Venganza canina. Otros cuentos


Venganza canina

Autor: Lucia Belén

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Cuento publicado el 20 de Enero de 2011


Elvio Lento era un tipo cruel, malvado, desde siempre, no sólo lo era con los seres humanos, lo era con todo lo que no fuera él.
Ya de pequeño mantenía a azotes a sus hermanos, ni sus padres se animaban a enfrentarlo, nadie levantaba la cabeza en su presencia.
Hasta cuando ya mayor se compró una pistola y manejaba a todos a los tiros, aunque más no fuera en las “patas”… Para acobardarlos, nomás, para someterlos y seguir siendo él quien mandara.

Elvio azotaba a los árboles, y en su casa no nacía ni la gramilla, las gallinas eran decapitadas no sólo si no ponían huevos, sino, también si éstos, no eran lo suficientemente grandes…
Una vez se casó con una mujer medio chiflada la pobre, Elsa Pallo, ella ya venía al matrimonio con dos niños, pero con una herencia pequeña, que para la pobreza y la poca gana de trabajar de Elvio, fue suficiente para tomarla en matrimonio. Tuvieron dos hijos más, una niña que salió pintada a él, cara de mala, también obesa y oscura como un tonel y otro niño medio bobo, al que maltrató a su gusto, igual que a su esposa.
Pobres víctimas de la violencia de este maldito ser. Una y otra vez ella desaparecía por días, igual que sus hijos mayores, sin dejar rastros,

Hasta que en una oportunidad desapareció por completo, se decía que la habría matado a golpes, pero nunca nadie se atrevió a averiguar la verdad.
Se le había dado por los perros de carrera, últimamente, una manera de sacar unos pesos, se supone.
Tenía alrededor de diez, que daban alaridos por el patio, molestando a los vecinos, haciendo que las siestas y las noches fueran un infierno, pues los pobres animales comprados, tal vez en lugares en que vivían bien, llegaban allí y ni agua para beber, han de haber tenido…Se lamentaban con indescriptibles llantos, que partían el corazón de todos aquellos que alcanzaban oírlos.
El maltrato, los gritos, la crueldad con que eran tratados, hacían que hasta al más santo le daban ganas de degollar a este hombre!
Una tarde en que no se sabe qué estaba haciendo con una jeringa, (alguien dijo que cambiaba la sangre de los animales para que corrieran más rápido…¿?). Seguro que algo bueno no era, pues estaba casi escondido entre unas chapas donde dormían los caninos. Cuando uno de éstos, aprovechando, tal vez lo angosto del lugar se abalanzó sobre su cuello y le arrancó de cuajo la yugular, mientras que los demás salían en tropel, como festejando el fin del infierno…Y él con los ojos desorbitados yacía con el cuello casi despegado del cuerpo crasiento y asqueroso, sin que nadie hiciera otra cosa, que una denuncia a la policía.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2011-03-22 11:57:40
Nombre: Lucía
Comentario: Mama mía, este cuento es una relaidad en nuestros días, pues hay mucha mala que desahoga sus frustaciones y maldades en los pobres animales. Debemos denunciar esto! Los animales son creación de Dios y merecen que los amemos y cuidemos. Querida Belén, te mando un abrazo por tu amor hacia los animales. Lucía.