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Último cuento publicado

La luz a mi costado

Ana Laura


(8 puntos / 3 votos)


El día me había resultado agotador y adormecía en mi cama, cuando vi brillar una luz a mi costado, no le presté atención, estaba demasiado cansada.
Pensaba en que mañana sería un día largo y necesitaba dormir, en que había tenido suerte en encontrarte y en que necesitaba dormir, en que mi jefe me había encargado un millón de cosas más antes de mis vacaciones y que lo odiaba por eso; Pero la luz se hacía más fuerte y me hacía más difícil la tarea de dormirme, intenté no abrir los ojos porque si lo hacía tendría que obedecer a un montón de reglas y contar ovejas hasta poder cerrarlos de nuevo.
Me hamacaba en mi cama, y suavemente era llevada por esa luz tenue, todo se sentía extraño pero si abría los ojos debería ser obediente a mis necesarias reglas y ahora sólo quería dormir. Me sentía en un mar, las gotas de agua enredándose en el viento, vos a mi lado, como hace tiempo no lo estabas… Pensé en que quería verte ¡Pero no! no podía abrir los ojos, me decías algo, quizás que me querías pero tampoco podía responderte… Pero ¿Por qué te vas? Quédate conmigo, aunque la noche me haga ciega y muda y aunque no pueda moverme y no pueda tocarte… No es que no quiera, es que no puedo…
Parece que no toleras mis detalles, nadie los tolera y yo tampoco, pero ellos me mandan y soy yo su súbdito. Te pienso antes de dormirme, temo que me deseches, que te hayas enamorado de otra, que me digas que no me soportas, que me avises de un viaje al exterior o simplemente que no quieras mirarme.
La luz se hace más fuerte y ahora un sonido corta el silencio de mi habitación. Abro los ojos asustada y veo tu nombre en la pantalla de mi celular; Me deseas buenas noches y me dices que me quieres, temo que tenga un sentido irónico y busco un tequila, un cigarrillo, cierro todas las puertas las reviso de nuevo, miro la medida y veo que me excedí unos mililitros vuelvo a servirme, ahora está bien, el cigarrillo ya va por la mitad, no me gusta fumarlo cuando ya comenzó a consumirse, enciendo uno nuevo y doy tres pitadas hasta que me conforma haberlo empezado, miro tu mensaje, temo y veo el fin acercarse. Lloro, lloro desconsoladamente. Quisiera llamarte pero me dijiste buenas noches, ya no puedo llamarte tendré que esperar hasta mañana y para mañana tengo una montaña de papeles esperándome en mi escritorio…


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