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Recluton

Autor: Hernan A Calvo

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Cuento publicado el 21 de Noviembre de 2010


Creo que no voy a contar nada nuevo!.
Igual lo hago por terapia, bronca o que se yo!.
Me echaron del trabajo, o nos quedamos sin trabajo.
¡La puta madre!.
Por fundirnos como empresa.
- No daba para mas...
Hoy justo hace tres meses, cerramos el primero de julio del 2010.
Tengo cincuenta y seis años, para viejo soy joven, y para joven soy viejo.

- Es doloroso pero es así!.
Voy a ir contando de a poco mi vida; como si estuviera en el consultorio de un psiquiatra.
Me refiero: Al que te hace un seguimiento intenso, hasta que estés bien seguro a dos metros. - ¡Pero bajo tierra!.
–Sí. Pero tengo que seguir un orden.
Debo contar lo importante de mi vida: Primero hice la colimba o el servicio militar.
Los milicos a esa altura, ya me habían amansado, más diría ya me habían matrizado.
Sí antes de entrar al bestiario, tenía unos papitos que me daban los gustos, ellos me enseñaron, que la cosa no era así: Que como soldadito, tenia que transformarme en un hombre, para defender a la patria…
A las cinco de la mañana, con pitidos y gritos tremendos.
- El escuadrón al pie de la cama formen!.
Parecía un sueño de terror, pero estábamos ahí.
Para despertarnos y despejarnos, todos los dias: Carrera marc para acá, corra para allá, cuerpo a tierra, que pasa, están dormidos los soldaditos.
Acá no hay ninguna mamita que le traiga a nadie la lechita a la cama.
Hacer las camas, ordenar los cofres, afeitarse, asearse y preparar los jarros para el mate cocido.
- ¡Tienen cinco minutos para todo!.
- ¡Todo el mundo carrera marc!.
Así era como nos ordenaban, estar todos formados en cinco minutos para pasar revista, el que llegaba tarde a formación, fin de semana sin salida.
Y eran cinco minutos de verdad, con los paso vivo, los cuerpo a tierra, recluton, Tagarna, venga para acá, vaya para allá, salto rana comenzar.
¡Saltar charcos de agua largos, larguísimos!.
Imposible, casi todos nos enterrábamos en el barro, o caíamos en pleno charco, quedando uno y el uniforme todo mojado y para colmo, manchado de barro, en pleno invierno.
Pasar todo el día hecho sopa, por suerte como éramos jóvenes y en pleno movimiento, en general se soportaba.
Hasta que por fin llegaba la noche, cuando estaban todos dormidos, había que levantarse a lavar todas las prendas embarradas.
Luego ponerlas y controlarlas cerca de la estufa para amanecer con ropa limpia y seca.
- ¡Desde luego, quedarse de guardia controlando las prendas, porque estaba lleno de compañeritos que ante cualquier distracción hurtaban, o tomaban lo del otro!.
Y hablando de noches: Todas las noches, en un cuartito contiguo al galpón donde dormíamos, quedaba siempre de guardia un suboficial distinto.
- Cuando quedaba el Sargento González!.
- ahí sí!.
Nos formaba a todos al pie de la cama, y nos decía: Cuando es sargento González, se queda en el destacamento, el sargento no puede dormir, por lo tanto los soldaditos tampoco duermen.
- Y el mal parido lo cumplía!.
Nos acostábamos cerca de las 21,30 hs., a las 23,30, aparecia vociferando el escuadrón al pie de la cama formen, setecientos idiotas en calzoncillos y camisetas, con un frío de la gran puta, al pie de la cama, estabamos como sombis formados.
Nos hacia deshacer las camas, doblar sabanas y frazadas, por ultimo enrollar, contra el respaldar el colchón y poner arriba sabanas, frazadas y almohada.
Terminada la operación, todo el escuadrón carrera mar, para la derecha, corríamos todos y nos estampábamos, los primeros contra las chapas que hacían de pared y los demás, todos encimados unos a otros.
Cuando estábamos bien apiñados, carrera mar para la izquierda y lo repetía varias veces, nos hacíamos mierda entre nosotros, por los golpes y apretujones.
Se entretenía media hora, luego nos mandaba a descanso.
Nos dormíamos y dos horas después lo mismo.
- ¡La puta madre!.
- Así toda la noche!.
Que variedad de cardos, esos de las espinitas, parecía, que plantaban todas las variedades, a propósito para nosotros.
Algunos median más de dos metros, con espinas bien desarrolladas.
Regimiento cuerpo a tierra y avanzar, y había que avanzar sin joda, entre medio de los cardos, y para completar alguna ortiga, mientras los suboficiales, como perros de presa, detrás nuestro, apurándonos.
Mas de uno, se comía un tacazo en la espalda por lento, para ellos (que estaban al pedo), tenia que ser todo rapidito de parte nuestra.

