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Daniel era hijo único, de padre militar y madre profesora de matemáticas, lo que configuraba un entorno de excesiva autoridad al que no pudo escapar ni desafiar. Poco a poco se fue metiendo en si mismo y se transformó en un chico primero y adulto después, muy tímido con grandes problemas de autoestima que le impedía relacionarse con los demás, hasta el punto de aislarse y vivir casi en solitario. Su vida era un infierno en casa de sus padres, así que cuando consiguió un buen empleo tomó la difícil decisión de irse a vivir solo, fue la primera vez que logró vencer la resistencia familiar.
Alquiló un departamento pequeño y luego de la mudanza, cuando cerró la puerta, se tiró sobre la cama y mientras disfrutaba del silencio no pudo evitar unas lágrimas de festejo por el paso dado. A medida que pasaban los días la felicidad lo envolvía, sobre todo por no sentirse observado, aunque no podía evitar repetir algunos tic que tenía incorporados, sobre todo con el exceso del orden y la limpieza.
A instancias de un compañero, un día conoció a Patricia, era su primer y único amor, una mujer independiente, de mucho carácter con ideas firmes y sólidas. Tal vez se enamoró por eso, a ella le sobraba lo que a él le faltaba, o tal vez seguía en algún punto con su esencia familiar. Al poco tiempo comenzaron a vivir juntos. Tuvieron unos meses de gran pasión y felicidad, pero a medida que pasaba el tiempo y descubrían sus personalidades, poco a poco empezaba una relación enfermiza. Daniel vivía para complacerla, además de regalos y detalles amorosos, cocinaba, lavaba, planchaba y estaba en todos los detalles para hacerla feliz.
Pero ella necesitaba alguien que la contuviera, que la protegiera que le pusiera límites a su carácter a veces indomable, que le hacía mal a ella misma, porque después de explotar se sentía dolida y culposa. Entonces, un día se marchó. Casi sin hablar; como explicar que se alejaba de lo que mas quería, que las virtudes de uno eran lo que hacían mal al otro. Era imposible además soportar la mirada tierna y pura de Daniel.
Cuando Patricia cerró la puerta se sintió morir. No entendía que aún dando todo se quedaba sin nada. Pasión, amor, comprensión no servía de nada. Otra vez solo, mas solo que antes, porque antes no la conocía a ella. Tuvo que pasar mucho tiempo para cicatrizar heridas, la autocompasión lo embargaba, ya no le importaba el orden ni la limpieza, se hizo desalineado y empezó a tener problemas en el trabajo por llegar tarde o no afeitase.
Un compañero de trabajo, que conocía su problema le sugirió que comprara una computadora, teniendo Internet se podría comunicar con los demás, se distraería y no pensaría tanto en su amor frustrado. Fue así como descubrió el mundo del chat. Se hizo adicto. Al principio no conocía los códigos de escritura absolutamente nuevos para el, además tenía la impresión que lo observaban cuando escribía una “mala palabra”, luego se fue animando y se convirtió en un gran actor haciendo un personaje con cada persona que se comunicaba y ni hablar de los amores ¡ah, los amores!, conocía chicas de Argentina, Chile, Paraguay, Colombia, Méjico..., el mundo le quedaba chico. Con algunas tenía conversaciones tan Hot que a veces eyaculaba y todo. Con otras era sadomasoquista y sentía el placer del poder, cosa que el desconocía hasta entonces. Así fue desarrollando una doble personalidad que lo embriagaba. En el trabajo era el doctor Hildred y frente a la pantalla era mister Heil. Casi no dormía, compraba comida chatarra para no perder tiempo y hasta se hizo fumador compulsivo. La casa era el desorden total, había platos usados por doquier, posillos de café, colillas de cigarrillos y mal olor, pero él estaba insensible a todo.
Cierto día sonó el timbre, dejó la computadora maldiciendo y cuando abrió la puerta se encontró con ella, con Patricia. No podía ni sabía como reaccionar, ninguno de los dos hablaba.
-Pasa, adelante, le dijo, turbado por la sorpresa, mientras le hacía un lugar en una silla frente a la mesa que estaba llena de ropa.
-¿Te preparo un té?
Ella asintió con la cabeza. Mientras él estaba en la cocina observaba el descuido general y le costaba creer que fuera el Daniel que conocía. Cuando regresó con la infusión se sentaron de frente estudiándose. De pronto ella rompió el silencio:
-Me han pasado muchas cosas en éste tiempo ...me golpeé mucho ...necesito paz , y la paz está con el hombre mas bueno que he conocido y que perdí por soberbia ...no sé...,tal vez nos podríamos dar otra oportunidad...
Daniel no reconocía en ésta mujer aquella que le produjo tanto dolor, era como si la viera por primera vez.
-Lo siento, le dijo, ya es tarde...encontré el amor verdadero, y no pudo evitar mirar con ternura el fondo de pantalla de su Pentium...que parecía tener una sonrisa cómplice.




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Últimos comentarios sobre este cuento

 

Fecha: 2007-05-23 06:45:32
Nombre: Jorge saez
email: rapulento_@hotmail.com
Comentario: este cuento estaba muy bueno ,es muy expresibo y usted es muy creatiba
tambien este cuento me parecio divertido