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Todo por culpa de Mario

Nino Torres


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Yo no sé en qué momento de mi vida mi sexappeal se volvió tan poderoso. Todas voltean a verme, y con un golpe iluminado de sus sonrisas enamoradas susurran, exclaman y algunas hasta gritan mi nombre: Mario! Mario!

Sí, soy yo el mismo de siempre. Aquél retacón, regordete y bigotón con uniforme de barrendero municipal color rojo pasión. Y como rasgo inequívoco de todo empleado estatal sigo haciendo exactamente el mismo trabajo desde hace cuchucientos años. Creo que ya van a ser veinte, aunque no estoy muy seguro porque la versión que están viendo de mí ahora es más pirata que Johnny Depp y toda su tropa, ya saben la del caribe.

Hey!!!! Pero la culpa de esta situación la tienen los chinos, no Yo.

Yo sigo siendo el mismo Mario de toda la vida. El mismo que ustedes conocieron. El mismo con el que gozaron , compartieron , disfrutaron y algunos , los mas viciosos , hasta trasnocharon en su pequeña, mediana y gran chiquititud.

Y sólo para que les quede claro que no he cambiado ni un ápice, les cuento de modo muy caleta que hoy en día en pleno siglo XXI todavía no aprendí a tirarme pedos comunes y silvestres como todo el mundo.

Noooo, que va!!!! Yo sigo soltando mis siempre bien ponderadas y condimentadas bolas de fuego. Y que les puedo decir , es mi forma de ganarme humildemente la vida . Friendo a pedo limpio Tortugas y champiñones caminantes.

A veces me pongo a alucinar un poquito cuántas hamburguesas francesas del Bembos hubiera podido sazonar con tanto champiñón ahumado.
Se imaginan?
Pruebe las nuevas y deliciosas hamburguesas francesas con champiñones salteados a punta de pedos Mario brocinos.

Qui buina!!!

Lo siento, no fue mi intención invitarlos a cualquier devolución líquida del tercer tipo. Lo que pasa es que creo que me pasé de vueltas con todas esas florcitas multicolores que no puedo dejar de empujarme cuando las encuentro en el camino.

Ya ni sé en qué andábamos . Ah , si! En lo de mi sexappeal. Que en verdad no sé si sea realmente eso lo que sucede. Porque como todo animal de raza masculina, nunca terminaré por descifrar
correctamente las mil y un señales distintas de la sonrisa de ellas , las de la raza tan bella que nos vuelve locos.

Y peor aún aquí en gringolandia, país donde sus habitantes parecieran buscar el origen de todas las cosas en una misma fuente: www.Prefabricado.com . Entonces ahí si que se pone complicada la cosa.

Pero estamos en navidad , y uno cree que todo puede ser posible , o por lo menos distinto, aunque sea por un ratito. Antes de que el invierno se cague en la perorata de AL Gore con su calentamiento global y nos meta el alma entera al congelador, sin abrigo y sin escalas.

No, no es ninguna exageración, como muchas de las mías, lo que les estoy diciendo. En esta esquina perdida de la enorme finca del tío Sam, el invierno no perdona ni a su madre. Para darles una idea, en nochebuena Papá Noel sale a hacer su chamba y si quiere se regresa caminando su casa que queda acá a un par de cuadras en .. El polo norte!!

Es increíble el viejito este, tiene más años de servicio que nadie y sigue ahí como si nada, con el JO JO JO! intacto. Su marca registrada para mantener viva por siempre la ilusión de la navidad.

Y aunque suene pretencioso de mi parte, me atrevería a decir que entre el señor de traje rojo con barba blanca y este humilde servidor nos peleamos el título de máxima celebridad navideña de todos los tiempos.

