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Doña Ramona

Martha Susana


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Siempre, fue anciana, no la conocíamos de otra forma... No debió tener tantos años, como se creía. Sólo que los niños ven siempre viejos a los mayores. Solía tener costumbres distintas a los demás. Era casi obscena, para la época a que me refiero. Una cara rugosa, desdentada, sus ojos pícaros, parecía descender de los indígenas su piel aceitunada. Criaba a sus hijos manejándolos con rigor y a fustazos. Ella, en días en que el sol martillaba las sienes con sus rayos, llenaba una enorme fuente de chapa galvanizada que se usaba para lavar ropa, la colmaba desde la recién estrenada “agua corriente” que, de la única precaria canilla con que contaba llevaba balde tras balde hasta alcanzar el nivel deseado... La colocaba en medio de unos cañaverales a modo de escondite, pero todos los vecinos podríamos haberla visto si nos lo proponíamos... (o si nos hubieran dejado) Luego se desvestía obligando a sus niños a adentrarse en la casucha, mísera, tapera de paredes deshechas por el tiempo y la pésima construcción... Y se introducía en la improvisada pileta, tratando de refrescarse… Cuando alguno de sus hijos, cansados ya de estar en la casa, escapaba lo salía a correr, corría desnuda como estaba, obligándole a entrar. Los niños reían y volvían a intentarlo, una y otra vez ella mostraba su desnudez, sin pudor, o con él. Nadie lograba entenderla.
Será por eso que cuando fueron mayores, apenas saliendo de la adolescencia, buscaron un destino diferente, desapareciendo de su vida. Dejándola sola...
Una anciana vecina, que tenía la sana intención de salvar su alma de las fauces del averno, solía decirle_ “vieja cochina, tienes todas las mañas, hasta viene a visitarte ese otro viejo marrano como tu, que no sé qué gana, con andar galopando sobre semejante cuero”_
Ella reía mostrando su boca desdentada y mal oliente... Tenía por costumbre ir al lugar donde se arrojaba la basura de todo el pueblo, traía desde allí toda clase de frasquitos, latitas, trapos, etc...
Luego lavaba cuidadosamente todo y lo colocaba sobre estantes, que fabricaba con cajas y maderas. Siempre alegaba tener mucho trabajo, es que era para ella lo principal acomodar esos bártulos en hilera y bien limpios. Pasaron los años. Alguna vez habrá muerto... no lo sé.
Cuando pregunté, algunos decían que los hijos la habían llevado con ellos y ya no estaría en el mundo de los vivos. Pero otros, los que pensaban que era medio bruja, decían que nadie más había sabido de ella, que se había esfumado junto al bagaje de porquerías que juntó en su vida... Otros, más osados, y menos creíbles, contaban que una tarde de otoño se vio una inmensa llamarada en el cañaveral y entre ellas retorcerse a la Ramona rodeada de monedas y billetes que nunca nadie supo que tenia.
En aquel lugar, donde se levantaba el ranchito, hoy existe una hermosa vivienda equipada con una esplendida piscina, donde se bañan en minúsculos trajes de baño, hermosas muchachas... A veces me pregunto ¿estarán emulando a Doña Ramona?...



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Últimos comentarios sobre este cuento

 

Fecha: 2010-06-04 05:28:03
Nombre: Lucía Caetano
email: luciadulcesonrisa@hotmail.com
Comentario: Hola Martha, me encantan tus cuentos, cielo! Éste cuento es una realidad, pues vemos situaciones semejantes en todos los países, infelizmente. Un beso de tu siempre amiga.



Fecha: 2010-06-02 09:51:04
Nombre: manuel Ibarra
email: manibarra@hotmail.com
Comentario: Felicitaciones amiga Martha, excelente cuento