AUSENCIAS... (prosa narrativa)
Las descubrí una cálida tarde de domingo.
Una pareja de palomas, que al atardecer se hamacaban en una rama sin siquiera notar mi mirada.
Los seguí viendo… un día, noté que también ellos me miraban...
Seguían mis movimientos como temiendo una agresión.
Luego, poco a poco fui ganando su confianza.
Ya seguros, no se espantaban si caminaba cerca de ellos… parecía que habían aceptado mi presencia.
Otro domingo, ya acostumbrada a levantar los ojos para ver a mis alados vecinos. Noto con sorpresa a una sola paloma con su cabecita erguida… mirándome...
Sentí que me mostraba su soledad.
Largo rato nos quedamos así cada una con su abandono...
Ya cuando anochecía voló, como lo hacían siempre con su compañero/ a?...
Esta vez sola, sin los previos arrumacos que solían prodigarse...
Hoy la volví a ver, sola, acomodándose las plumitas.
Cuando llegué sentí su presencia y ella la mía...
Largo rato, nos miramos, una frente a la otra...
con nuestras ausencias a cuestas...
De pronto abrió las alas, giró graciosamente y abandonó la rama rumbo a su nido,
aceptando el designio Divino, que la dejó sola...
//alex
Ausencias
Autor: Martha Susana
(3.94/5)
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Cuento publicado el 31 de Mayo de 2011
AUSENCIAS... (prosa narrativa)
Las descubrí una cálida tarde de domingo.
Una pareja de palomas, que al atardecer se hamacaban en una rama sin siquiera notar mi mirada.
Los seguí viendo… un día, noté que también ellos me miraban...
Seguían mis movimientos como temiendo una agresión.
Luego, poco a poco fui ganando su confianza.
Ya seguros, no se espantaban si caminaba cerca de ellos… parecía que habían aceptado mi presencia.
Otro domingo, ya acostumbrada a levantar los ojos para ver a mis alados vecinos. Noto con sorpresa a una sola paloma con su cabecita erguida… mirándome...
Sentí que me mostraba su soledad.
Largo rato nos quedamos así cada una con su abandono...
Ya cuando anochecía voló, como lo hacían siempre con su compañero/ a?...
Esta vez sola, sin los previos arrumacos que solían prodigarse...
Hoy la volví a ver, sola, acomodándose las plumitas.
Cuando llegué sentí su presencia y ella la mía...
Largo rato, nos miramos, una frente a la otra...
con nuestras ausencias a cuestas...
De pronto abrió las alas, giró graciosamente y abandonó la rama rumbo a su nido,
aceptando el designio Divino, que la dejó sola...
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