola jalada y dándole un fuerte puñetazo…

Más recuerdos. Éramos él y yo juntos por la playa, paseando y riendo como dos enamorados, y luego mi hermano, mi hermano y mi mejor amiga también allí riendo y besándose. En un momento recordé toda mi vida pasada que había perdido en un accidente con mi C-930. Coche que me había arrebatado la vida.

Justin había vuelto al pasado para rescatarme, para evitar mi pelea con Jason y posteriormente mi muerte con el coche. Porque yo era una humana y habíamos pasado por muchos calvarios y miedo para estar juntos. Él había intentado salvarme ya que yo era más delicada y no era tan fácil mantenerme con vida pero no había podido hacer nada por salvarme aquel día.

-¿Ahora lo entiendes todo?

-Sí, claro que lo entiendo, me alegro de que me hallas salvado no sabes cuánto te quiero Justin

-Tanto como te quiero yo a ti, tú has hecho que una simple chatarra tenga sentimientos, tú has descubierto la fórmula de la vida. El amor.


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