|
Señor García
Andres Rua
 (10 puntos / 5 votos)
El señor García, dueño del inmueble en el cual vivo, toco a mi puerta esta mañana. “Asuntos de dinero, pensaba yo”; o tal ves viene con algun plomero para solucionar el problema del baño. O bueno, también supongo que viene a conversar el señor García conmigo; hablarme de la penosa enfermedad de su mujer o a renegarme por la radio que no dejo de escucharla a un volumen pesado en media noche. Cuando llega a estas horas de la mañana yo debo tenerle el dinero encima de la mesa; si no viene molesto por la desvelada que le hizo pasar mi equipo de sonido, hablaría conmigo del futuro tratamiento que le harán a doña conchita en unos mese en estados unidos. Pobre doña conchita, y pensar que yo el fui el primer huésped que la conoció; que antes de soportar las madrugadas con el marido, soportaba las de ella, pero eso si, muy gentilmente y sin Sodoma. Recuerdo que ella me hablo de problemas con el viejo, que los años no le habían llegado solos y sanos y se convirtió en todo un cascarrabias. A mi me habría gustado que hubiera sido ella la que viniera cobrarme el alquiler. Con ella se puede charlar muy tranquilamente y hasta comiendo huevos con salchichas que yo mismo preparo. Ahora me imagino que tengo que recibirlo con el dinero en mano y mas le vale al viejo llegar con el plomero porque el piso de mi baño últimamente mantiene inundado. Claro, es que ya me lo había prometido el mes pasado que llego y toco mi puerta como cualquier perro por su casa y maldiciendo su vida conyugal con doña conchita; y ella tan buena que es.
Ahora que doña conchita esta enferma solo viene enojado y exhausto; primero que a cobrarme los dos meses que llevo en mora ( y yo le insisto al viejo que la ultima mesada se la pague a la vieja, que esos si eran buenos tiempos, no ahora, y el renegándome de mala manera que por favor le pague, que no ha visto ni un centavo en sus manos ni en las manos de la vieja), y segundo que por favor le baje el volumen al equipo de sonido que ya esta hasta el cuello con esa música y en esas horas de la noche. La otras ves por fin llego con un plomero; pero tuve que detenerlo cuando pretendía cruzar la puerta para mostrarle el desperfecto de la tubería porque aun no había vaciado el sanitario. “Pero señor déjeme pasar que no traje ni para perder el tiempo ni para hacer visita al plomero”…”Solo un segundo señor; permítame un segundo”. Entraba rápidamente al baño, dejaba un poco cerrada la puerta para que no me vieran y luego oprimía el botón de la derecha (que afortunadamente no estaba descompuesto) del sanitario, para luego suprimir toda esa repugnante mierda de dos días. Eso si, el olor ya no podía solucionarlo. El plomero entro y me miro como culpándome de algo. Mientras tanto, yo en la habitación charlaba con el señor García. No esperaba que me dijera que el otro mes debía marcharme por una remodelación en el inmueble, y porque además pensaba venderla para irse con conchita para los estados unidos a su tratamiento. Procuré mantener la calma y no desesperar al señor García. ¡Pero señor García, no puedo irme ahora; además no sabría a donde ir. “Eso no es problema mío señor, necesito irme lo mas rápido posible con concha y para eso me urge vender el inmueble.” Yo ni modo; no podía discutirle al viejo por algo ya decidido; el es el dueño y hace lo que le venga en gana. Yo pensaba en la pobre de doña conchita, muriéndose de dolor en su cama, sin imaginarse que ya vendrían días y dolores peores.
Repito que me habría alegrado que hubiera sido ella la que llegara a cobrarme cada mes. Cada vez soportaba menos a ese viejo que ella llamaba cascarrabias. Aunque si me daba un cierto pesar porque aunque malgeniado y todo el señor García tenia su algo de humor negro y no niego que hubo mañanas que disfrute de su afanada compañía. Y mas con doña conchita, a la que no volvería a ver; una enfermedad como esas es una cosa delicada y no creo que el viejo García tenga la chispa de dulzura para traerla viva y aliviada de nuevo. Con todas estas cosas yo ya soy más considerado con la pobrecita y le bajo al volumen de mi equipo de sonido. Si no fuera por ella, por el cariño y la estimación que le tengo, le pegaría esos dos parlantes a las orejas del señor García en la mitad del sueño. A los días llegaron los dos y no tuvieron que tocar a la puerta porque yo ya estaba en ella; con mi maleta en la mano. Doña concha me sonrió; yo también. El señor García como siempre haciéndome mala cara. Dejamos la casa como preparándonos para unas largas vacaciones. Lo triste de todo es que solo uno volvería a encontrarse nuevamente con lo que un dia fue bello. Recordara a ese huésped moroso que ya no habita su propiedad privada. Recordara con profunda nostalgia a la noble esposa que lo llamaba cascarrabias y que ahora esta enterrada en suelos extranjeros
|
¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario aquí
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado. Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)
|
|