Solo la oscuridad y un profundo silencio dominaban la escena en aquel inhóspito paraje, cuando Martín comenzó a recobrar el conocimiento.
Estaba inmóvil, doblado sobre sí y su cabeza rozaba las rodillas. De a poco comenzó a abrir los ojos con mucha dificultad, su cabeza estaba a punto de estallar, y casi no sentía su cuerpo.
Nunca se había sentido así, y hasta desconfiaba que estuviese vivo, lo hubiese comprendido si el mundo estuviese dado vueltas, pero nada alcanzaba a su conciencia en ese instante.
El lugar le resultaba excesivamente pequeño y desconocido, parecía el interior de auto, sí, delante de su frente estaban los pedales y la barra de la dirección. Pudo girar su tronco y la palanca de cambio casi le parte la nariz.
Todo resultó demasiado lento y doloroso, no percibía ninguna herida grave y las manchas que tenía en su camisa no parecían de sangre. Lentamente se fue incorporando saliendo de aquella incómoda posición y pudo erguirse apoyando su codo sobre el asiento del acompañante.
Pudo sentarse descargando su cuerpo sobre el respaldo del asiento. Todo parecía normal, al menos el parabrisas estaba intacto y no se mostraban signos de ningún accidente.
Afuera los primeros brillos del alba comenzaban a quebrar la oscuridad de la noche y una pequeña y persistente llovizna salpicaba los vidrios. Parecía que hacia frío, pero él solo sentía una gran confusión, su cabeza le seguía atormentando y un malestar en su estómago lo hacía doblarse. Tenía muchas ganas de vomitar.
Apenas pudo, trato de revisar su situación, no entendía que le había ocurrido, poco a poco fue moviendo cada uno de sus miembros para constatar que no tenía heridas, luego paso la mano por su pecho y su cuello, pero tampoco noto signos preocupantes, se miró en el espejo retrovisor que estaba frente a él, y se reflejó una imagen desastrosa. Parecía agotado, con unas profundas ojeras y las arrugas de la frente muy marcadas, su pelo parecía que hubiese atravesado un temporal, y su semblante –al menos lo que podía percibir- era sensiblemente pálido.
Esperó unos instantes como recuperando el aliento, trato de respirar profundamente con un gran esfuerzo, y se animó a salir del vehículo. Cuando descendió casi trastabillándose se quedó perplejo. Ese no era su auto, no podía reconocerlo, creyó identificar que era un Peugeot 206 color naranja, solo estaba mojado por la lluvia, pero no tenía golpes aparentes.
Lo que sí lo sorprendió fue que el vehículo estaba atravesado sobre el camino asfaltado con las ruedas traseras sobre la banquina, en medio de un paraje totalmente desconocido. A pocos metros una alcantarilla se mostraba amenazante, y si el auto se hubiese desplazado un par de metros, otro hubiese sido su estado.
Muy cansado y algo mojado, volvió al interior del desconocido cobijo, aún no entendía como había llegado hasta allí, de quien podía ser el auto, o que le había ocurrido. Todo su pasado parecía ubicado en otra dimensión, y la cabeza aun le daba vueltas como una calesita en alocada carrera.
Trato de recordar, pero no podía lograrlo, cuando ya el sol se asomaba en el horizonte, y entonces pudo percibir tras una cortina de árboles, que más allá se extendía un alto acantilado sobre el mar. ¿dónde estaba?.
Estaba tan abstraído en sus pensamientos, tratando de recobrar parte de su identidad, que no vió dos luces potentes que venían directamente hacia él, y cuando pasaron a su lado, un fuerte sacudón conmovió el lugar en que se encontraba y lo hizo volver a la aparente realidad. Miró por la ventanilla, y vio como un autobus se alejaba firmemente dejando una estela de agua levantada del mojado pavimento.
No tenía idea de cuanto tiempo había transcurrido, ni como se encontraba allí, en aquella situación ni en aquel vehículo. Parecía como si hubiese sido transportado por alienígenas jugándole una pesada broma.
