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Corrimos a refugiarnos de la lluvia que sin ningún aviso previo se dejó caer con furia sobre nosotros.
Encontramos un pequeño escondite dentro de una vieja iglesia abandonada y ahí permanecimos, como dos espectadores asustados mirando el espectáculo que nos ofrecía la naturaleza. ¿Recuerdas cuanto tiempo estuvimos en ese lugar?..Yo recuerdo que había un millar de gente con nosotros. No tenían rostros ni voz pero el sonido del silencio a ratos era más fuerte que el de la lluvia que golpeaba el tejado.
Yo te recuerdo sentada sobre una gran maleta roja, abstraída de los trenes que llegaban y se iban mientras yo buscaba en las paredes algunos de los mensajes que escribimos en otros viajes. Me preguntaste que hice con el viento que hasta hacía un rato arrastraba las hojas en las calles. Entonces te pedí que cerraras tus ojos y para cuando los abriste, tenía en mis manos la brisa del mar que había escondido en tu pelo.
Nos reímos de la magia que poseíamos ese día y de la gente sin rostro que nos miraba y que murmuraba...no había nadie más feliz dentro de esa iglesia abandonada llena de andenes y de trenes que iban y venían desde distintos lugares del tiempo.
Te pregunté donde habías dejado el sol. Me hiciste voltear hacia otro lado, y cuando ya pude mirarte, el sol brillaba en tus ojos.
No recuerdo cuando dejó de llover ni cuando la estación empezó a quedarse vacía de gentes y de silencios, no recuerdo cuando empezaron a borrarse los mensajes que escribimos entonces ni cuando te ayudé a subir tu maleta roja... ¿Qué pasó que tomamos trenes distintos ese día?..
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