Y luego se sentó, mientras desordenaba su abundante cabellera se fumaba el cuarto cigarro de la noche, sabiendo que a los minutos iría por el siguiente, reflexionó, miró sus manos, pero sabía que ya era tarde, no podía retractarse, el crimen estaba casi consumado, y él no acostumbraba dejar las cosas a medias , antes que el temor se apoderara de su seguridad innata, sólo le quedaba una cosa por hacer, levantarse, mirar por última vez aquella doncella que lo deslumbró, matarla para que ya no sufriera, porque sabía que era buena, al mismo tiempo que acabó con la vida de aquella mujercita, consumió el quinto con la garganta apretada y el corazón estrujado.
//alex
Cuento publicado el 08 de Diciembre de 2011
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