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Claudia

Alejandro Enrique


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Claudia estaba de pie junto al cadáver de su esposo. Treinta años de abusos la habían hecho reaccionar de la manera en que lo hizo, tomó un cuchillo y lo apuñaló después de haberla golpeado por última vez. Tal vez no era la manera, pero, ¿de qué otra forma podría haber sido? No había forma de contener a aquel bruto borracho sin escrúpulos que lo único que sabía hacer era violarla después de cada borrachera. Ya no podía soportarlo más, y aún así, no se sentía asustada en lo más mínimo, al contrario, era como si se hubiera liberado de una prisión horrible en donde no había más que oscuridad y ahí permaneció inmóvil hasta que llegó la policía. No se movió más que para observar cuando tiraron la puerta al no emitir ella ninguna respuesta a sus llamados. Se quedaron pasmados y sorprendidos por la tranquilidad con la que ella les contestó a sus preguntas y aún así Claudia no sabía por que no tenía ningún remordimiento, era como si esto fuera su liberación.
Había pasado un año desde aquella terrible desgracia en casa de Claudia y no sabía cuánto tiempo más estaría ahí, pero ese año, por alguna extraña razón, había sido el año más feliz de su vida. En aquella prisión no se le trataba del todo bien, pero para ella era un paraíso en donde podía trabajar, tener amigas, estudiar y sobre todo ser libre porque las ataduras al alma y al espíritu son peores que las ataduras al cuerpo. Ahora en nada se parecía a la Claudia de hace un año cuando ingreso a aquel lugar, se veía joven, plena y las demás reas acudían constantemente a ella para pedirle ayuda. Era servicial y noble, virtudes que desarrollaba de buena gana al no ser obligada a desarrollarlas por la fuerza. Lejos había quedado el recuerdo de aquel ser que, en algún lugar de su memoria, había quedado recluido. Ahora era feliz y no le importaba cuanto tiempo pudiera estar en ese lugar, por fin se había independizado.



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Últimos comentarios sobre este cuento

 

Fecha: 2010-06-11 13:24:54
Nombre: Lucía Caetano
email: luciadulcesonrisa@hotmail.com
Comentario: ¡Qué triste la violencia machista, ¿verdad? Realmente hay prisiones peores que la física. Muy bueno cuento, una realidad en nuestros días, principalmente aquí en España, infelizmente. ¡Enhorabuena, Alejandro!