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Último cuento publicado

La perdición de el hombre

Hector A.


(24 puntos / 6 votos)


Entré al cuarto sin esperar mucho; el dolor taladraba en mi cabeza inaguantable. El viejo sentimiento de depresión que se habia convertido en el fiel companero de mi soledad me era otra vez y como siempre familiar, insoportable las primeras veces, pero con experiencia había logrado convivir con ellos.

La noche anterior era en mi memoria como imágenes de agua y humo; turvias, mi mente se había encargado a travez de los años de aislarme de recuerdos humillantes que mi otro yo hacía; ese ser que tanto desprecio, del que me averguenzo tanto; el ser que me presiona aún cuando se va desvaneciendo, el que me habia llevado ahí.

Ella entró a el cuarto con un aura diferente; nostálgica e irreal. Bella como no habia visto a muchas, una belleza inesperada que no envidiaba nada. La tranquilidad que emanaba me hizo omitir lo que mis sentidos agudizaban, el dolor pasó a segundo plano; el olor a vejez y humedad en el lugar desapareció; la tenue luz roja que me recordaba hasta dónde eh caido, se me figuró como un habitad natural. Todo eso se fué y en sus ojos vi la soledad que me persigue cuando veo mis propios ojos, nunca sentí algo tan familiar aún sin decir una palabra; percibí una enorme nececidad de quedarme ahí perdido en ese mundo caótico de sentimiento.

Se plasmó frente a la cama y preguntó cual era el servicio que quería.

- 800 .
Saco su bolsa roja forrada de brillantes de fantasía; encontró un cigarro, unos cerillos y se sentó junto a mí.
- Cuál es tu nombre? .
Me vió como imaginé a alguien que te ve con una amistad de largos años.
- No importa verdad? .
- Supongo que no... te ves cansada. Estas bien?
- Estoy bien; aunque si, solo un poco cansada.
- Puedes descansar un poco aquí si quieres < Me acosté haciendo espacio para ella>.

Quitó sus zapatos, subio a la cama y halló su cuerpo junto a el mío.
La abrasé, y sentí su piel fría, sentí su falta de calor; la tome mas cerca de mí.
No sabré el tiempo que pasó, lo que parecieron como días, como si hubiera estado ahí desde antes, y desde siempre. Cerré mis ojos y perdí la noción del tiempo.

Al despertar, su rostro estaba frente a el mío, me miraba; una mirada curiosa, una mirada genuina.
Se acerco a mí y besó mi cuello muy lento, sentía su respiración muy cerca y la escuché como la unica cosa, como el único sonido en la habitación.
Puso su cuerpo sobre el mío. No pude resistirme y la tomé. La tomé con la esperanza de que el momento fuera infinito. El fuego encendió nuestros cuerpos hasta extinguirse en un momento que nos hizo temblar.
Abrasados los dos, de frente, ella rozó mis labios con los suyos sin besarme, un roce no mas fuerte que el del viento; como una pincelada que marcó una nueva experiencia.

Su cuerpo aun pegado al mío cálido y húmedo se posó a mi lado de nuevo; se irgió a tomar su bolso, prendio otro cigarro, me ofrecio uno; lo tome sin dudar y me ayudó encencerlo; exalé el primer supiro. La miré y me miró; ese instante es el que veo como si fuera una tercera persona, el que veo desde el rincón de la habitación, presenciando una situación indescriptible.

Sin poder contenerme hable mis dudas, esperando que ella no se molestra.
- Por que trabajas aqui? Eres tan bella, podrías hacer cualquier otra cosa. < Pense que tenia potencial de hacer algo más, algo importante>. Me miró sin una pizca de enojo ni sorpresa, con tranquilidad e inteligencia.

- No hay razón por la que yo este aquí; ni por la que yo no deba estar aquí.

No pude contener mis manos, acaricié su rostro suave y firme. Ella miró a la nada, sumergida en sus pensamientos. Me habría gustado tanto saber que es lo que pasaba por su mente, si pensaba lo mismo que yo, si sentía lo mismo que yo; una cosa si supe, sintió agrado por mi; lo sé, por que beso mi frente al salir, antes de cerrar la puerta me sonrió y dijo: "me dio mucho gusto conocerte", se fué; perdida para siempre, perdida en pensamientos, en un momento del tiempo; y yo sigo ahora ahí; fumando cigarro junto a ella.


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