¡Disfruta!, no tienes nada que temer…
Eran las palabras del éxito. Disfrutar el primer día de la semana como si fuera el último. Pasear en su Volkswagen golf convertible, en las noches por las calles vacías, era una terapia. Las últimas palabras pronunciadas en la tarde por su colega y amigo Tony;-¡Llega temprano, el jefe no te la compra de nuevo!..., no tenían asidero. Miró por sobre la muñeca, y su reloj marcaba las dos cinco de la madrugada, conectó la primera y aceleró el G.T.I de color negro, yantas metálicas, y asientos con butacas deportivas. El sonido del motor lo enloquecía, después de varios reclamos por ruidos molestos, este le cambió el tubo de escape por otro más poderoso. Durante el trayecto, escuchaba un concierto en guitarra de Paco de Lucia, y ya las manos se le iban del volante para hacer una imitación de éste. La distancia de su casa y el túnel que conecta con la ruta 68, era de una hora y media a velocidad prudente, su récord, había sido de media hora, pasada las tres de la mañana. Disfrutaba segundo, a segundo, ¡Vamos se decía, no tienes nada que temer…, el marcador es el límite… ¡Dale negro, confío en ti, le decía!, y sólo el pavimento hablaba. Alguna piedrecilla saltaba golpeando los vidrios, cuando pasaba por la tierra a una velocidad que transgredía cualquier posible disculpa. Echado hacia atrás, con los brazos estirados, reflejaba en su rostro el azul neón del tablero. Después escuchó la canción que mas le gustaba, y logró con el brazo derecho hacer la mímica perfecta de una guitarra clásica, y se imaginó por un sólo momento aunque no era cierto, que él, era el mismo Paco de Lucia. De vuelta tomó un atajo que lo condujo a una calle peligrosa. No tuvo reparos de acelerar en la empinada, turbo e inyección de 2.0, el auto los daba se dijo; y aunque no era común en él, gritó un saludo a la madre un par de veces, y otras más también. Por el espejo retrovisor de la puerta del copiloto, le llamó fuerte la atención unos colores que se asomaban a lo lejos. El reloj digital marcó la cinco y cuarto, pero todavía estaba oscuro, solo las luces amarillas dentro del túnel alumbraron el capó con tierra, que había quedado después de atravesar el atajo. No faltaba mucho por regresar a su casa, pero antes de bajar, quería darse el último gusto de la noche. Las sirenas pronto se dejaron oír, y el que manejaba le dijo a su compañero;-¡Mira es el loco del golf negro!-¡Si, anda como los fantasmas!; le respondió. ¡A esta hora es imposible agarrarlo!-¿Entonces qué hacemos?, le pregunto el subalterno; -Llama a la estación y reporta sin novedad el turno de la ruta 68, solo por esta vez, me daré un gusto.
¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario aquí
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado. Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)
Últimos comentarios sobre este cuento
Fecha: 2007-07-09 13:08:09 Nombre: FRANCO SCHUCK email: FRANCO-054@HOTMAIL.COM Comentario: ESTE CUENTO ME PARECIO FABULOSO LO MAS QUE ME GUSTO FUE CASI TODO EL CUENTO GRACIAS AL ESCRITOR ESTE CUENTO ME GUSTO