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Hace ya casi una hora que lo dijiste. Estabas exhausto y fue tan sólo un susurro, una suave caricia de tu voz en mis oídos. Intenté hablar pero la rapidez de tus dedos aplastó las palabras en mis labios. Me rodeaste con tus brazos y cerraste los ojos. Ahora yaces aquí a mi lado dormido mientras yo te miro. Tu respiración es sosegada y marca sin querer el ritmo de la mía. Tienes el pelo revuelto y tu cara muestra un gesto infantil muy divertido, aun así tu boca sigue siendo muy sensual.
Tus palabras no me permiten dormir, me siento confusa. Intento liberarme de tu abrazo sin romper tus sueños. Notas mi ausencia y te remueves inquieto pero sigues durmiendo. Yo salgo a dar un paseo. Camino sin rumbo por la playa cubierta con tus besos y tu olor. La brisa suave me susurra de nuevo tus palabras y siento un escalofrío. Mis pies descalzos se hunden en la arena negra, delatora inocente de mis huellas. Las olas blancas vienen hacía mí y las borran. La luna dibuja en el cielo negro una pícara sonrisa blanca. Me siento en la arena y miro mis manos vacías que añoran tu cuerpo como nunca. De nuevo la brisa trae hasta mis oídos tus palabras. Pienso en ti. En mí. En ellos. Mis ojos se sienten culpables y aprieto con fuerza mis puños hasta hacerme daño. Una ola viene en mi ayuda, dejo que me envuelva y me arrulle hasta que se va. Enseguida viene una nueva ola a provocarme y cautivarme, pero también se aleja.
Llega una más y me seduce y me conquista pero me abandona.
Y le sigue otra que me incita, que me excita y también se va. Esta vez me levanto y la sigo sumergiéndome en el agua lentamente. Permitiéndole poseer mi cuerpo centímetro a centímetro, abandonándome, entregándome completamente. El mar y yo. Negro y Blanca. Un abrazo delicado, sutil, placentero. Después nado hacia la orilla y allí estás tú. Desnudo. Blanco sobre fondo negro. Tiemblo. Te acercas a mí y yo te espero con los brazos extendidos hasta que me coges de las manos y me atraes hacia ti. Acaricias mis mejillas y mi pelo mojado. Limpias mis lágrimas y dibujas mis labios con tus dedos. Ahora son tus ojos los que hablan. Y los míos. El cielo sonríe. Luna pícara.
Nos dejamos caer en la arena. Rueda el blanco sobre el negro en un abrazo interminable. Negro. Blanco. Blanco y negro. Yo también te quiero.
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