Los cardos quedaban todos aplanados, nosotros convencidos que los habíamos domado.
- ¡Pero no!.
Al otro día nuevamente de pie y con mas espinas que nunca.
Era de locos, pero era así: Un soldado cualquiera hacia una cagada, y la pagábamos todo el escuadrón.
El soldado indiscutiblemente era un boludo, y venia para todo el mundo, lo que ellos
llamaban: Una tomada general.
El boludo seguía boludo, y bailábamos cuatro horas como mínimo más de setecientos soldaditos (reboludos), que no teníamos nada que ver con la cosa.
Casi siempre se cortaba cuando algún devilucho o gordito, no soportaba tanto baile e iba a parar al hospital.
Ordene mi Cabo. - Si mí Cabo!.
Corra para allá, venga para acá!.
Déme su nombre soldadito, mas fuerte que no lo escucho, parece una señorita.
Uno esta parado a un metro de distancia del cabo, y tiene que vociferarle en plena geta. - SOLDADO RIQUELME MI CABO!…
A mas de uno, con cara de lento, como joda cuando pasaban los suboficiales.
- Soldado venga para aca, y lo mandaban a treparse a los árboles a buscar cachirlas, como no las encontraban lo bailaban un rato y a descanso.
Recuerdo que mandaron a un compañero y al rato vino corriendo, se presento ante el cabo formalmente: Y le dijo que traía una cuantas, que eran jodidas, que picaban mucho.
Cuando abrió las manos dijo: Se me deben haber escapado en la carrera, al venir a entregárselas, mi cabo. - Si necesita mas súbase a aquel paraíso del fondo, que esta lleno de cachirlas, si las necesita, son todas para usted!.
O cuando teníamos un fin de semana libre, nos llevaban en formación, hasta la guardia del destacamento, alinearse y numerarse, apoyar los bolsos en el piso.
Nos nombraban uno por uno, haciendonos hacer a los nombrados una nueva fila.
- Un bajón tremendo, una ceremonia interminable!.
Al final, el sargento a cargo, nos decía: Agarrar los bártulos, era cómico ver como muchos provincianos rompían filas, y salían corriendo por el campo buscando bártulos.
Siempre me dije, que deberían ser parientes de las cachirlas, desde alguna óptica, lo que vivíamos en ese encierro, era una opereta.
- ¡Lastima no tener condiciones para la actuación!.
- Perdone, mi cabo!…
Si mí Sargento! - No mi Sargento!. Siempre buscando algún pretexto, seguro uno imaginaba una orden especial, dada por un oficial.
- Alguna vez pasaba, pero pocas!.
Si daba que el sargento de pasada le preguntaba al oficial, sobre la veracidad de la orden.
- ¡Ahí sí!.
La cosa se ponía jodida, usted no es patriota, usted como persona es una mierda, y baile tremendo, flexiones, salto rana interminables, cuerpo a tierra, levantarse cuerpo a tierra y terminada la tomada, dos fines de semana sin salida.
- La cárcel de Alcatraz se quedaba corta!
- Era una jaula muy pequeña, donde estaba uno solo metido sin posibilidad de escape!.
- Sí mí Sargento! - Sí mí Cabo! - Sí mi Teniente! - Sí mí! - ¡¡Sí mis pelotas!!...
Un año y tres meses, la puta madre?.
La ultima baja, al final uno le va tomando el gusto, porque de sarcástico, uno que ya las paso todas, como soldado viejo, las que haga, se las perdonan.
Ahora se ríe, y va viendo como empieza el baile de los nuevos reclutas que ingresaron.
