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Que molestia, aguantar todo el tiempo a esa niña. Asistimos a la misma escuela por desgracia. Esta vez me lanzo una piedra en la cabeza y siempre es lo mismo. No la soporto, cada vez que me dirijo a la escuela siempre me molesta arrojándome piedritas, gritándome, todo el tiempo peleamos y no la soporto. Quisiera tirarle de las orejas por las travesuras que me ha hecho. Pero no quiero tener problemas con sus papas. Cada vez que cruzo las vías del tren es lo mismo, y tal ves me agrada su cara, pero la furia que tengo sobre ella sobrepasa todo cariño que se le pueda tener a ese monstro.
Pero esta vez fui preparado para defenderme de allá; cruce las vías del tren y como siempre me dijo que no pasara por su territorio, y me lanzó una piedra, entonces saque mi piedra para lanzársela y por fin poder vengarme. Ella se dio cuenta y se echo a correr, así que corrí tras ella. Corrimos por los rieles del tren, y en los huecos de los rieles caímos precipitadamente. Empezamos a reprocharnos por esta situación y atábamos asustados por que no podíamos escapar de los rieles. De pronto el tren rugió a lo lejos, y conforme se acercaba a nosotros gritábamos a toda garganta. Era inútil el tren no escuchaba nada. Y con las gargantas secas esta niña dijo que quería decirme algo muy importante, y yo me esforzaba por escucharla, pero las llantas del tren no le dejaron decir esas palabras, y a mi, no me dejaron escucharla.
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