Luego de caminar el empinado camino, Tomas, sudoro y algo nervioso por cierto, toco la puerta empotrada del humilde rancho, donde vivia el anciano, que para algunos, era el sabio de la comarca. -Maestro...maestro- Te ruego me atiendas. Decia Tomas en vista de la demora. ¿ Que quieres? contesto la ronca voz -Maestro he perdido mis sueños...mis sueños que de niño añoraba.-Que importa- Contesto el anciano- Si en el corto camino...los dos hemos perdido hasta el alma
//alex
Cuento publicado el 08 de Abril de 2010
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