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I capitulo.
Desperté tras caerme estrepitosamente de la cama,tanteé la mesa en busca del botón que apagaba el despertados y lo pulsé.
Era verano y me iba a ir en barco sola hasta una isla que no sabia siquiera donde estaba, me levanté algo frustrada y me vestí. Bajé las escaleras corriendo, y al atravesar la puerta de la cocina esbozé una sonrisa fingida, con aspecto de desear con todas mis fuerzas irme a esa isla perdida en medio del océano.Entonces mi madre tan alegre y sonriente como siempre, preguntó
- ¿Qué,ilusionada?
- ¡Claro!- exclamé con la mayor euforia que pude entonar.
- Perfecto- comentó mi madre alegremente.
Subí a mi habitación cogí las maletas y baje. Me despedí de todos y salí por la puerta en dirección a la parada del autobús. Llegué hasta el puerto. Firmé unos papeles y me subí al barco.
- Tenía que ser en barco- Me quejé, dado que los barcos me mareaban, y tardaría cuatro días en llegar.
La bocina del barco sonó estrepitosamente a mis
espaldas y comenzé mi viaje.
Ya se acercaba el atardecer, posiblemente la única cosa que me gustaba del barco, con su inmensa cantidad de diversos colores que teñían el cielo y las nubes, y que reflejaban su perfecta luz en el mar. Sin enterarme la infinita masa de gente fué a sus camarotes, miré a mi alrededor, no había nadie, empezaba a desaparecer toda la luz existente, así que me dirigí a mi camarote y me dormí.
Me desperté de madrugada,estaba un poco mareada.Todavía estaba oscuro, me calzé y subí a la cubierta del barco para despejarme un poco y aclarar las ideas de porqué había venido de vacaciones en vez de irme con mi familia a los distintos museos de la ciudad, Está claro porqué. El primer rayo de sol me iluminó la cara, alzé la vista, y vi la figura de alguien apoyada en la baradilla. No me había fijado de que había estado allí todo el tiempo, así que me abroché el jersey y fuí a hablar con él.
Estuvimos hablando hasta que todos los pasajeros salieron hacia el comedor.Nos dirigimos hacia la puerta y tras aparecer el último rayo de sol de la mañana, me giré y no estaba. Esperé ansiosa a que llegara el anochecer para poder encontrarme con aquel chico de mi edad con tan perfectas facciones,pero no apareció. Así desesperada de buscarle toda la tarde y no encontrar nada, me dormí en un banco de la cubierta.Esta vez no me deslumbró un rayo de sol, aunque esperanzada abrí los ojos. Tan entusiasmada de poder encontrarle que al principio creí que sólo me lo imaginaba. Allí estaba, situado justo donde me lo encontré ayer. Aunque algo muy extraño ocurría, su piel era translúcida y sus ojos carecían de iris.
Al cabo de unos segundos, me cegó el primer rayo de sol, y al abrir los ojos de nuevo, ya era norma.
- Lo he visto todo- susurré temerosa. El se giró levemente, me miro con sus ojos color rosado llenos de lagrimas y me acarició suavemente. Entonces todo ocurrió muy deprisa.
- Nos volveremos a ver, te lo prometo- sollozó al ver mi casa de asombro temor e incluso pasión.
En ese momento se subió a la barandilla y saltó al océano. Corrí hacia él, peroya era demasiado tarde, me asomé pero se había marchado. Grité su nombre pero nadie salió. Noté una mano en mi hombro y ilusionada, pensando que era él me giré rápidamente.
- Policía del barco,necesitamos que nos acompañes por favor- exigió uno de los hombres altos y delgados que se encontraban tras mi espalda.
Miré hacia donde aquel chico se tiró, y tragué saliba mientras me llevaban del hombro. Miraba allí pero no había nada, ni un simple trozo de ceniza, nada.
II capitulo.
Me tenían retenida tras cuatro paredes, sin hablar con nadie, sola, pero no sentía miedo, me sentía angustiada, angustiada de todo lo que había pasado tan sólo en una mañana acompañada de un sol saliendo de madrugada, acompañada de esa persona que tanto me Hizo sentir.
Atizé la puerta, que carecía de ventanas hasta que me abrieron.
-¿Que es esto?- Grite amargada.
-La han denunciado, ahora acompañeme señorita- rogó el policía.
Con las manos esposadas, me dirigeron hasta una habitación y me preguntaron el motivo de mi arresto.
-¿Qué por qué he gritado? ¿ese es el motivo por el que me han encerrado?
- Limitese a contestar las preguntas señorita- Se regodeó el policía.
-De acuerdo lo contaré- dije entonces.
Conté la historia mientras miraba a un punto indefinido, recordaba su maravillosa piel dorada, sus ojos rosados, su pelo rubio...
-Señorita termine la historia- chilló irritado el policía.
Pero yo no le hacía caso, pues estaba allí él estaba ahí, su piel,sus ojos, su pelo rubio cual espiga, y su alegre sonrisa. Tras el alba de la mañana, que jamás volvería a ser igual, tras las nubes teñidas por el sol al alborecer, el era el guardian del alba.
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