El cielo ya se estaba despejando, permitiendo que el sol apareciese a pleno calentando la cinta asfáltica de la que emanaba una cortina de vapor. A lo lejos una mancha azulada comenzaba a agrandarse poco a poco como dirigiéndose hacia él.
El tiempo es imperceptible, cuando uno se entrega a la inconsciencia del devenir, y eso le había parecido a Martin, cuando dos figuras humanas le golpearon el vidrio de la puerta, ambos vestían uniforme y se observaba un móvil policial estacionado a unos pocos metros sobre el lateral de la calzada.
Como pudo accionó la tecla colocada en el panel lateral y el vidrio bajo hasta la mitad. Los sonidos que escucho le parecieron al principio como granadas en su convulsionada mente, la que se fue acostumbrando a aquellos tonos, intentando entender lo que aquellas personas le decían.
Parecía un juego, como iba a poder responder algo que desconocía, o al menos no tenía registro alguno de que hacía allí o si el vehículo en el que se encontraba lo había obtenido en una rifa, y menos aún porque se había estacionado en aquel lugar y en esa extraña posición.
Un largo tiempo le llevó poder poner el motor en funcionamiento, moverlo hacia la banquina y descender teniéndose de pié. Aún sentía que el piso era lo más inseguro que podía existir sobre la tierra. Tal vez un terremoto estaba aconteciendo, pero no entendía porque esos dos agentes no parecían sentirlo.
Le llevó tal vez un par de horas o algo más recobrarse un poco, y le sorprendió cuando le informaron que la prueba de alcoholemia le había dado valores altísimos. Busco en sus bolsillos sus documentos y sus dedos se toparon con un grueso papel, extrajo una tarjeta impresa con finas letras doradas y un dibujo en relieve.
Allí pudo leer algo sobre un casamiento de .... y entonces las nubes se apartaron y una rara sensación lo dominó.
Hacía unos día había recibo por correo en su departamento la invitación, para asistir al casamiento de Claudia ... su primera novia, aquella a la que no había podido olvidar nunca. Había pasado mucho tiempo de aquella etapa tan linda, y aún no entendía que había ocurrido para que ambos tomasen caminos tan distintos, él se había recibido de abogado y ahora actuaba en el exterior, y ella... se dio cuenta que no había sabido nada de Claudia hasta que recibió la tarjeta.
Viajo el día anterior y fue casi directamente a la fiesta en esa mansión tan espléndida, creía que era del novio, era una fiesta fantástica y el bebió seguramente más de la cuenta, pero cuando el sacerdote terminaba la ceremonia, él no pudo contenerse, y ...
El auto de ella estaba allí con las llaves puestas, la bronca que sentía le hizo pisar el acelerador y alejarse del lugar hacia ...
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Últimos comentarios sobre este cuento
Fecha: 2008-06-14 13:04:16 Nombre: Pedro email: prsaavedra@hotmail.com Comentario: Me gusta tu forma de narrar,había intensidad pero...¿por qué te fuiste en el desenlace a algo tan simple?.Es una lástima porque lo tenias todo.Salte de las convenciones y sorpréndenos.Animo y a por ello. Fecha: 2008-06-13 14:48:22 Nombre: tamara email: tamy_ conejin@hotmail.com Comentario: muy largo... super bueno pero muy largo Fecha: 2008-05-29 07:12:29 Nombre: Romaneth email: romy_12_14@hotmail.com Comentario: ta super weno el cuento siga haciendo muxos mas
adios kuidese y muxas gracias por darnos un cuento maravilloso como este cuentesito Fecha: 2008-05-28 15:37:10 Nombre: MARTHA email: mahrta_1102@hotmail.com Comentario: los felicito por que estos cuentos son muy bonitos ojala que nunca se les ocurra quitar esta pagina ya que esta muy bonita y vale la pena leer estos cuentos tan buenos.
FELICIDADES!!!! Fecha: 2008-05-12 16:46:03 Nombre: vanessa!!! email: duviacorazon@hotmail.com Comentario: ola!!!