Algunos soldados viejos se ponian unas jinetas y esperan en algún lugar medio alejado, a los nuevos reclutas.
Los hacian venir a la carrera: Formar fila, numerarse, sus nombres y siempre un pequeño error,lo hacian correr al soldadito a abrazar un arbol, gritando soy un boludo, y al resto les pegaban un tremendo baile.
Por fin, ultimo día: Soldado tal, tal y tal, hoy es un día importante para ustedes.
- ¡Han cumplido con valor para con la patria!.
- Desde este momento vuelven con sus familias, hechos unos hombres y en todo caso, preparados para la defensa de la patria.
Nos firmaban y sellan las libretas y libres.
- Otra vez libres!.
Cuando uno esta yendo a la casa de sus padres, para darles la buena nueva, en el camino se cruza con un policía, se para firme, lo saluda, el policía lo mira se ríe, y sigue caminando.
Ahi es cuando nos damos cuenta, mas que nunca, que salimos con miedo...
Pero va pasando el tiempo y uno se va normalizando, en realidad ya nada es igual, en gran medida nos disciplinaron.
Hay que pensar que hacer con la vida, tomarse las cosas en serio, el recuerdo de los compañeros, los jefes, lo dejaron un poco marcado, y es cierto que uno sale mucho mas maduro.
Ya no ve a las mujeres, como un entretenimiento de jóvenes, las ve como posibles compañeras para su futuro.
Se encuentra con los amigos, ya no es el mismo, no se divierte como antes, cree que lo que hacen son boludeces de pendejos.
- Poco a poco se va apartando de ellos!.
- Uno se dice: Fueron una etapa de mí vida, una vida que ya no me acompaña.
- ¿Un trabajo?.
- sí genial!.
Las cosas cuando tienen que venir vienen. Así fue como un tío de Lomas de Zamora, me propuso trabajar con un viejo conocido suyo en una imprenta.
La idea me pareció buena, hicimos una cita y a los tres dias, entre en la imprenta del gallego Don Manuel, a mis veintiún años.
Con unas ganas tremendas de comerme el mundo.
En poco tiempo, aprendí mucho del oficio.
Con el tiempo, el aprendizaje y el trabajo, me fui comprometiendo y enamorando día a día de nuestro trabajo.
Seguiría, es interesante, pero mejor lo dejo para cuando les cuente, como sigue el ultimo tramo de mi vida.
- De que hablas!.
- Boludo!…
Treinta y cinco años reconociendo tipos de letra, tamaños, armado de bandejas, confeccionando tarjetas, volantes, talonarios de facturas, paginas, algún que otro, pequeño libro.
El olor a la tinta, nuestras manos siempre sucias.
- Las crisis que nos comimos!.
- Las hambrunas que pasamos y como nos estafaron, con los cheques voladores!.
Llegamos al final, no daba para más, estamos obsoletos, es de locos pretender vivir de una imprenta tipográfica.
- Que pelotudez tipográfica, ya era vetusta hace treinta años, cuando yo recien entre!.
- Como nos quedamos con el gallego?.
- La flauta: Nos paso por encima, la vida, la civilización y la tecnología!.
- Un nuevo trabajo, a mi edad.
- De que mierda?.
- De remisero, que otra cosa podes pretender,a tu edad, viejo choto…

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-11-21 19:22:12
Nombre: Martha
Comentario: está contando muy cómico... Primero me reí luego me puse muy triste ante la realidad de esta vida.