Una vida distinta.... Otros cuentos


Una vida distinta...

Autor: Martha Susana

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Cuento publicado el 02 de Abril de 2010



De niña la vestían con faldas llenas de volados, siempre en colores pastel. Su imagen se parecía a la estampa de una virgen niña...los ojos enormes, de mirada profunda, nunca mirando hacia un lugar determinado... Sus cabellos rizados y oscuros, la tez pálida como si jamás hubiese visto el sol... Se paseaba por el atardecer de los domingos, sola, cuando las niñas de su edad andaban en grupo jugando y riendo...ella, hasta parecía que caminaba con solemnidad, seria y enjuta, daba vueltas por los mismos sitios que las demás, pero tratando de esquivarlas... Se supone que las niñas se burlarían de ella, ya fuera porque era distinta o por que decían que no era del todo normal... En la adolescencia, comenzó a imitar los modelos de la televisión, y no había prenda que, por mas ridícula que fuera, ella no copiara, y salía a “lucirla” los domingos... Burda copia, pero notable el parecido,- “mira se vistió como la Oreiro, antes lo hacía como Andrea del Boca”...- se comentaba que ella misma cosía sus ropas, caso raro ya que en la escuela fue imposible hacer que aprendiera a leer y escribir... Pero tenía sus habilidades...
Pronto la vio el pequeño poblado en que vivía, todos los días, merodeando por la iglesia, no fue difícil entender que se había enamorado del joven sacerdote... En misa arreglaba sus cabellos se miraba en cuanto reflejo encontrara, sonreía cuando pasaba cerca de ella, el dueño de sus amores...
Con el paso de los días, comenzó su cuerpo a necesitar no sólo de fantasías, sino de realidades... no había muchas probabilidades de conseguir un novio como Dios manda, o al menos como el cuerpo pide... Entonces encontró lo que encontró; un viejo decrépito maloliente, que aprovechó de su casi inocente necesidad física para iniciarla en el camino del sexo... Fue probar los deleites de la carne y no parar de saciarlos... Donde había muchachos reunidos, allí estaba ella saturándoles, haciendo y permitiendo una orgía de placeres interminables... Algunos de ellos, se resistía con vergüenza, y hasta dolor por considerarla tal cual era, una pobre muchachita con falencias en su mente... Hacia allí iba ella, con sus urgencias a satisfacerse ante el rechazo y obligando casi, al más remiso... Con nadie hablaba, con nadie ni siquiera con los hombres con quienes mantenía esas relaciones absurdas y vergonzantes... Ella había adquirido una habilidad en cuestiones amatorias, que pronto era requerida por los más exigentes en el tema. Los varones, sobre todo los jóvenes se burlaban de ella, pero de a poco fueron reconociéndole, su pericia en la materia, y sin decirlo abiertamente, trataban de ganarse una salida con ella... Nunca se negaba, era la amante perfecta, no molestaba con presunciones, no se quejaba de nada, no celaba a nadie ni le importaba con quien saliera cada uno de sus ocasionales amantes...
No se percató de las posibles, casi seguras, consecuencias de la conducta que llevaba, seguramente jamás habría oído hablar de anticonceptivos de ninguna clase, tampoco debió pensar en la posibilidad de un embarazo... Pero, sí, pronto comenzó a ensancharse su vientre, tan alta y delgada como una espiga, su cintura fue desapareciendo... Dando espacio a esa nueva vida, que vaya a saber quién había engendrado... Era como ver a una “madonna” esperando a su niño... Se había vuelto bella, de pronto, su cuerpo parecía dorado y era una efigie su perfil... Realmente hermosa, la maternidad en ciernes la había dotado de un extraño sortilegio, difícil de encontrar, en otras mujeres embarazadas... Plena, esa era tal vez la palabra que alcanzaba para nombrarla...
Un amanecer, cuentan, que casi sin dolor parió a su primogénito, lo miró largamente, y como casi siempre había vivido, sin palabras, se fue de este mundo... A minutos de haber nacido el niño...



Lo había bautizado Juan María, ya que nació el día de la Asunción de María, su abuela, aquella anciana...casi desconocida de tan callada y triste... Quiso, tal vez reconciliar su nacimiento con la Santísima Virgen, por lo que le puso su nombre... Se alegró que fuese varón, esto fue su consuelo, que consideró, era una posibilidad de estar mas tranquila...
No fue un niño revoltoso, ni siquiera lloraba. Se acercaban a su cuna y el solía estar despierto, sin hacer ni un sonido, sólo el hambre de una tardía mamadera lo sacaba del ostracismo en el que vivía... Luego la escuela, alumno aplicado, no brillante, impecable en su humilde vestir, capaz de tomarse la responsabilidad de visitar a un compañero enfermo para alcanzar la tarea...
Al comenzar catecismo, todo el mundo a su alrededor notó que había anclado en aquel lugar... Se lo veía entusiasmado, ávido de las clases en que la catequista les mostraba, sin mucho conocimiento y menos pedagogía, la vida de los santos, las leyes de la iglesia, y todo aquello que le develara el misterio de la vida espiritual...
En la adolescencia y cuando ya había quedado solo en el mundo, la anciana abuela un atardecer calladamente, como había vivido... lo dejó... partió hacia donde él tenía puestas todas sus esperanzas... Decidió, entonces, enfrentar a ese mundo desconocido y sacrificado del noviciado, del que le habían hablado... Alguna autoridad, conociendo su predilección por todo lo que venerara a Dios, se lo propuso, y él sintió que ese era su lugar... No debió luchar ni con el desarraigo ni con las necesidades físicas propias de la edad...Éstas no existían para él, y nunca había estado adaptado a ningún lugar en el mundo...la obediencia era una de sus virtudes, allí llegaba y esa sería su vida...
Le habían contado, sin mucho cuidado, de la vida licenciosa de su madre, casi una chiquilla, él no era quién para juzgarla... No se había molestado por ello... pero alguna vez pensó quién sería el desalmado padre, que no reconoció sus deberes para con él... tampoco lo culpó...
El tiempo en el noviciado pasó, siempre atento a su vocación, llegó el día en que se consagraría al Señor... Los demás compañeros, alborotados, entusiasmados por la solemne ocasión eran visitados casi a diario por sus familias respectivas, mientras, él que no tenía quién hiciera planes en cuanto a vestidura o hábito... Oraba, sólo quería ser un buen sacerdote, nada más que eso pedía en sus interminables oraciones...
La ceremonia había tenido más brillo que el deseado por él...que estaba acostumbrado a la sencillez... Algunos de los presentes ni notaron su presencia... Sólo una persona desde lo alto de la escalinata de la iglesia, vio sus ojos, y en ellos reconoció la infinita ternura de una niña-mujer... Aquella niña que se había metido en su lecho... una noche en la que él y sus amigos festejaban un cumpleaños... con unas cuántas copas de más y una juventud imposible de dominar, lo obligaron a dejar de lado las promesas de celibato, y aquella nefasta noche, en que la muchachita se regalaba a él, creyó que toda su vida entregada sin ninguna duda a Dios, llegaba a su fin... Pero las luces del día y el transcurrir de ellos, volvió todo a la normalidad... confesó su pecado, recibió sin chistar la penitencia y tras largos días de vergonzoso silencio, todo quedó olvidado... Hasta hoy, en que ese muchachito, (ahora en más sería su colega) le trajo a la memoria a aquella pequeña muchacha... Miró sin darse cuenta sus manos, y reconoció una réplica de las suyas... No tuvo dudas... Era el fruto de su pecado...que volvía ¿a qué?...



//alex


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