La puerta cerrada. Otros cuentos


La puerta cerrada

Autor: Aya Ghobashy

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Cuento publicado el 15 de Abril de 2010


El 21 de Junio

-Acepta la verdad, nadie puede hacer el sacrificio que tú haces.
-Lo sé. Pero ¿qué hago si yo soy así? No es que la gente no me acepte, sino es que siempre espero que hagan conmigo lo que hago con ellos. No creo que sea malo…
-Ah, pero ¿qué has ganado? ¿dolor? ¿desesperación entera? ¿para qué te sacrificas así? Sabes que eres el único que hace eso.

Silencio…
Abre la puerta y sale del cuarto con los ojos fijos en el suelo, y cierra la puerta otra vez.
Se detiene un poco en la misma posición, y luego empieza a marcharse rumbo a la sala.
Cada domingo hace lo mismo. Nadie sabe con quién habla, ni de quién es la voz que sale del cuarto, tampoco cómo aguanta estar por tanto tiempo en ese cuarto sin luz, comida, baño, ni agua para beber.
Hace mucho tiempo que dejó su trabajo, abandonó a su familia, y vive sólo con aquel con quien habla y vive adentro del cuarto.
Dejamos el cuarto porque no podemos entrar, sólo él tiene la llave y la guarda como a su vida. Vamos a dar vuelta por la casa. Bueno, no es exactamente una casa, es una sola habitación y una sala muy pequeña donde hay un solo sofá. Es una casita muy pobre. Hay poca ropa, tirada a todos lados… Botellas de Whisky llenan la sala, y en la pared una foto muy antigua de una mujer que tampoco se sabe quién es, porque él no se ha casado. Y claro… el nunca hace comentario alguno respecto a la identidad del personaje de la fotografía. No hay nada que dé señal de que alguien pueda vivir aquí.
Suena el timbre de la puerta…
Son las diez de la mañana, y él no está acostumbrado a recibir visitas… ¿quién podrá ser?
Se levanta del sofá y va despacio hacia la puerta con su cara barbuda y su bigote recién crecido. Abre la puerta… es un hombre bien vestido, con un traje limpio de color negro. Está afeitado, no tiene barba ni bigote. Tiene un rostro que refleja un carácter tranquilo y razonable. Pasa adentro y cierra la puerta.
-Ya es el tiempo de irnos… ¿estás listo? – dice el visitante.

-¿Listo? ¿Cómo que "listo"?
-Bueno, ¿has colocado tus cosas en la maleta?
-No tengo cosas. Pero te advierto, si alguien entra a mi cuarto, lo mato… ¿entiendes?
-No te preocupes, nadie va a entrar hasta que regreses tú.
-Vale. Ahora lárgate de aquí. Déjame sólo por cinco minutos.
El hombre se queda en silencio por un par de minutos, respira profundo como si se hubiese aguantando para no responder la grosería de ese sujeto.
-Vale. Vengo en cinco minutos – dice finalmente.
El hombre bien vestido se dirige hacia la puerta, la abre y mira despacio al otro, y sale.
El otro hombre se levanta, se inclina, coge algo de abajo del sofá y lo esconde en su mano derecha. Se dirige con pasos lentos hacia el cuarto, entra y cierra la puerta.
Silencio...
Nada se oye… él no habla, ni la otra voz se escucha. Pasan despacio los minutos. Ahora alguien está tocando la puerta… definitivamente es el hombre elegante. Toca y toca, y éste no sale del cuarto. Está tocando más fuerte, pero no hay respuesta. Se oye que está llamando a alguien. Sigue tocando. Unos pies están subiendo rápido la escalera. Tocan… y nada. La puerta es floja, no les cuesta mucho golpearla y abrirla a fuerzas. Corren en la sala, y en un segundo deciden entrar al cuarto. ¡¿Pero… la llave?! Golpean fuerte y más fuerte. Por fin se abre la puerta, y corren hacia adentro.
Está extendido en el suelo, con una hoja de afeitar en la mano derecha y sangre por todos lados.
Su mano izquierda sigue sangrando sin parar. Rápido, se lo llevaron los hombres y corrieron hacia la escalera. Sin embargo, se quedó el hombre bien vestido.
Abre más la puerta para que entre la luz. Se queda contemplando la habitación.
Se da vuelta despacio, y da su espalda a la puerta… y… por cinco minutos se queda paralizado.
¿Qué está viendo?
¡Es un espejo!
Es un espejo grande, que cubre la mitad de la estrecha pared.
Arriba del espejo, está colgado un papel donde tiene escrito unas palabras:

¡NADIE ES ASÍ COMO TÚ!
¡HAS HECHO TODO LO QUE NADIE MERECÍA!

¡El espejo!
¡El hombre estaba hablando consigo mismo!
¿Y todo el ruido y las conversaciones?
¿Era él mismo?
El hombre se queda paralizado… un minuto, dos, tres… diez minutos.
Finalmente se retira lentamente y………
Cierra la puerta.



EL PAÍS
DIARIO INDEPENDIENTE DE LA MAÑANA

23 de junio, 2000

Juan Alberto Carlos

En un patio pobre en el barrio de Guadalajara…
Un médico se suicida y otro se desaparece en circunstancias misteriosas
La noticia viene detalladamente…

//alex


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