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Mimos- (Estatuas vivientes)
Martha Susana
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Las cálidas noches de Brasil eran ideales para las recorridas por la costanera, los árboles, la música, los veraneantes! El clima festivo, todo, todo era propicio para lo turistas que noche a noche paseábamos hasta que la misma envejecía y comenzaba a transformarse en día…
Una de aquellas veces descubrí a una pareja de mimos, todos vestidos de blanco, el rostro, pintado de seda nívea… inmaculada… Eran bellos, casi ángeles, se notaban que se amaban con sólo mirarlos, vestidos con sus trajes ideados a través de la mitología, mitad arte y mitad ingenio… Instalaban su rutina en una calle alborotada por el andar de la gente…Con su mutismo y quietud que sólo rompían para agradecer con gestos, la moneda que caía ruidosa en una charola puesta ex profeso… El tintineo, al caer, los movía a una especie de danza suave y dulce, que sólo ellos podrían hacer… Todas las noches, sin falta los encontraba, casi los buscaba, era tal la ternura que despertaban en mi… De tanto observarlos noto que la jovencita, tenía un brazo más abultado que el otro, como deforme… Al averiguar, me dicen algo de ganglios linfáticos, de cáncer de mama… Aquel día comencé a buscarlos con mas afán que nunca, hasta que la última noche… ya volvíamos al día siguiente, anduve aquellas calles de arriba abajo, sin encontrarlos, había escrito un breve poema para ellos, pero inútil! Ya no estaban… Sentados en un bar veíamos a otros artistas hacer sus números en pos de la retribución poco generosa del fin de quincena… Un nudo en la garganta me oprimía, nunca mas vería a esos jóvenes, que ya me reconocían de lejos, que sabían de mi placer por verlos, que besaban mi mano en graciosa compensación por la moneda pequeña a sus donosos giros y gestos. Ya me resignaba a no volver a verlos cuando, a mi lado, una pequeña mujercita, bella como ninguna, se toma el brazo del doble tamaño del otro, y sus ojos encuentran los míos, casi con llanto me dice:- no me tengas lástima- a cualquiera puede pasarle, ojalá que no, pero puede pasarte a ti- No supe que contestar, sólo atiné a pedirle que siguiera hablándome, que no era lástima, que casi era como si fuese mi hija, que le prestaba mi alma para apoyarse en ella… Terminó en mis brazos, contando cómo le había ganado al destino unas vacaciones impensadas e imposibles, contra todos los presagios… Y el amor de su vida, ese muchachito que había trucado un documento para pasar la frontera y vivir con ella el tiempo póstumo que le robaban a la vida…Allí estaban, asustados al ver que se acababa todo… Que no había ocurrido el milagro que esperaban, pero igual se amaban… Se encaminaron, hacia la vida nuevamente, vistieron sus ropas albas y siguieron mostrando el arte de su encanto, hasta el final…
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