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Retrato de un otro

José Lisandro SÁNCHEZ SALAS


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Se encontraron por casualidad, o tal vez se buscaron, y de repente fueron objeto de miradas inquisidoras; casi se sentían vejados. Poco a poco se alejaron de quienes los observaban, apartándose por uno de los senderos que el paisaje les ofrecía. Era un lugar exótico, lleno de gentes que intercambiaban mercancías…
Uno de ellos, puero abruptamente tornado en hombre con unos rasgos aparecidos hace tres raídas, tenía un rostro sencillo, amigable; iluminado por dos luces apenas perceptibles resguardadas por dos generosas marquesinas. Éste se afanaba por conocer a su nuevo amigo, y sin saber que se hacía daño rascaba con su sexto dedo delgado, huesudo, la espalda de aquél. Apenas descubría el nuevo miembro, con el que dibujaba trazos ligeros, naturales, y el viento amenazaba arrebatárselos.
El otro era un viejo astuto y burlador, condenado a jamás tener amigos. Su rostro estaba oculto, ningún rasgo revelaba. Cerca de él el viento vigilaba receloso, al acecho del menor perfil, de la menor descripción, de su custodiado. Nada dejaba discernir del maldito, cubierto con una vestimenta inexpugnable por curtida y mugrienta.
Todo era silencio entre los dos; únicamente se escuchaba el murmullo de milenarios árboles sacudiéndose, el trino de fabulosos orioles entonando una endecha de mucho tiempo atrás, los mercaderes regateando con sus clientes, el viento, el viento… De repente fue rasgada la cortina de mutismo que separaba a los dos:
– ¿Cómo te llamas?, dijo el primero con su voz que aún no mudaba.
– Como te plazca llamarme, así me llamaré, respondió con sorna el desconocido.
– ¿A qué te dedicas?, dijo ahora, sin haberse recuperado totalmente del asombro, el chico.
– ¡A charlar contigo, tontuelo!
– ¿Qué diré a mis amigos cuando haya de escribirles? Debo conocerte cuanto antes. ¿Y qué informe daré, si te empeñas en ocultarte? El chico tenía carácter después de todo. Aun así, con ello sólo logró excitar el apetito de mofa de quien se negaba a ser descubierto.
– Diles cuanto quieras, diles… cuanto se te antoje; estoy acostumbrado a ser lo que de mí se opina, dictó secamente el viejo para darse ahora el gusto de irritarle.
– ¿Por qué no me haces preguntas? ¿Acaso no cuentas a tus amigos de las personas que conoces? ¿Tienes siquiera amigos?
La última de sus preguntas provocó un gran disgusto en el desconocido…
– No estoy en la obligación de tenerlos, ni de hacerte preguntas. ¿Se te ha ocurrido que no estamos forzados a conocernos?
– (¡Vaya, al fin una pregunta! Es compleja, así que debe ser importante. ¿Qué responderé?), pensó el muchachillo. Respiró profundamente, y después de reflexionar, dijo: Entiendo. Tú no quieres conocerme, y tampoco tienes amigos, parece que no los necesitas. Pero yo sí quiero hablar de ti a mis compañeros, y sí quiero conocerte, y que me conozcas…
El chico no obtuvo respuesta. No le quedaba más que resignarse, e irse por donde había venido. ¡Qué necio eres! ¡Aléjate, ya no quiero conocerte!, sentenció con un mohín de repudio a la desfachatez del maldito irreconocible.
… Y los delgados trazos del retrato, apenas visibles, ligeros, naturales, fueron arrebatados por el viento, quien había tenido suficiente con las impertinencias del chicuelo, depositándolos en el viejo saco donde solía guardar tales efectos.
– ¿Has visto? ¡El viento me ha robado tu retrato!
– ¡Pues claro!, ese es su deber. A mí nadie me puede conocer, y quien lo intente pronto olvidará lo que hubiese discernido.
Con esta sentencia se alejaron el hostil anciano y su eólico cómplice, complacidos con tan deliciosa mofa. El zaherido niño quedó atrás, olvidando gradualmente, olvidando, olvidando…




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Últimos comentarios sobre este cuento

 

Fecha: 2007-12-03 16:59:03
Nombre: Marco Herrera
email: mhje@gmail.com
Comentario: A lo largo de la lectura, uno sólo puede asombrarse ante lo inquietantes que son las imágenes empleadas por el autor.
El lenguaje y las metáforas crean un ambiente insospechadamente libre de estilismos y florituras.
En suma, una historia muy breve para quienes apreciamos una literatura de tan buen calibre.



Fecha: 2007-06-08 22:15:28
Nombre: Eliana
email: elix-87@hotmail.com
Comentario: Muy bueno, tiene un contenido por momentos hasta inquietante, pero muy buenas imagenes visuales.

Saludos, lo felicito.