Se acerca insegura. Aunque llena de deseo. Me acaricia tímida. Despacio. Muy despacio. Alargando la espera. Siento la suave presión de su dedo y una descarga eléctrica enciende mi cuerpo. Me mira. La miro. Solos. Frente a frente. No hay marcha atrás. Duda. Hay pánico en sus ojos. Se aleja. Sin decirme una palabra.
Se acerca insegura. Aunque llena de deseo. Me acaricia tímida. Despacio. Muy despacio. Alargando la espera. Siento la suave presión de su dedo y una descarga eléctrica enciende mi cuerpo. Me mira. La miro. Solos. Frente a frente. No hay marcha atrás. Duda. Hay pánico en sus ojos. Se aleja. Sin decirme una palabra.
El monitor
Se sienta a mi lado en silencio. Uno a uno coloca sus dedos sobre mí, sin mirarme. Desvergonzados, comienzan a explorar un cuerpo aprendido de memoria en busca de palabras. -Si no evitase mirarme encontraría alguna, estoy seguro… Es tan buena jugando al Scrabble-. Algo se interpone entre nosotros. Puedo verlo en sus ojos. Retira bruscamente sus manos y se aleja.
El teclado
Enciendo el ordenador. Necesito escribir.
Coloco mis manos sobre un teclado expectante mientras mis ojos contemplan con impotencia un parpadeo ininterrumpido sobre fondo blanco.
Es inútil. Poco a poco el pánico se apodera de mí, paralizándome. Ni una frase. Sólo el cursor. Intermitencia insolente.
Ni una palabra. Nada. Un folio blanco.
Y yo
//alex
Ménage à trois
Autor: K
(3/5)
(18 puntos / 6 votos)
Cuento publicado el 15 de Febrero de 2007
El monitor
Se sienta a mi lado en silencio. Uno a uno coloca sus dedos sobre mí, sin mirarme. Desvergonzados, comienzan a explorar un cuerpo aprendido de memoria en busca de palabras. -Si no evitase mirarme encontraría alguna, estoy seguro… Es tan buena jugando al Scrabble-. Algo se interpone entre nosotros. Puedo verlo en sus ojos. Retira bruscamente sus manos y se aleja.
El teclado
Enciendo el ordenador. Necesito escribir.
Coloco mis manos sobre un teclado expectante mientras mis ojos contemplan con impotencia un parpadeo ininterrumpido sobre fondo blanco.
Es inútil. Poco a poco el pánico se apodera de mí, paralizándome. Ni una frase. Sólo el cursor. Intermitencia insolente.
Ni una palabra. Nada. Un folio blanco.
Y yo
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