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El semáforo
Juan Cárcamo Romero
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Una casa de madera en el borde de un acantilado.
Es un día frío y llueve.
Abajo, el mar gris, violento, confundido con el cielo atiborrado de nubes.
Yo soy el ave que reposa sobre una roca de la playa. Estoy de pie, desafiante y el viento mueve mis plumas. Pero estoy quieto contemplando el paisaje.
Ahora soy un pez…está terrible aquí abajo. Corrientes submarinas me empujan hacia todos lados. Hay una inmensidad infinita y justo en el momento en que voy a ser devorado por el pájaro que fui, soy ahora el árbol que resiste al viento a un costado de la casa.
La corteza que me cubre es gruesa, pero está herida de palabras y dibujos. Tengo miles de cosas que contar y mis historias silban entre las ramas sin que nadie las entienda.
Soy ahora el leñador que parte con su hacha un trozo de lo que fui.
Soy por un rato el pasto que piso, la tierra humedecida, el gusano que se esconde bajo la piedra.
Pero ahora cierro los ojos y decido que mi existencia fluya sin molde alguno.
Parece que estoy en todo y en todos a la vez.
Una paz inmensa me invade hasta que se rompe cuando una bocina de automóvil me recuerda que la luz del semáforo ya está en verde.
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