Berenice.... Otros cuentos


Berenice...

Autor: Martha Susana

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Cuento publicado el 17 de Marzo de 2010


Mientras el señor que estaba sobre ella le preguntaba, acariciando su vientre, si había tenido hijo... ella recordó las recomendaciones de la señora: todo debía decirlo cómo si fuera dictado por la pasión, dijo: -si, uno…- cómo si así de sencillo hubiera sido tenerlo y perderlo… eran las reglas… su voz sonó como si dijera “soy capaz de procrear,” “¿te interesa?”… esa era su voz, su mente estaba lejos, muy lejos del prostíbulo en que su cuerpo se movía… ¡Cómo había aprendido a desprenderse de su cuerpo y hacer que, su alma, su corazón quedara lejos de todo aquello...! De pronto el “cliente” pidió algún detalle que ella no era capaz de conceder,_ “porque no vino con la Maty, ella es para eso, yo no., usted lo sabe”…_ el hombre le dijo:_”está bien, pero al menos no me digas usté… Chinita de porquería…”_ la volvió a besar, la obligó a abrir su boca para recibir en ella la lengua áspera y maloliente de él… dócil como una yegua acostumbrada al molinete, hizo lo que él le mandaba, al final no era de los peores… algunos hasta llegaban a pegarles, no sólo a ella que, cómo decía la doña, era medio sonsa, sino a todas, hasta a la Matilde, que era brava, le pasaba, que alguno le sobara el lomo, cómo a un animal… Pero ella , había aprendido que cuándo peores se ponían las cosas, ella embarcaba en un pequeño y ficticio avión que la llevaba a volar por el aire, ponía su motor en marcha y salía despedida, por el éter, hasta llegar al mismo cielo, a veces al mismo infierno…Según… Hoy parecía querer llegar al infierno, con esa pregunta de si había tenido hijos, le revolvió las tripas, las del corazón. Ella era bruta, pero sentía… sí, que sentía… Nadie le haría olvidar jamás “aquel día en que muerta de miedo enfrentó a su padre, que le decía _ usté chinita- conteste- a que se debe esa panza de hembra preñada que tiene últimamente? Ella que creía que nadie se había dado cuenta le contestó _“yo no sé”…_ _ “si que sabe, mándese a mudar de este rancho, aquí no hay lugar para mala hierba, ni menos, pa´ guachos…”_Había caminado largo tiempo hasta que de pronto todo se le hizo olvido… se le terminó el mundo cayó como en un hoyo oculto y negro, del que cuándo volvió se le había ido el fruto que acunaba su vientre… ni dolor sintió… alguien hablaba a su lado _“se salvó de cuete, si no hubiera sido por el Ismael, no contaría el cuento”_ Después supo que la encontraron cuándo se desangraba en la falda de la colina, que el niño que guardaba en su seno, la había abandonado… y mucho después supo, que se había llevado con él su fecundidad… Ya no era posible para ella el milagro de la maternidad, a los diecisiete años ya se le borraba la posibilidad de acunar el sueño del hijo propio que tienen casi todas las mujeres… La pucha, la vida era amarga con ella, estaba sola.

Esa muchacha, la Matilde, era gaucha, si, pero muy audaz, la invitó a compartir la pieza que ocupaba en la casa de la doña, pero ella ni pensó en lo que había que hacer, ¡si ni siquiera sabía que existían esos lugares...! Recordó la primera vez que la mandaron a un cliente, escupió mil veces, dijo que no podía, el hombre le dio un coscorrón y se largó sin más, la doña enojada, le endilgó que así se quedarían sin parroquiano. Casi la hecha aquella noche…