Sí, ya se que están pensando que me zampé una de esas estrellitas multicolores y que ando peor que Al Pacino en el final de Scarface. Pero lo cierto es que cada año los niños envejecen más rápido. Y ese triste factor en términos de economía navideña se traduce en la eliminación del intermediario: Papá Noel

Pobre viejo, ha perdido muchos bonos últimamente. Tuvo que contratar a un outsourcing de comunicaciones para que le ayudara a no perder su toque mágico con las generaciones más nuevas, cuyos miembros aun no han entrado al colegio siquiera.

A mí esta situación no me agrada del todo, es más, hace que a mi tristeza se le pongan los pelos de punta. Por otro lado, me favorece ¿cómo? Muy simple, todo se reduce al mercado objetivo.

Mientras el viejito se enfoca en los niños reales, yo me ocupo del Peter Pan que todos llevamos dentro, aun cuando tengamos 80 años. O me van a negar que sus abuelitos no se pegaban conmigo aunque sea un ratito en la tele, o a su lado para hacerles barra.

Para muestra un botón. Se para frente a mí, uno de los niños que ya están medio avejentados y me miran por encima del hombro porque mis gráficos son del año de la pera. Inmediatamente después viene un pequeñín admirado por mis piruetas ancestrales, pero no puede manejar mis movimientos. Es ahí cuando aparece papá en acción, guiándolo primero, y adueñándose por completo del control un minuto después. Porque soy Yo otra vez, maradoneando entre calabozos y dragones para que su hijo lo mire como a un súper héroe. Y él se sienta como tal.

Los dos quedan fascinados, el uno por la novedad y el otro por la nostalgia. Esa, la de Kevin Arnold y los años que fueron maravillosos para todos. A pesar de que la inflación caminaba por la estratosfera, y había que hacer cola para la gasolina el pan y la leche. No existía el cable, ni Internet y la lambada era pecado.





Y en medio del ensimismamiento colectivo de los jugadores de paso, irrumpe la presencia de mamá, con todas las compras del mundo a cuestas y con el ceño fruncido por el estrés navideño, determinada a parar la diversión de los niños, el grande y el pequeño. Pero él se le adelanta y con la ternura de siempre toma las bolsas en una sola mano y con la otra le dice: mira quién esta ahí, es Mario.

Y ella, aún medio paranoica con ribetes de esquizofrenia voltea a mirarme y yo le hago un guiño, y entonces sí, aparece la misma sonrisa que cuando tenía trece años y se quedaba en pijama para trasnochar conmigo sin importar lo que dijeran las demás cuando veían a la bonita de Morumbí con ojeras de guachimán de tercer turno.

Por que soy Yo , Mario. Y entonces la paranoia se despeja y se envuelve en sus recuerdos de primera vez. Y el brillo de su mirada no aguanta más y se desborda por su mejilla la hija de la lágrima que se supone no debía aparecer nunca en escena. Pero, ya ven, les dije que todavía se puede creer en algo distinto en esta época del año.

En realidad, la raíz de mi popularidad a prueba de generaciones, y también de géneros, está en lo que hago. Y no me refiero a lo de andar tirándome pedos de alto octanaje, sino a mi búsqueda constante, persistente e incansable de mi princesa.


Me la paso recorriendo el mundo entero, bajo tierra, bajo el agua, por los aires y también por los mares. Y siempre que tengo la oportunidad descubro un camino más corto, que no por eso sea más fácil porque toma tiempo y esfuerzo encontrarlos. Pero yo sigo ahí, firme por que tengo la convicción de que ella es la mujer de mi vida.

Y sí que estuvo difícil la búsqueda, pero después de conquistar todos los castillos posibles, con todas las princesas equivocadas, pero complacidas de haber sido rescatadas, encontré la mía y saben que? Valió la pena todo el esfuerzo y el sacrificio invertidos.





Pero si ya la encontré, por qué diablos sigo en estos ajetreos a estas alturas del partido?

Porque Luigi, el otro gordito de traje verde, mi compañero de mil batallas, todavía no encontró a la suya, así que hay que seguir nomás, sino para qué están los amigos.




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