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Para Farida
Leonor Bulus
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Era una mujer mayor y consciente, una vieja diría un adolecente. Era una mujer muy feliz, una mentirosa, diría un indiferente. Era una mujer soñante, una pobre inmadura, diría un pensante. Era una mujer de saber escuchar, que no se compromete, diría quien no sabe escuchar. Era una mujer de un mundo irreal, casi loco, ese que muchos quisieramos ....robarle a la vida un poco.
Ella jamas fue mayor, siempre fue una adolescente, aunque el espejo mintiera, y de eso era consciente. Ella jamas dudó, sembraba felicidad nobleza, manejaba cada día , con ternura y sutileza. Ella pensaba que para vivir y madurar, soñar siempre sin limites, te hacía fuerte y perdurar. Ella creía que más difícil que hablar, era escuchar y callar. Ella adoraba los duendes, los creaba, idealizaba, por eso toda su vida transcurrió en un cuento de hadas.
Ese dia que se fue, su piel de seda dormida, denotaba la alegría que llevaba de esta vida. En sus labios que callaban, dibujaba sin mentir, que todas sus fantasías la habían hecho muy feliz. En el silencio absoluto, el que de absoluto abruma, no existía ni un espacio, para palabra ninguna. Con perfume misterioso y casi rodeada de estrellas, convencía, y en silencio, todos querían ser ella. Pero lo increíble, lo absurdo, los duendes de los que todos rieron, esa mañana en silencio, los vieron, todos los vieron.
Y llegó el día después, todo era casi normal, nadie comentaba nada. Pero Farida sabía que cada coranzoncito, cultivaba un cuento de hadas.
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