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Imaginario
Coya Ochoa
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De pronto desperté y vi el cristal que me rodeaba. Por fin estaba sumergida en la burbuja de la felicidad permanente. Era dorada, como había ya imaginado, y sus dulces aguas me mecían.
Luego de un rato me sentí sola.
Ethel Krauze, Soñando con Eliseo.
-¿Eres un muerto?
- ¿Me imaginaste así?
- Te imagine
_ ¿Quién soy?
_ Eres de mi… ¡yo te pensé!
_ Ahora, ¿Qué estas pensando?
Pensé en abrir las manos y tocar tu espalda, los ojos, la nariz, el lento respirar, pegarme al pecho para escucharte; sentir tu calor en mi frió cuerpo.
-¿Qué haces aquí?
- Aquí vivo
-¿Qué harás conmigo?
_ ¡Amarte!
Me desnude ante ti, desaparecí, pedazos de alma y cuerpo volaron, nunca me imaginé, creí existir en esta parte del mundo – ¡no me dejes ir!-grité.
Imágenes que no pueden olvidarse, sensaciones recurrentes que desvelan al cuerpo lo hacen dormir un lapso ininterrumpido de anhelos, cosas que pasan pero nunca le pasan cerca al destino, nada sucede en este lado del mundo, hay mujeres con un solo brazo y hombres con una pierna, niños masacrados por la miseria, regiones enteras despobladas y regiones enteras habitadas como hormigueros subterráneos…colonias y colinas, existen, hay, pero no pasa nada, aquí solo se come un gusano las ganas de tenerte en cuerpo, el carnaval de tus risas apretadas que provocan mi humedad, aquí es la tristeza del desamparo, la felicidad de soñarte o soñarme, dibujar en mis labios tu silueta, querer mojarme entre tus manos, en tus orejas, en tu cuello, resbalar por tus piernas, ser el vaso en que tomes agua, un ánfora de inagotable y dulce mar, mirarte en mi laberinto, ser perdido que solo yo encuentro; la capacidad de amoldarte en cada uno de mis espasmos, me aprendo cada forma de ti, la extraño silente entre mi almohada, te revivo en los huecos de mis dedos, en la lengua que dibuja corazones.
_ ¿Dónde estas?
_ Sigo aquí…contigo.
_ No te veo…
_ Aquí… dentro de ti.
El contigo ha sido siempre un presente interminable de verbos que no tienen fin, palabras que no cansan, frases que no pesan, liturgias para convertirme en carne, deseo que me corta en pedazos las manos al escribirte, al pensarte.
Te veo soñar en la almohada de mi cara, todo suena a vivienda, a seres que son del desierto, a peces que se convierten en estrellas, lunas impares que se redondean en tu conciencia. ¿Dónde no encontrarte si no en mi cama?, en este pedazo de casa donde se nieva el techo y la soledad te cae por tepalcatas; y sigo mirándote en la utopía, en la imaginaria sensación de ti, en el aire desnudo, intimidante.
_ ¿Es tu habitación?
_ Es nuestra habitación
_ ¿Por qué te fuiste?
_ Sigo aquí… aquí.
_ Hace frío.
_ ¡Búscame!
Cuando todo se convierta en rojo estarás ahí, ¿Dónde buscarte después de tantas caídas?, tantos boletos comprados y utópicos ropajes desgarrados por tus presuntas manos, retengo un amor adolorido, destruido por los días en que no existes, no apareces, no estas, te he visto llegar en sueños de pupilas rotas y llanto descocido, este cuerpo que en tuyo es vivo – ¡no te desesperes!- gritaste.
Se ha despertado una polémica en mi vientre, denuncia tenerte, explicarle el color de tus manos en mis hombros, muérdeme la retina de tus ojos perdidos, mi boca se prostituye ante tus besos, la verde saliva que no destierras para mis venas, tus no caricias, la lengua amarrada medusa, garganta cerrada que se abre con tu nombre…¿Cómo te llamas?, la letanía y el suicidio, déjame quedarme con tu respiración, con tus pasos para que camines en mi eternamente… -comienzo a verte-.
_ Ahora te siento más cerca de mí.
_ Constrúyeme como yo a ti.
Ahora completo el deseo, pensarte y verte tocar a la puerta inacabada de mi, me acerco para observarte, aparición de carne, hueso, alma… estas aquí, de frente, sin antes, sin después, solo siempre. Caballero acosante de mis lágrimas, seductor impasible de mi selva, penetras y estocas con tu nadería, esta humedad comienza a saber de ti, de tu no sabor, de tu invisible compañía, de los centímetros estériles de mi propia habitación.
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