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¿Ceniza o Girasol?
Heydi
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Hace algún tiempo, a la tierra de Tungurahua afectaba la amenaza del volcán, ya que en cualquier momento podría erupcionar y destruir la economía de la provincia. Obviamente, la gente del campo era la más afectada ya que los cultivos, su único ingreso, serían devastados. Sin embargo, en una mañana fresca, José descubrió algo que le llenó de alegría el corazón. No significaba que el volcán ya no iba a erupcionar, sino que ya lo había hecho, pero de una manera muy singular. Al caminar hacia su colegio se dio cuenta que las calles y avenidas estaban disfrazadas de un polvo único, algo parecido a la escarcha pero con más brillo y con más poder de seducción, intentó cogerlo, pero se desvaneció en sus manos, comprendió que era un espectáculo para mirar y no para tocar, o al menos eso creía. Estaba acostumbrado a mirar la maravilla del proceso pero no a involucrarse en él, por lo tanto no le pareció extraño. Descubrió que muy poca gente podía tocarlo, y al hacerlo esa gente se convertía en un alguien especial, más maravilloso y autentico, más humano. Y aquí le sucedió algo a José. Él estaba interesado en una muchacha desde hace algún tiempo, pero no la quería bien, ella era más bien el tipo de muñeca que impresionaba a los hombres y se dejaba llevar. José lo sabía, por eso le interesaba su amistad. A su edad no entendía que esa muñeca estaba llena de soledad, y que necesitaba una explosión de arco iris en su vida y José, al mirar ese polvo dorado entendió ligeramente la situación. Él toda su vida había sido un idealista, un soñador, y con golpes en la cabeza entendió que no estaba cooperando con la marcha del mundo. Miró otra vez el polvo dorado, cabizbajo y con amargura deseó poder tocarlo, deseó poder sentirlo y aliviar su corazón. Con esa actitud, ¿había sido malo? ¿Era por eso que él no podía tocarlo?
De regreso a su casa miró a mucha más gente igual de frustrada que él, y no comprendía porqué. Miraba a sus vecinos, a sus amigos, sólo pocos de ellos habían podido tocarlo, sólo pocos… ¿y el resto porqué no lo tocaba? ¿Por qué no podía? ¡Maldita frustración! ¿Era acaso cuestión del bien y el mal? ¿De lo de arriba y lo de abajo? ¿De lo mortal y de lo infinito? ¿Qué pasaba? ¿Cuál era la situación?
Con estos pensamientos se acostó, deseando más que nadie poder entender el misterio de ese polvo, creando hipótesis, salvando ideas, ahogando sentimientos, bifurcando sueños… ¡la solución era tan simple y no la veía!
A la mañana siguiente, la gente del campo descubrió que el polvo se hacía más sólido, pero no perdía su característica de polvo, tenía más brillo y luminosidad cuando caía en las hojas de los girasoles, por eso la gente lo llamó “polvo de girasol”. De acuerdo a como el volcán paría polvo de girasol, la ceniza iba desapareciendo, a veces se ocultaba bajo él, a veces se desvanecía. Los seres humanos de allí, sonreían un poquitito más, los otros lloraban. No estaba disponible para todos, la infelicidad del mundo seguiría.
Por una semana entera, el polvo de girasol continuó cayendo, hasta que un viernes por la tarde, cuando el sol bajo su cobija se acurrucaba y la luna se desperezaba, un arco iris brilló alto e imponente en el cielo plagado de oscuridad. Todos lo percibieron, pero no todos lo pudieron ver pues la miopía era tal.
A la mañana del sábado el arco iris ya no estaba, y tampoco el polvo de girasol. Misteriosamente había aparecido, misteriosamente había desaparecido, ley de vida. Pero en su lugar había algo mejor, algo como una especie de rocío en polvo que crecía y crecía como racimos de moras en las hojas de los árboles, y toda planta existente. ¡El campo estaba maravillado! ¡Y la ciudad perfumada, oculta tras la esencia de algo realmente exquisito! Niños y jóvenes, adultos y ancianos intentaron cogerlo, tocarlo, sentirlo, olerlo… embarazarse de esa esencia más allá de maravillosa, empaparse hasta los pies de ella, pero no podían… sus manos impuras destruían la sustancia, la hacían negra y putrefacta, indeseable, y se hacía hedionda de acuerdo a la ambición y la maldad de cada corazón. Era una amalgama extraña.
Por la noche, el arco iris quiso hacerse terrenal, alcanzable, disponible y utilizó su magia para convertirse en polvo y mezclándose con el calor del polvo de girasol, crearon “el bien de amores” que se mostraba como rocío perfumado. El polvo de arco iris tenía una misión muy especial, que era la de curar tanta soledad, tanto orgullo, rencor, resentimiento, ambición. Estaba cansado de ver corazones fatigados, molidos, estrujados por sus propios errores, por sus propios puños. Quiso salvar al mundo, o al menos a una pequeña ciudad. En su majestuosidad quiso ser tocado por algo realmente majestuoso también, por eso el ser humano no podía tocarlo así no más. Un niño rompió un pétalo de una rosa y tocó el rocío, y con gran sorpresa vio que el polvo no se transformaba ni se desvanecía, ¡había encontrado la solución! La cura para el desamor va en camino, está a cargo de todas las personas que han logrado encontrar su pétalo y cuidarlo. “El arco iris es amor convertido en polvo.” Está disponible para todos, sí, para todos, aunque José lo dude. Está disponible para todos porque gratuitamente se dio y gratuitamente se distribuye. Pero ¿porqué el arco iris quiso ser recogido en pétalos de rosa? No solo por su belleza ni su aroma, sino porque juntos, rosa y arco iris, harán un buen trabajo, el arco iris llenando de color la vida, reponiendo sueños perdidos, construyendo esperanzas, irradiando sonrisas, y la rosa perfumando vidas, embalsamando heridas, sembrando y preparando el terreno para el amor. ¿Cómo se usa? Sólo apercíbelo, siéntelo en el aire, consúmelo asiduamente en jugos, comidas, y fiestas. El arco iris está cansado de tanto desamor, y yo también. Está deshielando corazones y poniéndolos a funcionar.
Pero aún hay miopes que no miran el prodigio de la naturaleza y aún caminan con mascarillas para evitar respirar el amor.
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