Después aprendió a volar… cada vez que tenía que “ir” se metía en una nube de fantasías, ponía el “motor” en marcha, agitaba sus alas, alargaba los lazos que la unían a los sueños, y allá iba, derecho al cielo de los infortunados que no tienen otro camino que el de las quimeras… Ya ni se daba cuenta de lo poco afortunada que era, no había nada más que eso para ella…
Pero cómo nada es estático, todo tiende a moverse, a cambiar, cuándo casi nadie lo cree llegan los cambios. El marido de la doña, hombre acostumbrado a vivir de los favores femeninos, hacía tiempo que la miraba con ojos desviados hacia el placer… Berenice, lo notaba pero sabía que él no se atrevería nunca a traicionar a la doña, porque ésta lo mataría…
Todo sirve, esto sirvió para que el Ismael, aquel muchacho humilde que la supo encontrar cuándo casi estaba muerta, se atreviera a desafiar al otro, a decirle _”no la jodas a la Bere, ella no te molesta a vos, dejála vivir, no ves que no tiene ande ir…”- _ y llevátela vos, si no tiene”- le dijo el Juancho,- “que te la comés con los ojos,”- ella escuchó sin que la vieran, entonces empezó a ponerle el piloto a su avión de sueños… Ismael se convirtió en el patrón de sus ilusiones, claro, no cómo las de antes, aquellas que acunaba cuándo se enamoró del Raúl…que hizo con ella todo lo que quiso y terminó burlándose, la vez, que lo acompañaron sus amigos… Eso fue otra cosa, con el Ismael era así, ella soñaba con alguien que abriera los brazos para cobijarse en ellos… que alguien cuándo tuviera una pesadilla la despertara suavemente y la hiciera sentir segura, a su lado…
Lo pensó cuándo él se le acercó para decirle si quería que pasaran juntos un tiempo _“pa´probar, viste”? _ Porque no era fácil decirle_“vos sos mi consuelo, nada más”_Pero tentaba la idea de salir de aquel lugar pecaminoso, al que por propia voluntad nunca hubiera entrado… le tuvo lástima al Ismael, si sabía el hombre, la vida que llevaba ella! ¿Porque no buscaba a una muchacha limpia y pura? Bueno eso era problema de él, no? Al final le aceptó la propuesta, sólo para probar…
Cuándo ya estaban juntos, cuándo la doña, la había dejado ir a pesar de recriminarle que cuándo tenía hambre ella se lo había quitado… ahora se iba, dejándola con una muchacha menos, que aún cuando valiera poco, era una más… Igual, se fue a la casita humilde del Ismael, ahí limpiaba con esmero, lo esperaba con la comida calentita, y hasta hacía unas costuras con la vieja máquina de coser, que habría sido de la madre de él… todo iba bien, ella ya no tenía que “salir a volar” cuándo la requería en amores, sólo lo dejaba hacer, tratando de cumplir su rol, hasta con alegría…
Una tarde en que el sol se había escondido tras una tormenta, haciendo noche del día. Sintió ella cómo un presagio… caminaba despacio, por detrás del rancho, para ver llegar la tormenta…cuándo escuchó, clarita, la voz del Ismael decirle al chango que lo acompañaba: “no, hermano, no es que la quiera, sólo le tuve lástima, si es cómo una oveja de mansa y buena! Y… ¿sabés? también lo pensé por el lado que ya no puede tener más críos, si yo no quiero dejar en herencia este pobrerío… Eso fue lo que me decidió a traerla conmigo… Sólo eso… nada más…




//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-05-08 08:18:12
Nombre: hector
Comentario: Me gustó mucho-Lo que se perdió el Raúl-Personaje de ficción,utilizado también enLa Casa Heredada-No dejes nunca de escribir,porqué sinó no encontrarás el mar,tras las hojas de lino-


Fecha: 2010-03-19 19:06:22
Nombre: arturo
Comentario: Tan real como la vida misma. Esta tan bien contado que no parece un cuento. Mi enhorabuena.


Fecha: 2010-03-17 17:40:53
Nombre: César Muñoz.
Comentario: Otra vez nos complace Marta con un relato que es pura calidad. Incluso más completo que el anterior.
¡Te lo tenías calladito, Martha Susana! Felicitaciones. Te exhorto a que continúes.