La Fidela. Otros cuentos


La Fidela

Autor: Jorge Duran

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Cuento publicado el 24 de Julio de 2011



En el día internacional de la mujer
dedico este cuento a todas las
mujeres que viven en el monte de
Santiago del Estero (Argentina)

8 de Marzo de 2007



En la boca del monte vive la Fidela.
En lo que llaman casa. Ahí vive. Un rancho de barro, paja y ramas.
Hace ocho meses que no llueve…
No hay hombre en el rancho. El “Lacho,” el día que sintió no poder llegar al corazón de la hachada, se levantó oscuro, se vistió, colgó el hacha en un horcón y se sentó a morir.
Había contado una vez en el delirio de la fiebre que vio la muerte venir, dijo como era, pero esta no llegó. Se quedó a lo lejos mirando.
Demasiadas espinas, demasiadas vinchucas. Aquella araña… ¡Y también la yarará!..
Entonces la Fidela secó con la mano la lágrima de la mejilla y lloró para adentro. Desde entonces siempre lloró para adentro…
Pero ese día el hombre si vio venir la muerte derechito hacia El. Montaba en caballo blanco que no asentaba las patas en el suelo, la melena larga al viento y los ojos saltones.
Rayó el caballo frente a El y lo señaló con un dedo muy largo.

Fue cuando gritó: - ¡Fidela! Y se inclinó a un costado.
Fue hace tiempo…
Ahora por el cañadón seco viene la Fidela… ¡Y el vuelo sostenido de los buitres!
Cuna hace de sus brazos para llevar su hijita al dispensario.
En el rancho quedaron tres más: Nazaria, Esperanza y María.
¡Cuartea el suelo el calor!..
Hace ya varios meses que los pájaros abandonaron el lugar. Las pocas aves de corral fueron muriendo una tras otra. También la cabra, el burro…
Ahora, cerquita de la Fidela los reptiles se detienen. Quedan estáticos y luego levantan la cabeza.
Por el cañadón seco viene la Fidela…
¡Y el vuelo sostenido de los buitres!
Desde arriba del cañadón la gritan…
-¡Fidela, Fidela!
A contra luz la ve. Una mancha negra agitando los brazos.
Cuando se juntan vienen los reproches:
-¡Pero comadre, como sale con este día! – ¿Y el burro?
-Nada quedó comadre, ni burro siquiera.
-Ni pan, ni bocado que tragar… -Lo dice mansamente, humildemente, casi en forma inaudible, sin que deje de ser un grito.
-¿Y las niñitas?
-“En la casa”...
-Pero Fidela, que imprudencia. –Déjeme ver la ahijadita.
Calló la mujer…
Tomó a la niñita en sus brazos y empezaron a correr…
Aún faltaba mucho para llegar al caserío.
Cuando comprendieron todo comenzaron a gritar. Gritaban y corrían, corrían y gritaban.
Nadie salió a ver. Como si nada…
Un pueblo fantasma…
Una sequía inusual…
¡Y el hambre!
Llegaron así a la puerta del dispensario, un letrero decía:
“Cerrado por falta de médico”.
El corazón golpea la garganta y busca salirse por la boca…
Un universo de recuerdos sobrevienen a la Fidela en un segundo: El Lacho delirando, los animales muertos, los pájaros huyendo…
La Fidela musita: -¡Ni siquiera está acristianada!
Nuevamente comienzan a gritar… Lloran y gritan. Gritan y lloran.
En el cielo, muy alto, sin que se escuche el ruido, un avión dejaba su estela blanca.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2012-01-13 10:02:05
Nombre: Exe
Comentario: ¡Aprendé de él Marta Susana!


Fecha: 2011-07-24 12:22:42
Nombre: Martha Susana
Comentario: trágico, pero tan real para nuestro país, la pobreza, junto a la sequía ensañadas con los indigentes... Felicitaciones, un excelente cuento, aun que triste...