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vecinos mios
Martha Susana
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Era invierno aún, los árboles estaban desnudos, las ramas, inhóspitas, se negaban a albergarlos, pero ellos trabajaban duro, día tras día, si había sol, desde que salía, hasta el atardecer… los nublados, sólo en las horas del mediodía. Los veía siempre; mi tarea de colgar ropa en la terraza era casi tan habitual como la de ellos. Era por eso que ni se asustaban al verme, y entraba, yo, en su intimidad sin problemas. Si hasta me parecía entender el diálogo que sostenían al encontrarse con sendas ramitas en el pico!... volaba una de ellas y esperaba con impaciencia hasta poder colocar la que traía la otra, en su pico, al borde del nido!
Cuán mala fue su suerte de encontrar justo, aquel árbol, que su dueño quiso talar!... no lo hizo de una sola vez, no. Primero hachó su tronco, para derramar la savia y que de a poco, fuera secándose. Y ellos allí, con el nido nuevo. Llegaba ya, la época de incubar a los polluelos, no quedaba otra alternativa, que apostar al árbol, a que viviera un tiempo postrero… Puso huevos, los empolló por unos cuántos días. Una noche, un viento fuerte, desarmó casi todo el nido, las ramas, muertas, sin alcanzar la dicha del tiempo del follaje nuevo, no pudieron refugiar su morada, algunos huevecillos, fueron a parar al suelo. Desde mi lugar vi, la desesperanza que movía los hilos de la adversidad.
Pero adiviné que alguno quedaría aún, porque la paloma seguía en el nido aquel… La presentía triste, pero no vencida… veía una y otra vez a su compañero, acercarse a ella, a lo que quedaba de lo que fuera el nido… Un día un polluelo, debió haber nacido, espié su gozo, como venía haciéndolo, se los veía juntos, y mi corazón de ficción, los creía alegres, a pesar de todo. Otro día el pequeño, aún con las alas débiles para probar el cielo, cayó del maltrecho nido, aún demasiado pequeño para vivir sin él, pero la pobre paloma- madre, acompañó su caída hasta el duro suelo. Y allí la encontró un muchacho, poco diestro para tirar al vuelo, aprovechó lo fácil de la caza y ahogó su vida de lucha intrépida. Ahí se acabó la historia de la valiente pareja, vecinos míos…
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